
En el comienzo de la novela Conversación en la Catedral del escritor Mario Vargas Llosa, en la primera página, un personaje medita y lanza una pregunta que aparentemente tiene muchas respuestas: "¿Cuándo se jodió el Perú?". Los protagonistas son Zavalita y el zambo Ambrosio, el de las piernas torcidas, y dialogan con gran pasión en tiempos de la dictadura del general Manuel A. Odría, despótico presidente entre 1950 y 1956.
La pregunta impacta fuertemente en la Argentina de estos días, donde en marzo de este año no se podía pensar, ni soñando, en una estampida cambiaria que llevara al dólar a aumentar casi un 120% en semanas. Sus efectos se harán conocer también el año que viene en varios indicadores. Cuando se descubre que estamos caminando sobre un tembladeral que hace tomar previsiones. Y la sociedad todavía no encontró la razón de ser de por qué la "filosofía" del optimismo que aplicó Mauricio Macri desde que llegó al poder y fue esgrimida por sus seguidores se estrellaba contra la realidad.
Creció la desazón entre aquellos que votaron a Cambiemos y las encuestas más serias confirman que la desconfianza sobre las medidas oficiales crece, en tanto los adherentes al fallido gobierno de los Kirchner se refugian en el 18% de los eventuales votantes. En el Gobierno confían que gran parte de la población todavía sigue fiel a Macri, aunque masticando cierta desconfianza. Los increíbles aumentos de los servicios básicos aturden a la sociedad y vacían sus bolsillos. La pobreza y la desocupación van en aumento a diario y la clase media ha quedado herida, con los bolsillos vacíos "porque no hay plata que alcance" para cumplir con todos los gastos.
Pese a las evidencias claras y contundentes de la Justicia acerca del robo sin límite de las arcas públicas desde 2003 hasta 2015, el kirchnerismo y sus amigos de una ambigua izquierda sostienen la teoría de que todo el juicio por el robo que está en manos del juez Claudio Bonadio es una farsa, un invento de los medios. Y que la palabra "grieta" no existiría.
Para ellos aquí no hubo una minuciosa y certera investigación periodística que duró meses, años, junto con los libros de investigación que se vienen escribiendo desde el 2005 y que explicaron las tácticas extorsivas, el amor por el dinero, la obligatoria coparticipación de empresarios de renombre, la montaña de coimas acumuladas, la presión constante que ejercieron los Kirchner sobre el poder económico y político.
Técnicamente se llama a eso una estafa y una negación de la realidad por parte de sus partidarios. Esta, sin embargo, es la expresión más significativa de expoliación en la historia nacional. Y quizás eso explique la ausencia de cohesión social en numerosos ámbitos, porque la grieta, quieran que no, es cada día más profunda, la falta de esperanza crece y el desasosiego está a la orden del día junto con el regreso del tango Cambalache. Otros afirman que no, que la "grieta" surgió en la etapa fundacional del país, que ya lleva más de doscientos años.
¿Cómo explicar por qué somos así? ¿Por qué los políticos que dirigen el país son engendrados por la misma sociedad? ¿Cuándo se terminó de joder la Argentina? Los historiadores se tiran de los pelos para imponer sus propias visiones.
¿Empezó con la gestión de Rivadavia (1826-1827) y el préstamo de la Baring Brothers que demoró 100 años en saldarse? ¿O quizás la desintegración territorial fue producto de los enfrentamientos de los caudillos del interior contra Buenos Aires que se sentaba sobre las arcas que dejaba la Aduana principal? ¿Consiguieron los congresales de la Constitución de 1853 lograr la paz, serenar los ánimos en las guerras civiles que asolaron el país y fracturaron la concordia?
Otros opinan que fue la economía basada, primero, en la explotación de la lana y en el ganado vacuno, después. Durante y un poco antes de la Campaña al Desierto (entre 1878 y 1885), el general Julio Argentino Roca, luego dos veces Presidente de la Nación (la primera vez entre 1880 y 1886; la segunda, entre 1898 y 1904), dispuso a su antojo el destino de las tierras públicas y regaló enorme cantidad de hectáreas a sus oficiales y entenados. ¿Habrá sido entonces el latifundio, que se expandió en ese momento, el origen de las injusticias, vinculando los afanes personales de los que gobernaban con los dineros del Estado?
La oligarquía del campo, que siempre se olvidó de pagar los impuestos, como debiera haberlo hecho, tomó la iniciativa y viviendo medio año en el Río de la Plata y la otra mitad del año en Londres y París, perfeccionaron la calidad de la carne vacuna, que alimentó a Europa en las últimas décadas del siglo XIX y luego hasta fines de la Primera Guerra Mundial con sus provisiones para los Aliados contra Alemania, Austria-Hungría y Turquía.
