
En las cadenas de abastecimiento vinculadas a las energías, minería y la industria, los graneles líquidos ocupan un lugar fundamental. No son un flujo más dentro de la logística: son insumos estratégicos cuya continuidad operativa condiciona producción, exportaciones y el funcionamiento de variados sistemas. Cuando su transferencia o almacenamiento se interrumpe, el impacto no es puntual; es sistémico.
Desde la perspectiva logística, la operación de graneles líquidos exige precisión técnica, coordinación entre múltiples actores e infraestructura diseñada para operar dentro de márgenes estrictos. Buques tanque, tanques de almacenamiento y sistemas de trasiego dedicados no solo movilizan volumen: requieren control de variables físicas críticas bajo estándares que no admiten improvisación.
Cuando hablamos de graneles líquidos nos referimos a productos transportados y almacenados sin envase, en grandes volúmenes, mediante buques tanque, tanques y sistemas de transferencia dedicados. En esta categoría se incluyen tanto líquidos propiamente tales como hidrocarburos y sus derivados, químicos y gases, que requieren condiciones específicas de transporte, almacenamiento y sobre todo manejo.
Hidrocarburos y combustibles: gasolinas, diésel, jet fuel, fuel oil, crudo y derivados; productos químicos: ácido sulfúrico, soda cáustica, ácido clorhídrico, metanol y otros alcoholes, solventes, entre otros; y gases licuados: GLP o GNL, almacenados en condición presurizada, semi-refrigerada o criogénica según el diseño de las instalaciones.
No son simplemente “productos en volumen”. Son sistemas fisicoquímicos complejos que exigen infraestructura especializada, control técnico permanente y una gestión avanzada del riesgo.
La evolución de los volúmenes ha estado impulsada por factores importantes: la demanda energética y la necesidad de continuidad de abastecimiento; el dinamismo y requerimientos del sector industrial; y una creciente especialización logística, donde los clientes privilegian terminales con altos estándares técnicos y de seguridad.
Sin embargo, el crecimiento también ha traído mayor exigencia operacional: ventanas más ajustadas, mayor simultaneidad de actividades y mayor interacción entre buque–terminal–transportistas–contratistas. Más transferencia en menos tiempo significa más exposición si el sistema no está preparado. En este escenario, la excelencia operacional deja de ser una aspiración y se transforma en una condición para operar.

Los pilares de la excelencia operacional
La excelencia operacional en graneles líquidos se sostiene sobre diversos factores, entre los cuales destacan algunos especialmente determinantes.
Entre los elementos más relevantes se encuentran la gestión de la variabilidad, reduciendo excepciones e improvisaciones; la estandarización crítica y la disciplina operacional, con procedimientos claros que se cumplen en terreno; y la integridad y confiabilidad de los activos, asegurando que tanques, bombas, válvulas, líneas e instrumentación operen dentro de sus parámetros de diseño.
También resulta fundamental la gestión efectiva de interfaces, especialmente en la interacción buque–terminal–transportistas–contratistas, donde suelen concentrarse los riesgos operacionales. A ello se suma la utilización de indicadores balanceados, que midan tanto el desempeño productivo como el desempeño preventivo en seguridad, y una cultura organizacional madura, donde detener una operación ante condiciones inseguras sea una decisión respaldada.
La excelencia no es producir al máximo; es producir de manera estable, segura y sostenible en el tiempo.
Esa excelencia requiere infraestructura concebida como un sistema de barreras. Tanques adecuados al producto, atmosféricos, presurizados o criogénicos; pretiles de contención dimensionados conforme a normativa, con capacidad suficiente para contener eventuales derrames; sistemas de drenaje segregado y manejo controlado de efluentes; bombas, manifolds y líneas compatibles con la exigencia química y operacional.
A ello se suman sistemas de control e instrumentación para nivel, presión, temperatura y caudal; detección de incendios o gases cuando corresponde; infraestructura de respuesta a emergencias, incluyendo redes contra incendio y sistemas de espuma; y sistemas de gestión formal como permisos de trabajo, gestión del cambio (MOC) y control de contratistas.
La infraestructura no es solo capacidad instalada. Es un conjunto de capas de protección diseñadas para mantener el riesgo bajo control.
En nuestra industria, la seguridad de las personas, del medio ambiente y del proceso son la primera prioridad.
Contención, variables críticas y el límite del sistema
En terminales de graneles líquidos, entre otros la seguridad del proceso se fundamenta en mantener la contención del producto dentro de las líneas de proceso y sistemas diseñados para ello. Esto implica asegurar la contención primaria: tanques, tuberías, válvulas, sellos y conexiones y la contención secundaria: pretiles de contención y sistemas de retención.
Pero la contención no depende únicamente de la infraestructura. Exige profesionalismo en el manejo de variables físicas críticas: presión, temperatura, densidad, caudal, volumen transferido, expansión térmica y comportamiento de vapores.
El control de estas variables es determinante. Una sobrepresión puede generar liberaciones no controladas; un error en volumen puede provocar sobrellenado; una incorrecta consideración de densidad puede afectar estabilidad, mediciones y balances de masa.
Cuando la contención falla, las consecuencias pueden ser graves o incluso catastróficas. En entornos marítimos, un derrame no controlado puede impactar personas, instalaciones y el medio ambiente, incluyendo escenarios de derrames al mar con consecuencias regulatorias, ambientales y reputacionales de gran escala.
Por eso, la integridad mecánica, el monitoreo permanente, las inspecciones técnicas y la disciplina operacional no son prácticas administrativas: son barreras críticas para prevenir eventos de alto impacto.
Los profesionales que operan estos sistemas son determinantes. Su formación debe integrar seguridad de procesos, compatibilidad química, permisos de trabajo, gestión de riesgos y dominio técnico de las variables físico-operacionales. En estos entornos, los errores no son lineales: pequeñas desviaciones pueden escalar rápidamente si el sistema pierde control.
Desde la mirada de la cadena de abastecimiento y el comercio, la productividad en graneles líquidos no puede analizarse aislada de la seguridad. El límite del sistema no lo define la capacidad instalada, sino la capacidad real de mantener bajo control las variables físicas y organizacionales que sostienen la operación.
En terminales marítimos, la pérdida de contención no es un incidente menor; es la materialización del riesgo que el sistema fue diseñado para evitar. Allí es donde la excelencia deja de ser un concepto y se transforma en una responsabilidad estructural.
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