
La agencia Moody’s confirmó que la calificación de largo plazo de Nicaragua se mantiene en B2 (una nota que indica “especulativo, con riesgo crediticio alto pero capacidad de pago presente”) tanto para deuda en moneda extranjera como local, con una perspectiva estable. Esta determinación revela el delicado equilibrio de la economía nicaragüense: mientras ha conseguido fortalecer sus cuentas públicas y acumular reservas internacionales, la debilidad institucional y los riesgos externos siguen limitando la posibilidad de una mejora en la nota.
Según Moody’s, el principal obstáculo para que Nicaragua avance en su perfil crediticio es la fragilidad de sus instituciones. La agencia resalta que la concentración de poder en la presidencia y las recientes reformas legales han debilitado los controles del Legislativo, el Judicial y el Electoral. Esto incrementa el riesgo de decisiones abruptas guiadas por intereses particulares y no técnicos, lo cual, según Moody’s, reduce la confianza de los agentes económicos y limita el potencial de crecimiento.
A nivel internacional, Nicaragua sigue siendo objeto de sanciones por parte de Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido y Canadá. Aunque estas medidas no afectan directamente las exportaciones o las remesas, sí influyen negativamente en la percepción de los inversores y dificultan el acceso a financiamiento externo. Moody’s advierte que cualquier endurecimiento de las sanciones podría afectar gravemente la economía, sobre todo por la fuerte dependencia de las remesas enviadas desde Estados Unidos y de las exportaciones hacia ese país.

En el ámbito social, Moody’s recuerda la crisis que vivió Nicaragua en 2018 y 2019, cuando la reforma al sistema de pensiones provocó protestas que alteraron la vida económica y social. Aunque la tensión bajó, la agencia sigue considerando elevados los riesgos sociales, en parte por la persistencia de problemas estructurales en educación, salud, vivienda y acceso a servicios básicos.
En contraste con estos riesgos, Moody’s subraya la fortaleza fiscal de Nicaragua. Desde 2022, el país ha registrado superávits en las cuentas públicas, permitiendo que la deuda baje hasta el 35,4% del PIB en 2025 y que los depósitos gubernamentales en el banco central alcancen un récord del 13,5% del PIB. Estos fondos cubren casi el 38% de la deuda pública pendiente y ofrecen margen para enfrentar dificultades imprevistas. Además, el superávit fiscal se ha sustentado en ingresos conservadores, una recaudación estable y una ejecución del gasto cercana al 98% del presupuesto aprobado.
El desempeño de la economía también se apoya en el flujo sostenido de remesas, que ya representan más del 25% del PIB. Esta entrada de dinero ha sido clave para mantener un superávit en la cuenta corriente del 2% del PIB y para que las reservas internacionales alcancen niveles equivalentes al 36% del PIB en 2025, uno de los más altos de América Latina.
No obstante, la estructura productiva de Nicaragua sigue siendo vulnerable porque depende mucho de la exportación de materias primas y de su relación con Estados Unidos. El gobierno ha buscado diversificar sus socios comerciales hacia China y otros mercados, pero la exposición al entorno estadounidense continúa siendo determinante para el futuro financiero del país.
Moody’s advierte que la perspectiva de la calificación podría mejorar si se levantan las sanciones internacionales, si se mantienen los superávits fiscales y externos, o si el país logra diversificar de manera efectiva su comercio exterior. Por el contrario, un deterioro de la situación institucional o social, o la imposición de nuevas sanciones, podría llevar a una rebaja de la nota.
La agencia también resalta que Nicaragua enfrenta riesgos ambientales importantes debido a su ubicación en el Corredor Seco, una región afectada por sequías, inundaciones e incendios forestales. Estos fenómenos impactan especialmente a la agricultura, que emplea al 30% de la población y representa el 15% del PIB nacional.
El informe de Moody’s señala además que la debilidad del Estado de derecho y la persistencia de problemas de corrupción siguen siendo desafíos para la gobernanza del país. Aunque las autoridades han mantenido disciplina fiscal y monetaria durante más de una década, estos factores limitan el margen para una mejora significativa de la calificación.
Datos clave del perfil económico de Nicaragua:
- PIB per cápita: USD 8.709 (2024)
- Crecimiento real del PIB: 3,6% (2024)
- Inflación anual: 2,8% (2024)
- Superávit fiscal general: 2,3% del PIB (2024)
- Deuda pública: 35,4% del PIB (2025)
- Deuda externa: 79,8% del PIB (2024)
- Superávit de cuenta corriente: 2% del PIB (2025)
- Reservas internacionales: 36% del PIB (2025)
- Remesas: Más del 25% del PIB
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