A esta peleada ley de paridad legislativa se han opuesto, en las últimas semanas, varios intelectuales y periodistas de renombre. Los argumentos con los que solemos respaldarlo nosotras, las mujeres, es el de la representatividad: si somos el 51% de la población, merecemos al menos el 50% de las bancas. Hasta ahora, a pesar de que ocupamos más de la mitad del padrón electoral, somos la minoría postergada. Nuestro reclamo tienen raigambre constitucional: el artículo 37 nos encomienda la generación de igualdad real de oportunidades entre mujeres y varones para acceso a cargos legislativos.

Otro argumento es el de la meritocracia: hoy hay más diputadas con títulos terciarios que diputados con igual formación; y más proyectos presentados por mujeres que por hombres. Pero incluso con estos datos, se sigue cuestionando la idoneidad de las mujeres.

Así y todo parece que los hombres no están convencidos de la profundidad del cambio ni de su necesidad. ¿Nos temerán? ¿Cómo hacerles entender que se trata de que reconozcan a la mujer como un actor económico y social relevante de la sociedad? Desde los inicios de nuestra civilización, la mujer ha sido definida por los hombres. Ha primado la mirada masculina dominante en las políticas públicas. Y han decidido hasta sobre temas de mujeres: su papel, su estética, su trabajo y hasta su cuerpo. Por ello, necesitamos más mujeres con visión de género en el Congreso, para actualizar leyes y posibilitar normas de trabajo adecuadas a los nuevos desafíos.

¿Si vamos por el camino del absurdo por qué no hay ley de cupo para los varones? Porque el poder ha sido su espacio "natural" de acción.

Que hayamos tenido una presidente, que tengamos una gobernadora o una vicepresidente, que sean las mujeres las que encabecen listas, no habla necesariamente de un cambio fundacional. Se trata de incorporar la mirada de género: que las mujeres, aquellas que se han preparado con ahínco, también encuentren oportunidades justas. Sin necesidad de destacarse por su presencia o su carácter, sino por su excelencia técnica. Son muchas las mujeres que participan en ateneos, sindicatos, clubes de barrio, pero ¿llegan a los puestos de dirección?

Es el Primer Mundo y es Ángela Merkel, en particular, la que insiste en completar este desafío. ¿Si el G20 se ocupa y preocupa por la mujer y su papel en el mundo, seguirá siendo esta una moción de feministas? En la declaración final de Hamburgo, apartado 29, reza: "Empoderamiento de la mujer: La igualdad de acceso al mercado laboral, la propiedad, el empleo de calidad y los servicios financieros para las mujeres y los hombres son fundamentales para lograr la igualdad de género y la plena realización de sus derechos, así como un requisito previo para un crecimiento sostenible e inclusivo.(…) También nos comprometemos a adoptar nuevas medidas para mejorar la calidad del empleo femenino y eliminar la discriminación en el empleo y reducir las brechas de compensación de género y brindar protección a las mujeres contra todas las formas de violencia".

Cippec informa que, para el 2043, de seguir por este rumbo, Argentina será una sociedad vieja. Por ello necesitamos más mujeres con visión de género en el poder, para actualizar leyes y posibilitar normas de trabajo adecuadas a los nuevos desafíos: proteger la crianza de los menores, apoyar emprendedores, las industrias limpias y una distribución fraterna de los beneficios. No habrá desarrollo económico global sustentable si las mujeres no se integran rápidamente y de manera igualitaria al mercado de trabajo.

Hemos recorrido un largo camino, sin dudas, aunque falta mucho. Una mujer que accede a un espacio de poder con mirada de género inevitablemente está excluyendo a un hombre. Y es de suponer que el malestar proviene de allí. Igualdad de derechos y oportunidades es, ni más ni menos que eso.

La autora es diputada nacional. Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. Adhiere al movimiento Women@theTable