Energía, minerales y talento: las bases del vínculo comercial entre Argentina y Alemania

Eduardo Gorchs, presidente de la Cámara de Industria y Comercio Argentino Alemana (AHK Argentina), repasa el estado del comercio bilateral y los desafíos logísticos y regulatorios que enfrentan las empresas

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Eduardo Gorchs
Eduardo Gorchs es presidente de la Cámara de Industria y Comercio Argentino Alemana (AHK Argentina) (Foto: Movant Connection)

La relación comercial entre Argentina y Alemania atraviesa un momento auspicioso, pero ese vínculo también trae consigo exigencias cada vez más estrictas. “Si una empresa argentina le vende algo a Alemania, Alemania puede pedir que demuestre primero sus propios estándares de sostenibilidad, pero también los de sus proveedores”, explica Eduardo, quien también repasa el rol de la conectividad logística en esa relación bilateral.

¿Cómo está hoy el vínculo económico entre Argentina y Alemania?

Argentina y Alemania tienen una relación económica y cultural de muy largo plazo. El año pasado se celebraron los 200 años de inmigración alemana en el país, a partir de un hito puntual ocurrido en 1825, aunque la presencia alemana es incluso anterior. Muchas de las empresas alemanas instaladas en Argentina son también más que centenarias, lo que refleja esa mirada de largo plazo.

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Ese horizonte atraviesa el contexto actual, que es positivo y se inserta en esos dos largos plazos: muchos ciclos recorridos y muchos más por delante. Es un momento auspicioso por lo que Argentina puede ofrecer al mundo, y en particular a Alemania: energía en sus distintas formas, minerales críticos para la transición energética y talento, recursos que Alemania necesita para su propia economía.

¿Qué impacto tiene el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur en esa relación bilateral?

La firma y la puesta en práctica de ese acuerdo potencian la relación entre los dos bloques económicos y también entre los países individuales. En el caso de Argentina y Alemania, le da un marco que permite acelerar el crecimiento de un vínculo que ya existía previamente.

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No se tienen mutuamente como el cliente o el proveedor más grande: Argentina es chica para Alemania y, en términos de intercambio comercial, ninguno de los dos países está entre los primeros puestos del otro. Pero existe una cercanía económica, cultural y hasta tecnológica muy fuerte que el acuerdo ayuda a profundizar.

¿Dónde están hoy las principales oportunidades para las empresas de ambos países, y qué rol juega la Cámara en conectarlas?

La Cámara funciona como representación de la economía alemana en Argentina y forma parte de una red de alrededor de 150 cámaras alemanas en casi 100 países, sostenida en parte por el Ministerio de Economía alemán. Su función es promover el intercambio de bienes y servicios en ambos sentidos: para empresas alemanas que buscan instalarse en Argentina y para empresas argentinas que quieren hacer negocios en Alemania.

Industria argentina
"Si una empresa argentina le vende algo a Alemania, Alemania puede pedir que demuestre primero sus propios estándares de sostenibilidad", comenta Eduardo (Foto: Shutterstock)

El trabajo incluye generar delegaciones que viajan en ambas direcciones, facilitar vínculos e información para que las empresas sepan qué regulaciones deben cumplir y qué facilidades existen de cada lado. Es decir, acompañar tanto las relaciones de alto nivel como los detalles operativos necesarios para ejecutar cada negocio de la forma más eficiente posible.

¿Qué desafíos aparecen al coordinar operaciones entre marcos regulatorios y culturales distintos?

Alemania tiene una cultura muy orientada a ordenar procesos y es líder en Europa en la definición de estándares de calidad. Esa tradición derivó en un concepto de sostenibilidad muy amplio, que incluye qué recursos se usan, cómo se trata a las personas y cómo es la gobernanza de una compañía. Esos estándares pasaron a ser condición para facilitar el comercio internacional.

Para exportar a Alemania, primero hay que conocer esos estándares y luego trabajar para cumplirlos, de modo que los productos sean aceptados allá. Desde el lado argentino, el desafío es facilitar la llegada de tecnología y servicios alemanes al país. La Cámara funciona como articuladora de esa logística integral, que combina cuestiones culturales, regulatorias, impositivas y operativas de ambos lados.

Más allá del comercio de bienes, ¿cómo es hoy la conectividad logística entre los dos países?

Argentina tiene vuelo directo con Frankfurt, lo que facilita que las personas se muevan de forma directa entre ambos países, algo que ya es positivo en sí mismo. A nivel naviero existe una relación activa entre Sudamérica y el mundo alemán, con un foco regional más marcado en Chile, pero con presencia también en Argentina.

El puerto de Hamburgo firmó recientemente un acuerdo para la entrada de hidrógeno verde a Alemania, y existe además un acuerdo reciente de gas natural licuado. Son señales concretas de un vínculo logístico-energético que se profundiza, más allá de que buena parte de la mirada europea hacia el sur pase primero por Brasil, simplemente por su tamaño y posición geográfica.

¿Qué exigencias concretas impone hoy la sostenibilidad a las empresas que exportan a Alemania?

Las regulaciones europeas, basadas en una ley alemana, establecieron una responsabilidad extendida sobre la cadena de suministro en ambas direcciones. Si una empresa argentina le vende algo a Alemania, Alemania puede pedir que demuestre primero sus propios estándares de sostenibilidad en términos ecológicos, de derechos humanos y de gobernanza, pero también los de sus proveedores.

Esa exigencia es especialmente alta para las pymes, que muchas veces no cuentan con estructura propia para sostenerla. Instituciones como las cámaras binacionales pueden ayudar a esas organizaciones, del tamaño que sean, a cumplir con esos estándares y a poder demostrarlo ante sus contrapartes comerciales.

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