Hay algo en el diminutivo que suena complaciente. Que transmite afecto, comprensión. Lo utilizamos para los chicos pero también para los grandes que tiene un ángel especial, que nos despiertan cariño.
En la colonia artística aún muchos hablan de Pablito Rago. Y en el mundo futbolístico, de Orteguita.
Ese diminutivo concede, tácitamente, ciertas transgresiones, autoriza a romper con el molde, a ser políticamente incorrecto. Pero aún así hay ciertos límites, y cuando alguien se pasa de la raya endilgarle el diminutivo se convierte en complicidad o, en el mejor de los casos, en un salvoconducto.
Pero a Marquitos Di Palma —de él se trata— ya no lo podemos ver como el chico-grande travieso, el niño rebelde del barrio.
Marquitos ya no es Marquitos. Marquitos ya no puede ser Marquitos. Y no sólo por haber asumido una banca de diputado provincial: Marquitos ya no puede ser Marquitos porque despistó, y se fue al pasto, con una imprudencia mayor a las que supo incurrir como piloto de autos o de aviones.
Di Palma se zambulló en el debate sobre el aborto, y dijo: "Si a los chicos les vamos a enseñar 'culeen tranquilos, dejen embarazada a todo el mundo que después vas con una aspiradora y te lo saco', me parece que es algo ilógico".
No fue esta, como publicaron varios medios, una frase polémica. Fue una frase desafortunada, inconducente, temeraria. Y no por su postura frente al aborto —desde ya que él puede tener la postura que quiera— sino por cómo encara el debate de un tema tan sensible.
De todos modos, lo que más sorprende de la frase, es que la gente se sorprenda. Básicamente porque es parte del glosario de frases pretendidamente graciosas que Di Palma supo cosechar a lo largo de su vida.
Quizás le quitábamos peso porque Marquitos fue Marquitos, un personaje mediático.
Alguna vez, peleándose con Maradona, en el programa de Rial, dijo: "Está re buena Verónica Ojeda. Si Diego me va a pegar por Verónica, al menos que me deje 10 minutos con ella".
Después se trenzó con María Marta Serra Lima. La cantante había hecho algunas manifestaciones homofóbica, había dicho que le chocaba ver dos mujeres besándose en un café.
Di Palma, que podría haber fijado respetuosamente sus diferencias, o haber explicado por qué la cantante podría haber estado incurriendo en una postura discriminatoria, salió con los tapones de punta. "Con todo respeto, si la señora dijo eso, María Martha Serra Lima andá a la re puta madre que te parió, impresentable, mejor escondete vos en Estados Unidos (SIC)".
Marcos ya había hecho ruido, como el rugir de los motores, dos años atrás, cuando se viralizó un video hot de dos pilotos de TC con una joven. "Son muy malos cogiendo, yo voy a hacer uno con mi señora para que aprendan", atizó.
Di Palma siempre se hizo notar. No pasa inadvertido. Algunos recuerdan el video con Sergio Berni, un video de campaña explosivo. Tanto que el lema de esa campaña era "juntos son dinamita"
Es como si la lengua se le adelantara a la cabeza. Tiempo atrás, había abordado con Chiche Gelblung un debate sobre la violencia de género. "Lo que yo creo -dijo entonces- es que al que le pegue a una mujer hay que meterle una patada en el medio de la cara y meterlo dentro de una cárcel para que se lo violen".
Alguna vez, frente a Alejandro Fantino, reconoció que no terminó el secundario, que compró el título. "Mandé a un amigo a comprarlo. Me preguntó qué notas quería. A mí me daba vergüenza. Yo dejé en segundo año", añadió.
Así llegó a legislador provincial. Sin estudios y con pretensiones. "Lo primero que pregunté es cuánto gana un diputado porque tengo gustos muy caros", dijo antes de asumir.
Marcos es un tipo querible para mucha gente. Marcos sigue siendo Marquitos para muchísima gente. Pero no es un chico. Ni se lo puede ni se lo debe apañar como tal. Menos con las barbaridades que dice.
Di Palma tiene responsabilidades como ciudadano y ahora también como legislador. Es la persona que aprobará o descartará leyes en nombre de todos los bonaerenses.
Y por lo tanto es necesario que Marquitos crezca. Que deje de ser Marquitos y se asuma como Marcos. Pero sobre todo es necesario que la gente y los medios dejen de ser complacientes con él y sus constantes desatinos, porque no hay diminutivo que lo ampare.
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