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Así es como los mosquitos eligen a sus “humanos favoritos”, según la ciencia

Para hacerlo usan señales físicas y químicas: dióxido de carbono, humedad del aliento, sudor, calor y compuestos del olor corporal

Primer plano de un pequeño mosquito negro y blanco posado sobre la piel morena del brazo de una persona, con un fondo verde borroso.
Un mosquito, posiblemente Aedes aegypti, se posa sobre el brazo de una persona en un entorno exterior, señalando la presencia del vector del dengue. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Los mosquitos localizan a los humanos por el CO2, el calor y el olor corporal, y esa combinación también ayuda a explicar por qué algunas personas reciben más picaduras que otras, un rasgo que cobra peso en zonas donde estos insectos transmiten malaria, dengue y virus Zika.

De acuerdo con información de la Universidad Nacional Autónoma de México los mosquitos muestran mayor actividad entre las 22:00 y las 02:00, cuando la mayoría de las personas duerme. En ese lapso, las plumas de aire caliente y olor que salen al exhalar facilitan que encuentren a su huésped.

La UNAM detalla que estos insectos pueden ubicar a una persona incluso en la oscuridad. Para hacerlo usan señales físicas y químicas: dióxido de carbono, humedad del aliento, sudor, calor y compuestos del olor corporal.

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Cuando pican, perforan la piel con una estructura llamada probóscide, succionan sangre e inyectan saliva. La reacción del cuerpo a esa saliva provoca el bulto con comezón.

Dos personas de edad avanzada sentadas en un banco de madera en un parque. Un hombre rodeado de mosquitos, una mujer lee un libro.
Un hombre intenta ahuyentar una nube de mosquitos mientras una mujer lee un libro tranquila en un banco de un parque. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La detección del cuerpo humano comienza hasta a 60 metros

Según la UNAM, a 60 metros los mosquitos siguen con sus antenas el rastro de las columnas de CO2 que exhalan los humanos. A 15 metros, sus palpos detectan olores de pies, axilas y piel, además del calor húmedo y los compuestos que producen las bacterias cutáneas.

A corta distancia, se orientan por el calor y perciben a las personas como siluetas oscuras. Después, los receptores gustativos de sus patas les ayudan a decidir en qué parte picar.

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La publicación añade que, una vez que obtienen sangre, usan sus proteínas para reproducirse y repetir el ciclo de picadura. Esa capacidad se apoya en un sentido del olfato que la Universidad de Boston identifica como factor central.

La acumulación de agua estancada tras las inundaciones favorece la proliferación de mosquitos transmisores de dengue, zika y chikungunya- crédito VisualesIa
La acumulación de agua estancada tras las inundaciones favorece la proliferación de mosquitos transmisores de dengue, zika y chikungunya- crédito VisualesIa

El olor de la piel influye en quién se vuelve “favorito”

El estudio “El olor humano guía la termotaxis y la selección del huésped en los mosquitos bajo condiciones naturales” señala que la mayor atracción hacia ciertas personas se relaciona con perfiles completos de olor corporal.

En esos casos aparecen mayores abundancias relativas de ácidos carboxílicos volátiles, ácido butírico, ácido isovalérico y la metilcetona acetona generada por microbios de la piel.

En las personas menos atractivas para estos insectos, el olor corporal presenta menos ácidos carboxílicos y más eucaliptol, un monoterpenoide. En términos científicos, ese patrón indica que el olor individual guía la termotaxis y con ello la elección del huésped.

Esa explicación responde por qué hay personas que parecen “imán” de piquetes: no se trata de azar, sino de señales químicas y térmicas que el mosquito detecta para acercarse y decidir a quién picar.

Aunque a simple vista parecen insectos inofensivos, en algunas regiones del mundo pueden transmitir enfermedades como malaria, dengue y Zika. Por eso, entender cómo encuentran a las personas también ayuda a dimensionar el riesgo sanitario asociado a sus picaduras

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