Está demostrado: solo la presencia de los inmigrantes gringos, italianos, españoles, judíos, árabes le dieron sentido al trabajo de la tierra. Iluminaron con el trigo y los cultivos indispensables lo que se dio en llamar "la pampa gringa". Sin embargo, las clases altas, que necesitaron del inmigrante para crear una potencia, los maltrataron. Eso se manifestó en las calles, donde se mofaban de la manera de hablar de los italianos, o los árabes o los judíos. ¿Fue allí donde se fogoneó el desentendimiento o "la grieta" profunda en la sociedad?
Argentina, que llegó a ser antes de 1910 una de las 10 potencias mundiales, tuvo que superar esa tradición enclavada en la timba y en los dineros del Estado. En 1890, durante la presidencia del cordobés Miguel Ángel Juárez Celman, pariente de Roca, llevó la especulación y los negocios en la Bolsa a su máxima expresión y también a la exposición del país frente a sus acreedores. Allí surgió el primer default en la historia patria. Junto con la quiebra de la banca Baring Brothers. Y la mala imagen en el mundo. Las negociaciones para salir de la crisis llevaron 14 años y estuvieron a cargo de diplomáticos de primera como Carlos Pellegrini y Victorino de la Plaza.
Pese a todo siguieron ganando el latifundio, el ocio y el derroche increíble de la oligarquía que provenía de la posesión de la tierra, los grandes latifundios. La inmigración aportó su dosis de sublevación contra esta realidad de pauperización de los que vivían del trabajo. En 1904, cuando Miguel Cané (el autor del cándido Juvenilia) lanzó la Ley de Residencia, ya estaba instaurado el anarquismo que trajo la inmigración italiana y española, y el socialismo que fue presentado por los de habla alemana que llegaron al país. Luego de 1917 arribó el comunismo. Aquella ley permitía expulsar a su nación de origen a los revoltosos. Era el terror a la protesta y la devolución del maltrato.
Fue en la Semana Trágica, en enero de 1919 cuando los "nenes bien", los hijos de la gran oligarquía, fueron los encargados de ayudar a la represión y la masacre de obreros de la fábrica Vasena. Y no se olvidaron de recorrer los barrios de Once y Villa Crespo quemando edificios, cortándoles las barbas a todo judío adulto que caminara por las calles, violando a jovencitas y matando (se calcula en mil el número de víctimas). Fue el primer "pogrom" y el último en la Argentina. Definían a los judíos como los anti-patria, el mismo argumento que luego utilizaron los nazis.

La división de clases persistió pero mucho más amortiguada durante la gestión presidencial de Hipólito Yrigoyen, cuando los hijos de la inmigración tuvieron mejores oportunidades y accedieron a los puestos gubernamentales.
Esa nueva clase, la media, se fue asentando con el tiempo, ganó sus sitios y fue una fuerza electoral de gran importancia. Todo aquello se vino abajo con el golpe de Estado de 1930 manipulado por el general José Félix Uriburu, de espíritu y pensamiento fascista, y que signó en algunos sentidos la década del treinta. El destino, la muerte de Uriburu y otros condicionantes llevaron al general Agustín P. Justo, rodeado de conservadores liberales, a superar a lo largo de tres años los ecos de la Gran Depresión Mundial. Estados Unidos necesitó años largos y se puede decir que esa caída concluyó no solo con la ayuda del New Deal y las sugerencias de Keynes, sino con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial (Washington demoró dos años en participar en ella) y la intensa fabricación armamentista. Aquello en la Argentina signó "la década infame", pero fue en esos años cuando los conservadores hicieron la red caminera que existe actualmente, se preocuparon por la organización financiera del país y la mejor relación con el mundo, levantaron los grandes edificios al servicio del Estado.
De esos años data el Plan Pinedo. Aquel ministro Federico Pinedo, el primero en la lista del actual parlamentario del mismo nombre, formuló una propuesta de industrialización sustitutiva de las importaciones, porque la guerra era inevitable. Fue una defensa de la potencialidad de una industria nativa. Su propuesta fue cajoneada en el Congreso Nacional, especialmente por el radicalismo que odiaba a los conservadores. Pero la gran pregunta es: ¿Acaso los 30 conforman la "Década Infame", como se la conoce?
Esa Gran Depresión llevó, en la Argentina de resquemores y de intensos prejuicios, a la inmigración interna. La gente de las provincias empobrecidas buscó mejor destino en Buenos Aires, en Rosario y en la capital de Córdoba. Luego, el "cabecita negra" marginado y maltratado, admirador del caudillo del pueblo o la provincia, será la base de apoyo y votos del peronismo.
