Ha muerto un gran demócrata, un transformador, un líder, alguien que trabajó incansablemente para hacer de la Argentina un lugar mejor para todos.

Tuve la suerte de conocerlo y de trabajar junto a él; me invitó a formar parte de su gabinete -pese a que yo como empresario había sido muy crítico de su gestión, una muestra de que él no se ataba a dogmas- y me dijo que podía ayudar cambiando las cosas desde adentro. 

Él fue quien me inoculó esa pasión por transformar desde la función pública. Aprendí mucho con él. Siempre estaba presente, pero dejando espacios, liderando pero respetando siempre la disidencia.

La última vez que lo vi fue la semana pasada, nos encontramos por casualidad en un aeropuerto y hablamos alrededor de dos horas. Estaba con muchos proyectos como siempre -hasta había comenzado a grabar un programa de televisión- y no paraba de pensar en el país, en de qué manera podía colaborar.

Su muerte, prematura e injusta, es una gran pérdida para el país.

El autor fue ministro de Industria, Comercio y Minería, y de Comunicación y Desarrollo Estratégico del gobierno de Córdoba. Presidente del Banco Nación.