“Me la mató y me la enterró”: El crudo testimonio de los padres de la nicaragüense hallada en una fosa en Costa Rica

Bajo una capa de tierra a dos metros de profundidad y tras un rastro de control obsesivo, las autoridades costarricenses localizaron el cuerpo de la nicaragüense Junieysis Merlo Espinoza, de 29 años

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Junieysis Adeli Merlo Espinoza, de 29 años, soñaba con regresar a Nicaragua con sus hijas, pero su vida fue arrebatada en Costa Rica.
Junieysis Adeli Merlo Espinoza, de 29 años, soñaba con regresar a Nicaragua con sus hijas, pero su vida fue arrebatada en Costa Rica.

La comunidad de San Juan del Río Coco, en el departamento de Madriz, Nicaragua, se encuentra sumida en un luto profundo y una indignación que trasciende fronteras.

Lo que comenzó como una búsqueda desesperada durante la Semana Santa ha culminado en una tragedia. Junieysis Adeli Merlo Espinoza, de tan solo 29 años, ha sido confirmada como la víctima de un atroz feminicidio en suelo costarricense, presuntamente a manos de quien fuera su compañero sentimental durante casi una década.

Tras nueve días de angustia, el pasado jueves 9 de abril, las autoridades judiciales de Costa Rica confirmaron el peor de los finales. El cuerpo de Junieysis fue localizado en una fosa clandestina de aproximadamente dos metros de profundidad, oculta dentro de una vivienda en la localidad de Salitral de Santa Ana. El hallazgo no solo confirmó el deceso de la joven madre, sino que reveló la frialdad con la que se intentó ocultar el crimen.

Don Máximo Merlo y doña Vilma Espinoza, padres de la víctima, compartieron en una emotiva entrevista con el canal Viva Nicaragua el calvario que vivió su hija antes de su muerte. Lo que para el mundo exterior parecía una vida de esfuerzo en el extranjero, para Junieysis se había convertido en una “cárcel” de control psicológico y tecnológico.

“Ella me dijo: ‘Mamá, encontré dos teléfonos que estaban ocultos donde grababa mis conversaciones’. Y él le respondió que no creyera que solo eran esos, que tenía siete teléfonos grabando todo lo que ella hablaba con amigos y con nosotros”, relató doña Vilma con la voz quebrada.

La vida de la nicaragüense Junieysis Espinoza fue arrebatada en Costa Rica, dejando a sus hijos en la orfandad. Sus padres, desde San Juan del Río Coco, Madriz, claman justicia por el crimen y hacen un llamado a denunciar la violencia doméstica.

Este sistema de vigilancia era el mecanismo con el que su agresor la mantenía aislada. A pesar de que Junieysis manifestó en repetidas ocasiones su deseo de abandonar la relación y regresar a Nicaragua para abrazar a sus padres, el amor por sus hijas fue su mayor ancla y, trágicamente, su sentencia. El victimario utilizaba la custodia de las niñas como una herramienta de chantaje, impidiéndole retornar con ellas a su país de origen.

Según las primeras investigaciones forenses y policiales, se presume que la joven murió por asfixia, aunque las autoridades han enfatizado que el proceso investigativo continúa abierto para determinar con exactitud la cronología de los hechos.

Don Máximo recordó el último contacto que tuvo con su hija el Lunes Santo. Al notar su ausencia prolongada, interrogó a la pareja de Junieysis, quien intentó desviar la atención con mentiras. “Él me dijo que ella andaba haciendo un TikTok en la playa. Cuando le pregunté con quién, me dijo que sola y que no se había llevado el teléfono porque era muy caro”, explicó el padre.

La sospecha de que Junieysis jamás dejaría a sus hijas solas por tanto tiempo fue lo que impulsó a la familia a denunciar la desaparición ante las autoridades, rompiendo el cerco de mentiras del sospechoso.

Entre lágrimas y con una profunda tristeza, los padres de Junieysis Espinoza, la joven nicaragüense de 29 años asesinada en Costa Rica, relatan el calvario que vivía su hija.

La lucha por las “niñas tesoro”

El drama de la familia Merlo Espinoza no termina con el hallazgo del cuerpo. Junieysis era madre de gemelas de cuatro años, quienes eran calificadas por ella misma como su “tesoro”. Actualmente, las menores se encuentran bajo el resguardo del Patronato Nacional de la Infancia (PANI) en Costa Rica.

La prioridad absoluta de los abuelos ahora es recuperar la custodia de sus nietas para traerlas a Nicaragua. “Yo no quiero que esas niñas se queden en ese país donde mi hija perdió la vida; ella la dio por sus niñas”, sentenció doña Vilma. Además de las gemelas, Junieysis también deja en la orfandad a un niño de diez años que ya reside en San Juan del Río Coco bajo el cuidado de sus abuelos.

La voz de Junieysis ahora es la de sus padres, quienes claman por justicia divina y terrenal. A través de su dolor, buscan inspirar a otras víctimas a denunciar y no permitir que el miedo les arrebate la vida, como le sucedió a su hija.

El clamor de la familia es unánime: que caiga todo el peso de la ley sobre el responsable. Don Máximo y doña Vilma no solo piden justicia legal, sino que también apelan a la justicia divina para encontrar consuelo ante una pérdida irreparable.

La comunidad nicaragüense espera que las autoridades de ambos países colaboren estrechamente para que el asesinato de Junieysis no quede impune y para que sus hijas puedan, finalmente, regresar al hogar que su madre tanto soñó para ellas.