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¿Ejercicio de fuerza o ejercicio aeróbico? cuál es mejor para el hígado graso

La evidencia científica actual respalda el ejercicio como parte fundamental del tratamiento para el hígado graso

Infografía con mujer trotando y diagramas de beneficios del ejercicio para el hígado graso: reducción de grasa, mejora metabólica y protección de la función hepática.
Ejercicio y hígado graso: beneficios clave. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las sociedades científicas más reconocidas sostienen que tanto el ejercicio aeróbico como el entrenamiento de fuerza son eficaces para reducir la grasa hepática y mejorar parámetros metabólicos, recomendando la combinación de ambos como el enfoque más ventajoso.

Actualmente, se aconseja a los adultos con hígado graso realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, preferiblemente estructurada como ejercicio aeróbico y complementada con sesiones regulares de fuerza.

Consenso internacional sobre actividad física y manejo del hígado graso

El consenso internacional establece que el ejercicio es fundamental en la estrategia terapéutica del hígado graso, tanto para su prevención como para su control.

Según la guía conjunta EASL–EASD–EASO, publicada en Journal of Hepatology, la actividad física regular debe ser la primera línea de intervención y adaptarse a las preferencias y posibilidades del paciente.

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Entre las recomendaciones principales figura alcanzar entre 150 y 200 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado y sumar dos o tres sesiones semanales de fuerza.

Imagen dividida con una mujer corriendo en caminadora y otra levantando una mancuerna, ambas con la silueta naranja de un hígado en el abdomen.
El ejercicio es fundamental en la estrategia terapéutica del hígado graso, tanto para su prevención como para su control. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Evidencia científica

Diversos estudios aleatorizados y metaanálisis —como los de Kwak y Stine— han demostrado que el ejercicio aeróbico y el de fuerza logran reducir la grasa intrahepática en niveles similares, mejorando la sensibilidad a la insulina y disminuyendo las transaminasas incluso sin pérdida de peso significativa.

Estos resultados se observan tanto en programas cortos de ocho a doce semanas como en intervenciones de mayor duración.

En el ensayo dirigido por Charatcharoenwitthaya, la reducción de la grasa hepática fue equiparable en ambos grupos de ejercicio, y la esteatosis desapareció en la mitad de los participantes que finalizaron el programa.

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Beneficios específicos de cada modalidad

La Asociación Americana para el Estudio de las Enfermedades del Hígado y la American College of Sports Medicine informan que el ejercicio aeróbico es especialmente eficaz para disminuir la enzima ALT y mejorar el colesterol HDL, mientras que el entrenamiento de fuerza es clave para el aumento de masa muscular y la mejora de AST.

Esto resulta relevante en pacientes con baja capacidad cardiorrespiratoria, donde la fuerza es una alternativa más viable y segura.

La American Diabetes Association destaca que, en adultos con diabetes tipo 2 y enfermedad hepática, el núcleo del tratamiento debe ser la modificación del estilo de vida, con un programa estructurado de nutrición y actividad física regular, sin dejar de considerar el uso de fármacos cuando sea necesario.

Ilustración del hígado, vesícula biliar y estómago, con una red de vasos sanguíneos azules y conductos verdes ramificándose.
Diversos estudios han demostrado que el ejercicio aeróbico y el de fuerza logran reducir la grasa intrahepática en niveles similares. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Metaanálisis sobre combinación de modalidades

Un metaanálisis reciente de 43 ensayos clínicos identificó que la combinación de ejercicio aeróbico y de fuerza es la opción más equilibrada en cuanto a beneficios: mejora el colesterol total, los triglicéridos y el LDL, y se asocia con mayor reducción de la grasa hepática.

Mayo Clinic, en su sección de autocuidado para enfermedad hepática, subraya que el ejercicio regular no solo ayuda a perder peso, sino que también puede reducir la grasa hepática y prevenir la fibrosis antes de que ocurra una pérdida de peso considerable.

Recomienda un mínimo de 150 minutos semanales de actividad moderada, combinando caminatas, natación, ciclismo o ejercicios de fuerza sencillos e integrables en la vida cotidiana.

Recomendaciones adicionales

La World Gastroenterology Organisation sugiere incorporar dieta y ejercicio en todos los pacientes con hígado graso, promoviendo tres a cuatro sesiones de ejercicio moderado por semana, orientadas a lograr una frecuencia cardiaca del 60 al 75 % de la máxima según la edad, y fijando como meta la reducción gradual del peso corporal entre un 5 y un 10 %.

En materia de seguridad, las instituciones aconsejan una evaluación médica previa al incrementar la intensidad del ejercicio, principalmente en personas con factores de riesgo cardiovascular.

El ejercicio moderado, como caminar, es seguro y recomendable incluso para pacientes con enfermedad hepática avanzada, siempre que se adapte la intensidad y el tipo de actividad.

Infografía sobre hígado graso con ilustraciones de un hígado, comida saludable, una persona corriendo, un médico, una balanza y personas caminando.
Hígado graso: recomendaciones de la Organización Mundial de Gastroenterología. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Adherencia a largo plazo

El mensaje común de todas las guías es evitar el sedentarismo y alcanzar una dosis suficiente de actividad física, ya sea aeróbica, de fuerza o combinada.

Cada modalidad aporta ventajas específicas, por lo que la elección debe basarse en la sostenibilidad y en las preferencias individuales más que en diferencias mínimas de biomarcadores.

Las recomendaciones de EASL, AASLD, ADA, Mayo Clinic y otras instituciones reconocidas coinciden: ambos tipos de ejercicio son válidos y complementarios.

El mejor programa es el que el paciente puede mantener a largo plazo, adaptado a su estado clínico y gusto personal, con acompañamiento profesional.

La integración de ejercicio aeróbico y de fuerza, sumando al menos 150 minutos semanales de actividad física, representa la mejor estrategia para mejorar la salud hepática y metabólica en personas con hígado graso.

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