
“El desafío es acompañar esta revolución tecnológica con una revolución en nuestra forma de pensar y colaborar”, resalta Alexander, en relación a la inédita velocidad de transformación que exige la penetración de la inteligencia artficial en las sociedades y en la economía global.
¿Hacia dónde crees que va la inteligencia artificial?
Es muy difícil predecir el futuro. Si miramos lo que han dicho los especialistas en distintas épocas sobre la inteligencia artificial, nos damos cuenta de lo imprecisas que han sido sus predicciones. Por ejemplo, en 2013 se decía que la IA nunca podría vencer a un jugador profesional de Go (milenario y complejo juego chino) porque requiere intuición y emocionalidad. Sin embargo, en 2014, una importante marca tecnológica logró que su sistema de inteligencia artificial se entrenara jugando contra sí mismo hasta que logró superar al campeón mundial.
Estamos en un momento de transformación acelerada, donde cualquier cosa puede pasar. Por eso, en lugar de seguir una sola opinión, hay que escuchar diversas perspectivas, incluso contradictorias, para entender el panorama completo.
¿Cuáles son las claves para identificar qué tecnologías pueden impactar positivamente en los negocios?
La clave no es la tecnología en sí, sino la cultura. La tecnología es solo una herramienta; lo difícil es generar un cambio en la mentalidad y en la organización. Para innovar, es fundamental que los equipos estén abiertos a nuevas formas de trabajar y que exista un liderazgo capaz de comunicar la visión y guiar el proceso de transformación.
Esto no solo aplica a empresas, sino también a la sociedad. Tomemos como ejemplo los autos autónomos: podrían salvar muchas vidas, pero su implementación requiere regulaciones y un cambio de mentalidad. A veces, se debaten cuestiones filosóficas sobre a quién responsabilizar en caso de un accidente, cuando en realidad estamos perdiendo miles de vidas al mantener el status quo. El reto es gestionar la transición sin perder de vista el impacto positivo que estas tecnologías pueden tener.
¿Cómo se relaciona el avance tecnológico con las regulaciones?
La regulación es necesaria, pero si es demasiado restrictiva puede obstaculizar la innovación. Europa, por ejemplo, ha adoptado una postura muy rigurosa con el GDPR (Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea) y ahora con sus regulaciones de IA. Estas medidas protegen los derechos de los ciudadanos, pero también dificultan el crecimiento de startups, que no cuentan con los recursos de grandes corporaciones para cumplir con los requisitos burocráticos.
Mientras algunos celebran estas regulaciones como un avance en la protección de los derechos humanos, otros, como emprendedores en Berlín, consideran que estas medidas los están expulsando del mercado. Esta tensión entre regulación e innovación es un tema clave en el debate sobre el futuro de la tecnología.
¿Cuál es tu mirada sobre la problemática del empleo en relación al avance de la inteligencia artificial?
El impacto del avance tecnológico en el empleo se puede analizar desde dos perspectivas: la individual y la macroeconómica. A nivel individual, es cierto que algunas automatizaciones están eliminando puestos de trabajo, reemplazando a empleados por sistemas de IA que pueden hacer la misma tarea a un costo mucho menor. La transición no siempre es sencilla, y depende de la visión de las empresas para reubicar a sus empleados en nuevas funciones.
Sin embargo, si analizamos el panorama global, los datos muestran que los países con mayor automatización también tienen menores tasas de desempleo. Esto sugiere que, aunque ciertos puestos desaparecen, surgen nuevas oportunidades en otras áreas. La clave está en la adaptación y la capacidad de transformación.

¿Cómo podemos posicionarnos como trabajadores frente al avance de la IA?
Para mantenernos relevantes, debemos potenciar nuestra humanidad. La IA puede automatizar muchas tareas, pero hay áreas donde el factor humano sigue siendo irremplazable: el pensamiento crítico, la creatividad, la empatía. En lugar de ver la IA como una amenaza, deberíamos enfocarnos en desarrollar habilidades que nos diferencien de las máquinas.
Esto implica combinar un aprendizaje continuo con la capacidad de adaptarnos rápidamente a nuevas herramientas. Quienes logren integrar estas dos dimensiones tendrán una ventaja en un mundo cada vez más impulsado por la inteligencia artificial.
¿Hemos vivido antes un cambio de esta magnitud?
No. Nuestro cerebro no está preparado para cambios tan rápidos. A lo largo de la historia, las transformaciones han sido progresivas, pero hoy debemos adaptarnos a nuevas realidades en cuestión de semanas o meses.
Desde una perspectiva estratégica, el mejor camino es adoptar la IA en su totalidad, ya que puede ayudarnos a erradicar enfermedades, reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida. Sin embargo, también debemos ser conscientes de los desafíos que implica para la sociedad, diseñando estrategias que faciliten la transición.
¿Cómo se está aplicando la IA en la cadena de suministro?
La IA está comenzando a transformar la logística y la supply chain. Una de sus grandes ventajas es que puede analizar enormes volúmenes de datos en tiempo real para optimizar rutas, gestionar inventarios y reducir costos. Además, facilita el mantenimiento predictivo, lo que permite evitar fallos antes de que ocurran y extender la vida útil de los equipamientos.
El desafío está en lograr una mayor integración de datos entre diferentes actores de la cadena de suministro. Si las empresas comparten información de manera más eficiente, la IA podría coordinar cargas, optimizar espacios y reducir desperdicios, generando beneficios económicos y ambientales.
Otra tecnología que veremos cada vez más en la logística es la robótica. Aunque hoy los robots en almacenes se limitan a tareas específicas, en el futuro podrían desempeñar funciones más complejas y asistir en la gestión de productos de forma autónoma.
¿Cuál es tu expectativa sobre el futuro de la IA?
Creo que la IA puede llevarnos a una nueva era en la que superemos muchos de los problemas que han afectado a la humanidad por siglos. Imagino un futuro donde las enfermedades sean erradicadas, la pobreza sea cosa del pasado y podamos redefinirnos como seres humanos más allá de nuestro trabajo.
Para llegar a ese punto, debemos dejar atrás los fanatismos y estar abiertos al cambio. La IA no es una amenaza si aprendemos a integrarla con sensibilidad y estrategia. El desafío es acompañar esta revolución tecnológica con una revolución en nuestra forma de pensar y colaborar. Ahí es donde radica el verdadero potencial del futuro.
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