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Por qué la escolta escolar inventada en el porfiriato tenía seis alumnos y cómo se modernizará

La ceremonia de todos los lunes en las escuelas tendrá un cambio drástico a partir del próximo ciclo escolar

Jóvenes estudiantes con uniforme escolar realizan una ceremonia cívica en un patio, un alumno entrega una bandera mexicana a otro estudiante, varios alumnos observan.
Estudiantes de la Escuela Secundaria Técnica 12 participan en la ceremonia de cambio de escolta, donde un alumno abanderado entrega la bandera nacional a la nueva guardia. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Cada lunes, en patios de miles de escuelas públicas de México, seis alumnos cargan la bandera nacional mientras el resto del plantel guarda silencio. Ese número no es arbitrario: replica la guardia de los seis cadetes del Colegio Militar que murieron defendiendo el Castillo de Chapultepec frente al ejército estadounidense en 1847. A partir del ciclo escolar 2026-2027, la SEP rompe con el criterio que durante más de un siglo determinó quién ocupaba esos lugares.

Seis cadetes, seis lugares

Niños de escolta con uniforme, banda roja y guantes blancos rinden honores a la bandera de México. Fondo con edificio escolar y más alumnos.
La escolta de la Escuela Primaria Benito Juárez, integrada por alumnos con uniformes y banda roja, rinde honores a la bandera nacional de México en el patio escolar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Juan de la Barrera, Agustín Melgar, Francisco Márquez, Fernando Montes de Oca, Vicente Suárez y Juan Escutia tenían entre 14 y 20 años cuando murieron en Chapultepec el 13 de septiembre de 1847. Son los llamados Niños Héroes. Porfirio Díaz era oaxaqueño, nacido en 1830, prácticamente contemporáneo de esos cadetes.

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La versión más extendida en la historia oficial sostiene que ya en la presidencia, Díaz instruyó a las autoridades educativas para que cada primaria y secundaria del país formara una escolta de exactamente seis alumnos —uno por cada caído— encargada de rendir honores a la bandera cada lunes. El número replicaba de forma deliberada aquella guardia juvenil.

Durante el Porfiriato fue una reorganización profunda de la educación pública, con las ceremonias cívicas como eje del proyecto nacionalista. En 1905, Justo Sierra encabezó la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes. En ese contexto, la bandera, el Himno Nacional y los héroes de la historia oficial se convirtieron en pilares del aula.

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El promedio como filtro de la escolta escolar

Infografía que presenta una escolta escolar de estudiantes desfilando con la bandera de México, acompañada de secciones sobre sus funciones y valores.
Una infografía detalla las funciones y los valores formativos que las escoltas escolares promueven en México, con foco en el civismo y la disciplina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Desde que la escolta se instaló como práctica escolar, el lugar en la formación quedó reservado a los alumnos con el mejor promedio del salón. En primaria, particularmente en sexto grado, esos seis espacios eran el reconocimiento visible al rendimiento académico. Portar la bandera era un premio.

El problema estaba en lo que ese premio medía. El promedio capturaba, sin reconocerlo, la desigualdad de origen: el alumno con tiempo para estudiar, con acceso a libros y con padres letrados partía con ventaja frente al que trabajaba fuera del horario escolar o cuya primera lengua era indígena. La escolta convertía esa ventaja acumulada en mérito individual y la exhibía cada lunes frente a toda la escuela.

El sistema educativo del Porfiriato estaba pensado para formar una élite dirigente. El conocimiento medible y verificable era el único reconocido. La escolta, en ese esquema, era coherente con su tiempo.

La SEP elimina el criterio de promedio

Porfirio Díaz
Durante el Porfiriato, las ceremonias cívicas se convirtieron en eje del proyecto nacionalista en las escuelas públicas. En 1905, Justo Sierra encabezó la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, el organismo que consolidó la bandera y el Himno Nacional como pilares del aula mexicana. Foto: Mediateca INAH

La Autoridad Educativa Federal en la Ciudad de México actualizó la Guía Operativa para la Organización y Funcionamiento de los Servicios de Educación Básica de Escuelas Públicas. El documento establece que, a partir del ciclo 2026-2027, la integración de la escolta se realizará bajo un esquema rotativo y deberá atender principios de “igualdad, inclusión, participación y no discriminación”.

El cambio no elimina la escolta ni modifica los honores a la bandera. Lo que desaparece es el promedio como condición de acceso. Cada plantel determinará cómo organizar la rotación, pero el criterio académico deja de ser el factor exclusivo.

La modificación aplica por ahora a las escuelas públicas de educación básica de la Ciudad de México, no a todos los planteles del país. El ciclo escolar 2026-2027 arranca el 31 de agosto de 2026 y concluye el 9 de julio de 2027.

Una ceremonia, no un premio

La SEP argumenta que la actividad cívica no debe entenderse como un reconocimiento individual sino como una experiencia formativa para toda la comunidad escolar. El modelo que se adopta en primaria y secundaria ya existía en preescolar, donde la Guía Operativa anterior contemplaba que todos los alumnos de tercer grado tuvieran la posibilidad de participar de forma rotativa.

El debate entre padres de familia e instituciones académicas acompaña el anuncio. Hay quienes ven en el cambio una pérdida del incentivo que representaba la escolta para el esfuerzo académico. Hay quienes señalan que ninguna ceremonia cívica debería funcionar como filtro de exclusión.

Los seis lugares siguen ahí. Lo que cambia es quién puede ocuparlos.

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