
Formar profesionales para un mundo que no para exige repensar no solo qué se enseña sino cómo se sostiene a quien aprende. Florencia sintetiza ese desafío con una imagen precisa: “la logística es el vaso comunicante que junta las partes”, y esa misma articulación es la que la educación universitaria tiene que garantizar hoy.
¿Cómo vive el sector educativo la velocidad de cambio que tiene hoy el comercio exterior?
La actualidad de los negocios internacionales, del comercio exterior, de las finanzas nos desafía a repensar las estrategias de enseñanza. También a pensar cómo acercamos el conocimiento innovador a planes de estudio que llevan ya un tiempo y que tienen una estructura, una formalidad, una aprobación oficial.
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La actualidad nos obliga y nos brinda una oportunidad: mejorar la tecnología y la logística que permita acercar el conocimiento más novedoso a estudiantes con un rango etario muy amplio. Hoy asistimos al aprendizaje a lo largo de la vida, y no solo recibimos jóvenes que terminaron la secundaria, sino también adultos que eligen volver a formarse.
¿Qué rol juega la logística en todo esto?
La logística es todo. Es el vaso comunicante que junta las partes y hace posible que un negocio se inicie, crezca, se desarrolle y amplíe sus fronteras. Está vinculada a la tecnología, al recurso humano. Es cómo pensamos la articulación entre cada una de las partes de una organización.
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Y cuando digo negocio me refiero no solo al de una empresa grande, sino al negocio pyme, a la marca personal. La logística deja de ser algo duro y rígido para convertirse en ese vaso comunicante dinámico que le permite a cualquier negocio retroalimentarse de los distintos actores que forman parte de él, tanto local como internacionalmente.
¿Ya no alcanza con el conocimiento práctico para insertarse en el sector?
Hoy necesitamos mayor articulación entre las instituciones universitarias y el sector socioproductivo. Ya no alcanza con profesionales que llegaron a determinadas posiciones desde la práctica. Además de la práctica, necesitan una formación que vincule la teoría con la práctica y la práctica con la teoría.
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La institución universitaria sigue dando ese encuadre: va de lo general a lo particular, permite aprender con otros, conectar con referentes del campo. En comercio exterior o comercio internacional, es fundamental conocer esos referentes dentro de las instituciones, que te conecten con otras empresas, otras ideas, otro vocabulario.

¿Qué tiene la formación universitaria que no puede reemplazar un curso corto?
El valor agregado es clave y hay que empezar a visibilizarlo. No da lo mismo pasar por la universidad que no hacerlo. Te ofrece estudiar con otros, darte cuenta de que tus preguntas pueden ser las de muchos, que tu realidad también puede ser la de otro.
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Y en todo lo que hablamos de comercio exterior, hay algo que marca una diferencia real: la vinculación con otras universidades. Un curso corto te conecta por un tiempo corto con un colega de otro país. Las universidades tienen convenios que habilitan estancias de seis meses a dos años, tanto para estudiar como para dar clases o investigar. La investigación es fundamental para el desarrollo socioproductivo de una sociedad.
¿Ves mayor interés de los jóvenes por el comercio internacional?
El interés es muy marcado en todo lo que tenga que ver con el exterior, con la internacionalización. Hoy las organizaciones de todos los sectores tienen un área de internacionalización. Hace 25 años creíamos que solo dedicándote al comercio exterior o a una empresa internacional tenías vinculación con el mundo. Hoy no: desde una institución educativa hasta una organización sanitaria, pública o privada, pyme o corporación, todo tiene dimensión internacional.
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Eso hace que los estudiantes tengan mucho interés en aprender a relacionarse con instituciones del exterior, y no solo porque quieran irse a vivir afuera. Muchos consultan sobre posibilidades de hacer una práctica en otro país, conocer cómo funciona una organización allá y traer eso de vuelta.
¿Cómo imaginás el futuro de los negocios?
Aventurarnos sobre el futuro es una oportunidad para profundizar en el presente. El presente nos tiene que llevar a soñar un futuro donde la inteligencia artificial y la tecnología digital son dimensiones estratégicas, que abren distintas posibilidades de comercializar, de conectar, de vincularse.
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Pero yo creo que el futuro va de la mano de pensar qué país queremos, qué sociedad queremos. El futuro de los negocios está puesto en el futuro de la humanidad. La tecnología es, en definitiva, un producto del hombre. La pregunta es en qué lugar queremos ubicar a ese hombre de aquí a un futuro infinito.
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