
Los Gallos Blancos del Querétaro son unos de los clubes más inestables de la Liga MX, casi siempre están en las últimas posiciones y ha vivido un par de destellos que los ha llevado a instancias finales sin poder probar la gloria de un campeonato de liga.
Esto ha provocado que el equipo queretano haya perdido la categoría en más de una ocasión, por suerte para ellos esto se ha terminado con la eliminación del descenso.
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Sin embargo, existe un momento en la historia de los Gallos Blancos que llegó a ilusionar a su afición, aún cuando se encontraban en segunda división.
Ocurrió en el torneo 1986-87, cuando el Querétaro entró en una buena racha que los colocó como serios candidatos para ascender a Primera División por primera vez en su historia.
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En ese entonces, el torneo se jugaba diferente. La liga estaba dividida en cuatro grupos conformados por cuatro clubes cada uno y avanzaba a la liguilla los mejores dos equipos de cada grupo.
En esa ocasión, los queretanos estaban en el grupo 4 y se clasificaron con el segundo lugar.
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Ya en la liguilla se conformaban otros dos grupos de cuatro integrantes, que se enfrentaban entre sí. Los dos mejores de cada grupo se disputaban la final.
Posteriormente, los mejores dos equipos de cada grupo conformaban, a su vez, dos grupos de cuatro integrantes cada uno.
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Para ese entonces, el Querétaro se coló a la final como el mejor club del grupo A y su rival serían los Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tampico.
En el partido de ida, en Ciudad Victoria, Tamaulipas, empataron a cero. Sin embargo, unas horas después del encuentro, aficionados del club queretano recibieron una trágica noticia.
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El terrible accidente en el kilómetro 67

Aquel 10 de mayo la lluvia caía intensamente sobre la carretera México-Piedras Negras y el chofer que trasladaba al equipo conducía a exceso de velocidad.
Al llegar al kilómetro 67, entre las ciudades de Huizache y Matehuala, el conductor perdió el control del autobús y se volcó violentamente sobre la carretera.
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Los futbolistas Agustín Jiménez, Gerardo “Pillo” Orona y René Moltavo no lograron sobrevivir al accidente. Hubo además 12 heridos graves, incluido el entrenador Luis Alvarado.
Ante la aparatosa escena del accidente, el conductor del autobús decidió escapar entre la lluvia y el caos vial. Minutos antes de desaparecer, tuvo un cruce de palabras con Alejandro Palomares, jugador de los Gallos Blancos, que resultó herido tras el volcamiento del autobús.
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“Tuve la oportunidad de verlo, tenía los ojos desorbitados, no creía lo que había pasado y me preguntaba que qué hacía, yo le dije que era su decisión, ‘si quieres irte o si quieres esperarte, es tu decisión’, fue lo que le dije. La gente que empezó a llegar preguntaba por él, lo hubiesen linchado, fue una manera irresponsable de enfrentar la situación, pero dudo que hubiese sobrevivido a ella”, recordó Palomares durante una entrevista para El Universal.
Después de fugarse, nunca más se supo del paradero del conductor, a pesar de que el Querétaro solicitó a las autoridades su búsqueda y comparecencia por negligencia.
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El accidente provocó un parón de las actividades futbolísticas de la primera división en México y un ambiente de tristeza y desolación en la afición.
“Estamos viviendo una pesadilla, por momentos no creemos lo que está sucediendo, pues nunca nos imaginamos que esto pasara, sobre todo que tres de nuestros compañeros perdieran la vida”, comentó Joel Anguiano, jugador del Querétaro, en una conferencia de prensa días después del acontecimiento.
La indignante final del torneo 1986-87

Luego de la tragedia, aficionados y periodistas estallaron contra las medidas tomadas por la Federación Mexicana de Fútbol (FMF), pues las autoridades deportivas decidieron que la final debía jugarse sí o sí, a pesar de que en el accidente fallecieron tres jugadores y hubo 12 lesionados.
El partido se retrasó solo un mes y la final de vuelta se jugó el 10 de junio de 1987 en el Estadio Corregidora en Querétaro, donde nuevamente se presentó un empate, esta vez por marcador de 1-1.
La final se definió en un tercer encuentro en sede neutral, según lo marcaban las reglas de ese entonces.
El último partido de ese trágico torneo se jugó en el Estadio Azteca y el resultado favoreció a los de Tamaulipas, que tuvieron que ir al alargue y ganaron en penales.
Mucho se habló después del partido, algunas opiniones señalaban que los futbolistas de Gallos Blancos no se encontraban en condiciones físicas y mentales de disputar un partido de esas características, pero la FMF hizo caso omiso a las peticiones de suspensión del torneo.
“Hubo tres jugadores que no fueron los mismos desde el accidente, se notaba en la cancha”, comentó Alejandro Palomares para El Universal.
Tuvieron que pasar un par de años más para que, durante la década de 1990, los Gallos Blancos del Querétaro ascendieran a primera división.
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