Planificación en tecnología médica: entre la precisión de datos y la impredecibilidad de la demanda

Un repaso por el efecto látigo, el vaivén entre flete aéreo y marítimo y el peso de las regulaciones sanitarias que condicionan, en cada etapa, la planificación de toda la industria médica

Esequiel Lingua
Esequiel Lingua es planificador de materiales directos en la industria médica (Foto: Shutterstock)
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Quienes trabajamos día a día en la planificación de materiales y forecast en el sector de tecnología médica sabemos que nuestro trabajo tiene bastante de ciencia, pero también mucho de intuición y manejo de la ansiedad.

A mí me gusta explicar lo que es un forecast con un ejemplo muy cotidiano: es como organizar una cena con amigos en tu casa. Si les preguntás quiénes vienen, de diez personas, siete te dicen que “seguro sí”, dos que “tal vez” y uno ni responde.

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Con esa información te toca ir a hacer las compras. Si comprás de más, terminás con la heladera repleta y comida sobrante que termina desperdiciándose. Si comprás justo y a último momento y a dos les da muchísima hambre o vienen con pareja sin avisar, te quedás corto y la noche termina complicándose.

En la cadena de suministro médica nos pasa exactamente lo mismo, con la diferencia de que, en lugar de un menú para una noche, estamos dimensionando insumos críticos para la salud. En mi experiencia laboral actual, una empresa enfocada en el desarrollo, producción y comercialización de dispositivos médicos para ventilación pulmonar, cuyo rol tomó un protagonismo histórico y conmovedor durante la pandemia, esa precisión es vital. Un fallo de cálculo no es un número mal puesto; es un equipo de soporte vital que no se puede armar a tiempo.

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El “efecto látigo” y la ilusión de la demanda

Ahí es donde entra a jugar el famoso efecto látigo. En términos simples, este fenómeno ocurre cuando una pequeña distorsión o un leve error en la estimación de la demanda inicial, pongamos un 10%, se va amplificando exponencialmente a medida que sube por la cadena de suministro, transformándose en un desfasaje enorme al momento de calcular y pedir materiales al proveedor.

En este segmento de la biotecnología, esa distorsión rara vez surge por compras compulsivas, sino por la propia dinámica del mercado: además de los centros de salud, un canal clave son las empresas que equipan ambulancias y vehículos sanitarios.

En este rubro, la demanda depende fuertemente del contexto político, las asignaciones presupuestarias y la adjudicación de licitaciones públicas. Cuando una compra masiva se aprueba de golpe, ese pequeño ajuste en la proyección original se multiplica de un día para otro en la mesa de planificación, exigiendo una reacción inmediata pero calculada para no quedar hiper estoqueados cuando el ciclo licitatorio se frena.

Cena con amigos
Me gusta explicar lo que es un forecast con un ejemplo muy cotidiano: es como organizar una cena con amigos en tu casa. Si les preguntás quiénes vienen, de diez personas, siete te dicen que "seguro sí", dos que "tal vez" y uno ni responde (Foto: Shutterstock)

Del mercado asiático a la línea de producción: el dilema logístico

Ahí es donde el forecast se conecta directamente con la logística internacional. Porque una vez que definís lo que necesitás, hay que salir a buscarlo al exterior, especialmente en mercados clave como el asiático, sobre todo en lo que respecta a los componentes electrónicos, un corazón tecnológico vital en los equipos de salud actuales.

Es ahí donde los planificadores nos volvemos malabaristas entre el flete marítimo y el aéreo. El barco es ideal para cuidar los costos y traer volumen, pero requiere paciencia y anticipación; el avión es la salvación de último minuto ante un pico de demanda o una urgencia, pero te dispara los costos operativos.

Un buen plan de materiales no es elegir uno u otro, sino saber combinar la previsión del flete marítimo con la velocidad del aéreo para mantener la producción continua.

IA, regulaciones y el factor humano

Hoy en día se habla muchísimo de la inteligencia artificial como si fuera a resolver todos estos dilemas mágicamente. Y si bien nos ayuda un montón a detectar patrones de estacionalidad, como las epidemias respiratorias invernales o los ciclos de mantenimiento, la IA no es adivina.

Si la alimentás con datos desordenados o con lecturas erróneas de los picos licitatorios, la máquina solo te va a dar un diagnóstico equivocado más rápido. La tecnología es una herramienta excelente, pero el criterio humano y la sensibilidad del día a día no se reemplazan.

A todo este ecosistema hay que sumarle una capa más, muy propia de nuestro rubro: las regulaciones e importaciones. Podés tener la predicción más fina y las placas electrónicas volando a tiempo, pero si el insumo se frena en aduana o falta una certificación sanitaria, la producción se detiene y la necesidad médica no espera. Por eso, en la planificación aprendemos que los tiempos regulatorios no son un trámite aparte, sino un ingrediente central de nuestro cálculo de tiempos de entrega (lead time).

Al final del día, planificar materiales en tecnología médica es un ejercicio constante de equilibrio. Se trata de entender que detrás de cada componente en nuestra planilla de cálculo no solo hay costos y embarques, sino respiradores por ensamblar, médicos esperando trabajar y pacientes que necesitan una respuesta a tiempo. Lograr que esa “cena” salga perfecta es nuestra verdadera misión diaria.

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