
Las previsiones de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) para la campaña agrícola 2024/25 en Argentina proyectan un ingreso de dólares por exportaciones de 35.500 millones. Esto representaría una mejora respecto de los últimos dos años, aunque aún estaría entre 4.000 y 6.000 millones de dólares por debajo de los ingresos obtenidos durante el pico de precios agrícolas registrado en el contexto de la Guerra Rusia-Ucrania.
A pesar del optimismo inicial, el déficit hídrico en los suelos plantea un riesgo significativo para estas proyecciones, generando incertidumbre sobre el impacto final en las exportaciones.
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El sector agrícola argentino ha experimentado un estancamiento en la producción en los últimos seis años, y las expectativas de crecimiento en exportaciones dependen en gran medida de la evolución climática en las próximas semanas.
La BCR señala que la producción potencial de 143 millones de toneladas (Mt) podría alcanzar un volumen exportable de 101,5 millones de toneladas (Mt) de granos, harinas y aceites vegetales, lo que implicaría un aumento del 15% con respecto al ciclo anterior y el volumen más alto en cuatro años.
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Sin embargo, el impacto de la falta de lluvias podría modificar drásticamente este panorama optimista, especialmente en cultivos como la soja y el maíz.
Expectativas de exportación bajo condiciones normales
Con una producción agrícola proyectada de 143,2 millones de toneladas, las exportaciones de Argentina podrían alcanzar su tercer volumen más alto en la historia del país, acercándose a los niveles logrados en las campañas 2018/19 y 2020/21.
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En ese marco, la soja, que es el principal cultivo en términos de exportación, tiene una intención de siembra de 17,7 millones de hectáreas, lo que representaría un aumento del 8% con respecto al año anterior. Bajo condiciones climáticas normales, la cosecha de soja podría alcanzar entre 52 y 53 millones de toneladas, lo que permitiría mantener el volumen exportable en alza.
El maíz, que enfrenta una reducción en el área sembrada debido al temor por la chicharrita y otros factores, aún proyecta una cosecha de 52 millones de toneladas, lo que permitiría mantener los niveles de exportación cercanos a los registrados en años anteriores.
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En tanto, el girasol y el sorgo, aunque afectados por la falta de agua en algunas regiones, también contribuirían con 4,2 millones y 3,2 millones de toneladas, respectivamente, a las exportaciones totales.

Déficit hídrico: cómo podría impactar en el desempeño de la campaña
A pesar de las proyecciones optimistas, los analistas advierten sobre el riesgo de que el déficit hídrico prolongado en el suelo genere ajustes a la baja en las exportaciones. En un escenario conservador, donde los rendimientos de los cultivos se ajusten a la media de los últimos cinco años, la producción nacional total podría reducirse a 128,8 millones de toneladas, lo que llevaría las exportaciones a un volumen significativamente menor.
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En este escenario, la producción de soja caería a 47,6 millones de toneladas, lo que reduciría su volumen exportable en 6,6 millones de toneladas respecto a las proyecciones iniciales.
El maíz también podría sufrir una caída significativa, con una producción estimada de 47,6 millones de toneladas, 4,4 millones menos que en la proyección optimista. Estos descensos impactarían directamente en las exportaciones totales, generando una baja en los ingresos por exportaciones hasta los 32.600 millones de dólares, apenas un 6% por encima del año anterior y un 1% por debajo del promedio de los últimos tres años.
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Consecuencias para el mercado internacional
El impacto de una reducción en las exportaciones argentinas tendría implicaciones importantes en el mercado internacional, donde Argentina es un actor clave en el suministro de granos y subproductos.
Las exportaciones de harinas y aceites vegetales, que representan una parte crucial del ingreso de divisas del país, podrían verse afectadas, generando una presión adicional sobre los precios internacionales de estos productos.
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El mercado de la soja, en particular, podría enfrentar un desajuste importante si las proyecciones conservadoras se materializan, ya que Argentina es el principal exportador mundial de aceite y harina de soja. Una reducción significativa en la producción no sólo impactaría las exportaciones argentinas, sino que también podría alterar el equilibrio global de oferta y demanda, impulsando los precios en el mercado internacional.
En resumen, si bien las previsiones iniciales de la BCR son optimistas y plantean un crecimiento en las exportaciones del sector agropecuario, la falta de lluvias y el riesgo de un déficit hídrico prolongado introducen un alto grado de incertidumbre.
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