Hallan los restos de “Yatzil”, joven maya, en el cenote Yaakun de Playa del Carmen

El INAH identifica a “Yatzil”, posible mujer antigua, en un cenote de Quintana Roo

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Un buzo con linterna en un entorno subacuático. El rayo de luz ilumina ramas y árboles sumergidos. En la esquina inferior derecha se ve el logo de INAH
Inmersión en el cenote Yaakun. (INAH)

En el cenote Yaakun de Playa del Carmen, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) identifican los restos de una posible mujer antigua, bautizada como Yatzil.

El hallazgo ocurre a finales de 2025, cuando custodios del sitio y buzos técnicos reportan la presencia de materiales culturales sumergidos.

El descubrimiento motiva la creación de un proyecto de investigación enfocado en preservar este contexto arqueológico y evitar su alteración o saqueo.

La Subdirección de Arqueología Subacuática lidera la iniciativa, subrayando que la conservación depende tanto de la ciencia como de la participación comunitaria.

El análisis inicial determina que los restos óseos corresponden a una joven, de sexo femenino, con edad estimada entre 18 y 25 años.

García García explica que el nombre “Yatzil”, sugerido por los guardianes del cenote, proviene del maya y significa “persona amada”.

El cenote se llama “Yaakun”, que puede traducirse como “amar”, y de ahí la relación entre ambos nombres.

La protección del sitio y el estudio cuidadoso de los materiales buscan garantizar que la información sobre las antiguas culturas de la región perdure para las próximas generaciones.

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Proyecto de conservación en el cenote Yaakun: orígenes y objetivos

La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, sostiene que “cada hallazgo arqueológico que logramos proteger gracias a la colaboración de las comunidades fortalece nuestro conocimiento sobre las culturas que habitaron este territorio y reafirma que el patrimonio es una responsabilidad compartida”.

La funcionaria recalca la importancia de mantener íntegros los contextos arqueológicos sumergidos.

El reporte inicial sobre los elementos culturales en el cenote Yaakun es realizado por los custodios del lugar, quienes reciben la información de buzos técnicos.

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Tras evaluar mapas de georreferenciación y datos aportados, el equipo de la Subdirección de Arqueología Subacuática decide llevar a cabo un trabajo de campo especializado.

Durante cinco días de inmersiones, el arqueólogo subacuático Gustavo García García desciende entre los 42 y 53 metros de profundidad.

Allí identifica dos zonas arqueológicas bien diferenciadas: una con vasijas cerámicas y otra con restos óseos humanos. Ambas áreas están separadas por unos 30 metros.

Vista aérea de un cenote rodeado de vegetación densa, con agua oscura, paredes rocosas, plantas con hojas púrpuras en primer plano y cielo azul con nubes
Panoramica del cenote Yaakun. (INAH)

Metodología y hallazgos: trabajo de campo en Yaakun

El levantamiento fotogramétrico permite registrar con precisión la ubicación de los elementos. El equipo formaliza así el Proyecto de Investigación Cenote Yaakun, avalado por el Consejo de Arqueología del INAH.

La iniciativa tiene como propósito evitar la descontextualización, alteración y saqueo de los materiales.

Se implementan medidas como la colocación de un cerco para delimitar ambas zonas y se exhorta a los grupos de buceo a no manipular ni extraer piezas.

Los dueños del terreno colaboran activamente en la vigilancia y protección del sitio.

García García enfatiza que los custodios del cenote son los principales interesados en la conservación del patrimonio.

Buceador con máscara y equipo de buceo, escribiendo en libreta bajo el agua con lápiz. Flotan tanques de buceo y restos de madera en agua oscura
Registro de una de las vasijas a 43 m de profundidad. ( Gustavo García SAS-INAH)

Características y preservación de los restos

El cenote Yaakun presenta profundidades superiores a 80 metros.

Según narra García García, los materiales arqueológicos se encuentran en una caída diagonal: al norte, entre 42 y 46 metros, se localizan los huesos de Yatzil junto con restos de un animal; mientras que al sur, entre 46 y 53 metros, se hallan tres ollas globulares, probablemente de uso doméstico.

El arqueólogo advierte que “varios elementos se encuentran en su posición original; sin embargo, algunos fragmentos del cráneo humano fueron removidos”.

Por esta razón, insiste en la necesidad de preservar los contextos in situ y de contar con la colaboración de los buceadores y la comunidad para evitar daños futuros.

Durante la primera temporada de campo, los especialistas no recuperan muestras óseas, limitándose a extraer un fragmento de cerámica para su análisis.

García García detalla que, según las características observadas, el material cerámico podría asociarse con la cultura maya de la Costa Oriental, posiblemente del periodo Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.).

Cráneo humano incompleto y restos óseos sobre el lecho marino con una escala de medición; el agua contiene partículas suspendidas
Cráneo de un posible individuo femenino nombrado Yatzil. ( Gustavo García SAS-INAH)

Análisis antropológico y perspectivas de investigación

De acuerdo con el antropólogo físico de la Subdirección de Arqueología Subacuática, Salvador Isab Estrada, en el análisis osteobiológico se identifican húmeros, radios, fémures, tibias, pelvis y la porción izquierda de la mandíbula, con tres molares conservados.

La falta de desgaste dental y la pérdida premolar sugieren que los restos pertenecen a una joven adulta.

La obtención de una muestra dental, prevista para una próxima temporada de campo, permitirá buscar ADN bien preservado y determinar la filiación cultural y cronología precisa.

Este hallazgo destaca por el buen estado de conservación de los materiales, favorecido por la temperatura, la luz y la profundidad del agua, y por el potencial de aportar información relevante sobre la ocupación humana prehispánica en la región.

El cenote y sus contextos quedarán inscritos en el Atlas Arqueológico de Cuevas y Cenotes de la Península de Yucatán.

Restos óseos humanos, sedimento, roca y agua. Se observan un hueso de la pelvis y fémures. En el ángulo inferior derecho aparece el logo del INAH
Restos óseos localizados al interior del cenote Yaakun. ( Gustavo García SAS-INAH)

Participación comunitaria y compromiso institucional

Los investigadores recalcan la fragilidad de estos contextos y la necesidad de protegerlos de la intervención humana.

“La idea es que se preserven in situ y que la comunidad y los grupos de buceo nos apoyen a protegerlos”, insiste García García, subrayando la colaboración entre especialistas y habitantes locales.

Con estas acciones, el INAH reafirma su compromiso con la investigación científica formal y la defensa de los sitios sumergidos en Quintana Roo.

“La investigación científica y la participación social son fundamentales para conservar estos contextos íntegros y legarlos a las futuras generaciones”, reitera Curiel de Icaza.

Fragmento de vasija o canaleta de cerámica, junto a dos objetos alargados sumergidos, en un lecho marino con arena y sedimentos
Vasija de cerámica localizada a 43 m de profundidad en el cenote Yaakun. ( Gustavo García SAS-INAH)

El caso de Yatzil ilustra cómo la combinación de métodos científicos y la cooperación comunitaria puede contribuir a proteger y entender el patrimonio subacuático mexicano.

El proceso continúa, a la espera de nuevas temporadas de investigación que permitan conocer más sobre la historia de las personas que habitaron la península hace siglos.

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