¿No empezó todo con los golpes militares, donde se cortó el respeto a las instituciones democráticas? A diferencia de Australia y de Canadá, países en los cuales los militares se mantuvieron al margen de las ambiciones políticas, que tuvieron hasta la década del 30 un crecimiento parecido, los militares argentinos eligieron quedarse con todo el poder político. Todo al margen de la ley y las instituciones. Con el apoyo de viejos nacionalistas, de admiradores del fascismo y de un sector de la Iglesia se nos vino encima el golpe de 1943, con toda su cadena de prohibiciones y donde Juan Domingo Perón forjó sus ambiciones de poder.

Las dictaduras militares se reiterarían al antojo de los uniformados. Así, el golpe de 1955 contra Perón, la dictadura de Juan Carlos Onganía en 1966, luego la más sanguinaria que se extendió entre 1976 y 1982, guerra de las Malvinas mediante, y antes una casi posible guerra con Chile por los canales fueguinos, la de Jorge Rafael Videla y sus seguidores. Y sus miles de asesinados y desaparecidos de una manera atroz y con saña.
¿Cuándo fue que se jodió la Argentina? ¿Cuando faltó el diálogo, cuando fracasó la integración social y la territorial, cuando los militares derrochones no quisieron dejar la Casa Rosada y el Parlamento, cuando los científicos fueron apaleados en la Noche de los Bastones Largos en 1966?
¿O tal vez cuando la deuda externa nos fue moldeando? En 1976 la deuda externa oscilaba en los cuatro mil millones de dólares, acumulados por desidia y exacciones. Cuando Raúl Alfonsín recibió el bastón presidencial, la deuda externa era de casi treinta mil millones de dólares producto de las compras militares. Cuando Alfonsín dejó la presidencia, la deuda alcanzaba bastante más de los sesenta mil millones de dólares En 1978, con el Campeonato Mundial de Fútbol se inauguró la televisión en colores. En las instalaciones del antes Canal 7 y ahora Canal Público el Gobierno invirtió casi cien millones de dólares.
¿Fue entonces el divorcio de creer que vivíamos en un país rico cuando en realidad constituimos un país pobre asentado en activos redituables (el campo, el petróleo, los minerales que después de Frondizi no fueron explotados)? De esta manera se amplió el divorcio entre la realidad concreta y la negación. La dictadura militar de 1976 y la gestión de José A. Martínez de Hoz aportó la plata dulce, muchísimos pudieron viajar al exterior, sintiendo que habían sido tocados por la varita mágica, y se despreció todo lo que fuera fabricación local, criolla.
Esa ensoñación y el crecimiento de la deuda externa se emparentaron. Carlos Menem y Domingo Cavallo luego formularon otra fantasía creyendo que paraban un peligroso proceso inflacionario (de casi el mil por ciento anual) y que se llamó convertibilidad, más la privatización de todos los activos públicos que se pudiera, origen de montañas de corrupción. El 1 x 1, un peso igual a un dólar, una creación de laboratorio, solo respaldado por las inversiones, una propuesta para un sociedad ingenua, aunque en búsqueda de esperanzas tuvo fuerte apoyo popular. Disfrutaron de la "plata dulce" mientras se multiplicaba la deuda externa. Ni siquiera terminó la convertibilidad con el gobierno de la Alianza que la mantuvo hasta la desmesurada explosión del default del 2002, con una cadena interminable de víctimas físicas y monetarias. Y la quiebra de empresas y personas.
Había advertido que el desastre era inevitable un grupo reducido de economistas y periodistas. Y en la política fueron Rodolfo Terragno, jefe de Gabinete de Fernando de la Rúa por un tiempo y Eduardo Duhalde desde el peronismo los que prendieron las luces rojas del peligro. En las elecciones del 2003 cuatro millones y medio de argentinos volvieron a votar a Menem. Superaban de lejos los adherentes a Néstor Kirchner que ingresó al poder porque Menem se apartó del ballotage. De no creer.

Los primeros años del kirchnerismo aportaron, pese a sus métodos malevos, un crecimiento, en parte originado por las flamantes producciones de soja y el precio internacional disponible para el producto. Después todo se vino abajo, se implementó un populismo neo-izquierdizante en manos de un matrimonio que se consideraba peronista pero buscó respaldos de todo tipo, con un manejo espurio de los presupuestos nacionales.
Como se ve, todos pueden explicar la voracidad del dólar como moneda de refugio. En el medio, la ensoñación de una sociedad que suele comprar espejitos de colores. Y buscan al dólar como única moneda que protegería sus ahorros. Hay muchos interrogantes sin respuesta que requieren la presencia de periodistas, de distintos y rigurosos especialistas, expertos en políticas públicas y en diagnósticos precisos sobre la psicología social, en torno de los problemas que nos envuelven.
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