Si tenés más de 35 años, seguro viviste la maravillosa experiencia de ver las mejores películas en los cines de nuestros barrios. Buscar lo mejor del placard y arreglarse para que, junto con nuestras familias o la barra de amigos, armemos ese ritual de salida de todas las semanas y nos encontremos en el cine del barrio a disfrutar.

Porque (a los adolescentes de hoy les cuento), Buenos Aires supo tener uno o más de un cine en cada uno de sus "cien barrios porteños". Y en muchos de esos barrios los cines también eran teatros por los que pasaban los grandes de la escena nacional e internacional del momento. Los podíamos ver y disfrutar bien cerca de nuestras casas.

Las sucesivas crisis, sumadas a la llegada de las grandes cadenas internacionales, hicieron que uno a uno vayan cerrando sus puertas, bajando sus pantallas, desmontando sus telones y sus butacas para transformarse en supermercados, estacionamientos u iglesias de diversas religiones. O simplemente en nada.

Nos fuimos quedando sin esa hermosa costumbre de encontrarnos en el cine del barrio. Porque el cine se alejó, la cultura se alejó.

Cerraron esos cines-teatros pero sus edificios quedaron. Bellezas arquitectónicas que marcaban nuestra identidad y que eran patrimonio cultural, durante todos estos años nadie lo defendió. Pero estoy convencido de que debemos recuperarlos para volver a llenar de cultura toda nuestra ciudad.

Son muchísimos los vecinos y las organizaciones no gubernamentales que reclaman la reapertura de estos cines-teatros. Y qué bien les harían a los barrios de nuestra ciudad, no sólo porque suman oferta cultural, sino también valor, posibilidades de otros emprendimientos y con ellos, trabajo.

Hay que recuperarlos pero con una clara política destinada a promover la descentralización cultural de la ciudad. Integrándolos a un circuito que ofrezca a los vecinos posibilidades de acceso y participación en la cultura.

Volver a encontrar cerca de nosotros la posibilidad de ver un estreno nacional, de encontrarnos con los artistas, de que lleguen festivales nacionales e internacionales, de participar en programas de formación o recreación que se realicen en sus sedes, es lo mejor que puede pasarnos a los vecinos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Hoy los recursos están. Debemos lograr que esto se transforme en una prioridad. Promover cultura saltando del centro a la periferia es evolucionar. Pero es también un derecho que quiero disfrutar de la mano de mis hijos en este presente.

El autor es director de El Sábato Espacio Cultural, Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.