Durante casi 36 años las familias de los soldados argentinos sepultados sin identificar en las Islas Malvinas convivieron con la angustia de no conocer el sitio exacto en el que yacían sus seres queridos caídos en el conflicto del Atlántico sur. El pasado lunes 26, más de doscientos compatriotas pudieron llegar y orar ante las tumbas de sus héroes, nuestros héroes, ahora acompañadas de una lápida con su nombre y su apellido.

Creo que todos vamos a estar de acuerdo: el 26 de marzo se ha convertido en otra fecha emblemática de la historia argentina reciente en torno a la cuestión Malvinas. El día que el Estado argentino comenzó a saldar la deuda histórica que tenía con estos héroes de la patria y sus familias.

Desde el Gobierno nacional, hemos ido participando en diferentes diálogos con el Reino Unido, teniendo siempre en nuestro horizonte objetivos como fue la conmovedora jornada que los familiares vivieron en el cementerio de Darwin el lunes pasado.

Llegamos a este 2 de abril con este logro, que encarna un acto de justicia y que ciertamente es el resultado de una política exterior que busca generar vínculos, aun en las diferencias, para ofrecer soluciones a los problemas concretos de los argentinos.

Las negociaciones diplomáticas llevadas adelante por nuestra cancillería para concretar esta misión humanitaria y una mamá que siente ahora un poco más de calma delante de la tumba en la que sabe que está su hijo parecen dos imágenes muy distantes. Pero no lo son. Ambas son dos caras de un mismo proceso.

La misión humanitaria en el cementerio de Darwin ha sido posible gracias a la evolución del diálogo y la relación bilateral argentino-británica, ya que a partir de allí se generaron las condiciones necesarias para que ambos países confiáramos al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) esta sin igual y trascendente tarea.

Este desarrollo comenzó a ser una realidad concreta en diciembre de 2016, por mandato acordado entre ambos países. A partir de allí, el CICR constituyó un equipo de especialistas forenses con el objetivo de recoger muestras de ADN de los soldados no identificados. La tarea fue realizada en las Islas Malvinas, con todos los cuidados y el respeto necesarios, entre junio y agosto de 2017.

Aún restan 32 héroes de la patria sin identificar. Sus perfiles genéticos quedarán guardados en el laboratorio del Equipo Argentino de Antropología Forense para que en el futuro puedan realizarse nuevas identificaciones de muestras biológicas, de presentarse el consentimiento de aquellas familias que no participaron en esta primera parte del proceso.

La dimensión humana de este viaje deja una huella indeleble, nos permite ratificar la convicción que, como Gobierno, hemos tenido desde un primer momento: dialogar y construir confianza son las mejores herramientas para concretar hechos y alcanzar resultados relevantes que, en este caso, fueron conmovedores y tocantes para el corazón de todos los argentinos.

Al hablar de diálogo y relaciones maduras con otros países, defendiendo derechos humanos en el marco de nuestra "inserción inteligente", nos referimos a esto: la convicción de que la diplomacia y la política constituyen los medios para ayudar a todos los argentinos. En este caso, a 90 familias que sellan más de 36 años de incertidumbre con este retazo de paz en el corazón de cada uno de ellos.

Como todo acontecimiento trascendental que se alcanza gracias a un esfuerzo mancomunado, este viaje que ya hoy es histórico confluye en el necesario devenir de agradecimientos recíprocos. Agradezco, una vez más, la confianza de todos los familiares, así como la participación y el arduo trabajo de todos aquellos que permitieron este momento de entendimiento y respetuosa devoción para quienes ofrecieron su vida por Argentina.

El autor es ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación.