La gestión de las cadenas de suministro incorpora nuevas métricas para anticipar riesgos

Un reciente análisis sobre tendencias en la gestión logística identifica que las organizaciones comienzan a complementar los indicadores tradicionales con nuevas métricas para evaluar su capacidad de resiliencia

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Uno de los principales cambios identificados por el análisis es que la resiliencia deja de ser un concepto cualitativo para transformarse en un indicador de gestión (Imagen: Shutterstock)
Uno de los principales cambios identificados por el análisis es que la resiliencia deja de ser un concepto cualitativo para transformarse en un indicador de gestión (Imagen: Shutterstock)

La gestión de las cadenas de suministro comienza a incorporar nuevas métricas para medir la resiliencia frente a interrupciones. Así lo plantea un reciente análisis sobre las principales tendencias del sector, que identifica un cambio en los indicadores utilizados para evaluar el desempeño logístico y fortalecer la toma de decisiones.

Durante años, las organizaciones centraron el seguimiento de sus operaciones en variables como el costo por unidad, los tiempos de entrega o la rotación de inventario. Sin embargo, el escenario actual, marcado por mayores niveles de incertidumbre, interrupciones operativas y una creciente digitalización, impulsa una visión más amplia del desempeño. En ese contexto, comienzan a ganar protagonismo indicadores que permiten medir la capacidad de adaptación y respuesta de las cadenas de suministro.

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Del costo a la capacidad de recuperación

Uno de los principales cambios identificados por el análisis es que la resiliencia deja de ser un concepto cualitativo para transformarse en un indicador de gestión. En lugar de evaluar únicamente la eficiencia operativa, las organizaciones comienzan a medir cuánto tiempo necesitan para recuperar la normalidad después de una interrupción y qué tan preparadas están para responder ante eventos inesperados.

Entre las nuevas métricas que ganan relevancia aparece el tiempo de recuperación frente a riesgos e interrupciones, acompañado por indicadores vinculados con la diversificación de proveedores y la agilidad para reorganizar el abastecimiento cuando un eslabón de la cadena se ve afectado. La lógica detrás de este cambio es que una operación resiliente no depende únicamente de evitar incidentes, sino también de reducir su impacto y acelerar la recuperación.

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El análisis también incorpora el concepto de valor total, una mirada que amplía la evaluación tradicional basada en costos. Bajo este enfoque, el desempeño de una cadena de suministro se vincula además con la experiencia del cliente, la continuidad operativa, la innovación y la capacidad de generar resultados sostenibles para la organización.

El informe destaca que las organizaciones utilizan cada vez más escenarios virtuales para evaluar posibles interrupciones, probar respuestas alternativas y optimizar la asignación de recursos antes de que los riesgos se materialicen (Imagen: Shutterstock)
El informe destaca que las organizaciones utilizan cada vez más escenarios virtuales para evaluar posibles interrupciones, probar respuestas alternativas y optimizar la asignación de recursos antes de que los riesgos se materialicen (Imagen: Shutterstock)

La información en tiempo real gana protagonismo

Otro de los ejes destacados es la creciente importancia de la visibilidad en tiempo real sobre proveedores, inventarios y redes logísticas. La disponibilidad de datos provenientes de tecnologías como el Internet de las Cosas (IoT), los sistemas de planificación empresarial (ERP) y las plataformas de gestión del transporte (TMS) permite detectar interrupciones con mayor anticipación y responder antes de que afecten la operación.

En este escenario, comienzan a medirse aspectos como el tiempo necesario para detectar un riesgo, la velocidad de respuesta frente a una interrupción y el nivel de utilización de la información disponible en cada uno de los nodos de la cadena de suministro. Estas métricas buscan convertir los datos operativos en herramientas para una gestión más proactiva.

La incorporación de tecnologías de simulación también modifica la forma de planificar. El análisis destaca que las organizaciones utilizan cada vez más escenarios virtuales para evaluar posibles interrupciones, probar respuestas alternativas y optimizar la asignación de recursos antes de que los riesgos se materialicen. Como consecuencia, la cobertura y la precisión de estas simulaciones pasan a formar parte de los nuevos indicadores de desempeño.

La inteligencia artificial amplía las métricas de gestión

La expansión de la inteligencia artificial y la automatización también modifica los criterios con los que se evalúa una cadena de suministro. Más allá de automatizar procesos, las organizaciones comienzan a medir la precisión de las decisiones asistidas por IA, la calidad de las previsiones de demanda, el grado de automatización alcanzado y el valor que estas herramientas aportan a la operación.

El análisis sostiene además que la colaboración entre personas y sistemas inteligentes se convierte en un nuevo indicador de madurez. En ese sentido, variables como la frecuencia de intervención humana, el nivel de confianza en los sistemas de IA y la productividad conjunta entre personas y tecnología comienzan a incorporarse en la evaluación del desempeño logístico.

La resiliencia incorpora nuevas dimensiones

Junto con la capacidad de recuperación, otras variables comienzan a consolidarse como parte de la medición de la resiliencia. Entre ellas se destacan la ciberseguridad, el cumplimiento de criterios ESG y la capacidad para coordinar distintos modos de transporte dentro de una misma operación logística.

En materia de ciberseguridad, las organizaciones empiezan a monitorear la frecuencia de incidentes, los tiempos de recuperación, el nivel de cumplimiento de los proveedores y la madurez de los sistemas de respaldo. En paralelo, las métricas ambientales y sociales amplían su alcance hacia toda la cadena de suministro, incorporando indicadores como la huella de carbono, las compras sostenibles y el cumplimiento de estándares ESG por parte de los proveedores.

El informe también destaca la importancia de la orquestación multimodal, entendida como la capacidad para coordinar de forma flexible el transporte terrestre, ferroviario, marítimo y aéreo. Para ello, comienzan a medirse indicadores como la puntualidad en las transferencias entre modos, la variabilidad de los tiempos de tránsito y la capacidad para modificar rápidamente la modalidad de transporte frente a interrupciones o cambios en los costos operativos.

De esta manera, la resiliencia deja de evaluarse únicamente por la capacidad de resistir una interrupción y pasa a medirse a través de indicadores que permiten anticipar riesgos, responder con mayor rapidez y fortalecer la continuidad operativa. El cambio refleja una evolución en la forma de gestionar las cadenas de suministro, donde la información, la tecnología y la capacidad de adaptación comienzan a ocupar un lugar tan relevante como los tradicionales indicadores de eficiencia.

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