
La Organización Marítima Internacional (OMI), organismo de Naciones Unidas encargado de regular la seguridad y la sostenibilidad en el transporte marítimo, advirtió que el comercio internacional atraviesa un escenario complejo.
Por un lado, el aumento de los riesgos geopolíticos que afectan la seguridad en rutas críticas como el mar Rojo; y por otro, la necesidad de acelerar la descarbonización de la industria, un proceso costoso pero considerado inevitable para garantizar la sostenibilidad del sector.
Durante una visita a Panamá, el secretario general de la OMI, Arsenio Domínguez, reconoció que la seguridad marítima se ha convertido en el principal desafío para el comercio internacional. “Los buques comerciales no están capacitados para defenderse de ataques armados, y por ello es fundamental la cooperación con otros organismos de Naciones Unidas y con los Estados miembros”, señaló.
El conflicto en Yemen y las acciones de los rebeldes hutíes pusieron en jaque la circulación de mercancías en una de las vías más relevantes para el intercambio global. El hundimiento de dos buques mercantes en julio, que dejó cinco marinos muertos y seis secuestrados, evidenció la vulnerabilidad del sistema. Ante esta situación, la OMI impulsó medidas urgentes: el desvío de buques hacia el Cabo de Hornos, la elaboración de evaluaciones de seguridad obligatorias para armadores y la coordinación con flotas navales de distintos países para brindar asistencia en la zona.
Estas acciones, aunque necesarias, tienen consecuencias directas sobre la logística internacional. El desvío de las rutas incrementa los tiempos de tránsito, encarece los costos operativos y eleva las emisiones de carbono, lo que impacta tanto en la competitividad de las cadenas de suministro como en los compromisos ambientales del sector.
Domínguez también destacó que la seguridad no solo depende de decisiones estratégicas de los Estados y navieras, sino del bienestar de los propios trabajadores marítimos. La OMI trabaja con federaciones de trabajadores para garantizar que la tripulación tenga derecho a rechazar atravesar zonas de riesgo si no se siente segura.

Déficit de personal en la industria
El panorama de inseguridad se suma a otro reto estructural: la escasez de personal calificado. El déficit de marinos y técnicos especializados amenaza con limitar la capacidad del sector para responder a las crecientes demandas del comercio internacional.
Según la OMI, se están implementando programas de cooperación técnica para formar a jóvenes en países en desarrollo y atraer nuevos perfiles al sector. La iniciativa busca garantizar el relevo generacional en una industria donde la experiencia y la capacitación resultan claves para mantener la eficiencia de las cadenas de suministro globales.
Descarbonización: un costo ineludible
Además de la seguridad, la OMI encara otro desafío mayúsculo: la transición hacia un transporte marítimo libre de emisiones. La organización aprobó este año el marco regulatorio “Net-Zero”, que establece metas y medidas obligatorias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y alcanzar la neutralidad de carbono en 2050.
El plan incluye la implementación de tarifas a las emisiones a partir de 2028, con un precio inicial de 100 dólares por tonelada de CO2. Se espera que este mecanismo genere entre 11.000 y 13.000 millones de dólares anuales, recursos que se destinarán especialmente a países en desarrollo y Estados insulares más vulnerables.
Domínguez reconoció que la transición tiene un costo económico elevado, pero insistió en que el sector debe asumirlo tras “años de invertir en contaminar el ambiente”. Actualmente, el transporte marítimo aporta alrededor del 3% de las emisiones globales de carbono, aunque es responsable de movilizar cerca del 90% del comercio mundial.
El nuevo marco regula a los grandes buques transoceánicos de más de 5.000 toneladas, responsables del 85% de las emisiones del transporte marítimo. Su entrada en vigor está prevista para 2027, con revisiones periódicas para evaluar el impacto en el comercio y en los países más vulnerables.
Impacto directo en las cadenas de suministro
La descarbonización transformará los costos logísticos y la organización de las cadenas de suministro internacionales. El uso de nuevos combustibles como metanol renovable o amoníaco, sumado a la modernización tecnológica de las flotas, implicará inversiones millonarias para las navieras. Sin embargo, la OMI considera que el mecanismo global evitará distorsiones competitivas y brindará un marco homogéneo que permitirá a la industria planificar a largo plazo.
El impacto no se limita a las emisiones. La agenda ambiental de la OMI incluye la reducción del ruido submarino, el control de especies invasoras transportadas por agua de lastre y la protección de zonas ecológicas sensibles. Estas medidas también forman parte de la transformación del transporte marítimo hacia estándares más sostenibles.
Entre la seguridad y la sostenibilidad
El comercio marítimo internacional enfrenta así un doble frente: garantizar la seguridad de las rutas en medio de tensiones geopolíticas, y al mismo tiempo avanzar en una transición energética que redefinirá sus costos y modelos operativos.
Ambos desafíos afectan directamente a la logística global. La seguridad condiciona las rutas y plazos de entrega, mientras que la descarbonización marcará los precios y la competitividad de las exportaciones e importaciones en todo el mundo. En este escenario, la cooperación internacional aparece como la única vía para sostener un sistema que conecta a las economías del planeta y constituye el corazón del comercio internacional.
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