Espita, la “Atenas de Yucatán” que recibe turistas sin perder su esencia maya y colonial

A menos de una hora de Valladolid, Espita reúne arquitectura franciscana, vestigios prehispánicos, cenotes poco concurridos y platillos que casi no salen del municipio

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Iglesia de piedra con dos torres y decoración colorida en la fachada. Palmeras, edificios, mototaxis, personas y cielo nublado
Espita fue declarado Pueblo Mágico en junio de 2023 y lleva siglos acumulando capas de historia, desde su origen prehispánico en la provincia de los Cupules hasta el auge henequenero del siglo XIX que le valió el apodo de “La Atenas de Yucatán”. (Visit México)

A menos de una hora de Valladolid, este Pueblo Mágico del nororiente de Yucatán concentra arquitectura franciscana, cenotes poco transitados, gastronomía propia y zonas arqueológicas mayas que los circuitos turísticos convencionales no incluyen en sus rutas.

Su nombre lo dice todo: X pit há, que en maya significa “lugar de poca agua”. Espita fue declarado Pueblo Mágico en junio de 2023 y lleva siglos acumulando capas de historia, desde su origen prehispánico en la provincia de los Cupules hasta el auge henequenero del siglo XIX que le valió el apodo de “La Atenas de Yucatán”.

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Hoy recibe una fracción de los visitantes que saturan Mérida, Valladolid o Tulum, lo que lo convierte en una de las pocas experiencias auténticas que quedan en la península.

Historia que se lee en las piedras y en un obelisco

Espita fue encomienda española desde 1565 y escenario de combates durante la Guerra de Castas en 1848, cuando cayó en manos de los indígenas mayas. En el centro del pueblo, una glorieta alberga un obelisco que recuerda a los 15 espiteños que enfrentaron el conflicto armados con machetes y hachas.

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El fin del conflicto abrió paso a un auge cultural y económico impulsado por el henequén. De esa época dorada quedó la antigua estación de ferrocarril, hoy reconvertida en la Casa de la Cultura “La Atenas de Yucatán”, que conserva su diseño arquitectónico original, sus puertas, ventanales y los rieles parcialmente cubiertos por vegetación frente a la fachada.

El centro histórico: cinco siglos en pocas cuadras

El corazón de Espita se recorre a pie en pocas horas. La parroquia franciscana de San José, reconstruida en el siglo XVIII tras varios incendios, domina la plaza con sus torres de gran altura y fachada de piedra. Durante la Revolución, el templo funcionó como cuartel militar y los pobladores escondieron la imagen del Niño Dios en sus casas para protegerla.

A su alrededor, el ex convento franciscano del siglo XVI, el Palacio Municipal y el Parque Melchor Ocampo con su quiosco y laureles forman un primer cuadro de casonas coloniales con arquería y herrería que se mantiene casi intacto.

El Mercado Municipal Juan José Méndez, construido en 1906, cierra el conjunto. Con techos altos, balcones de herrería y arcos de piedra, es el lugar donde la vida cotidiana del pueblo se vuelve visible para el visitante.

Un camino de tierra flanqueado por árboles y arbustos de hojas verdes. El cielo claro es visible entre las copas
A 25 km del pueblo, las ruinas de Tahcabo presentan un montículo maya sin restaurar con más de 2.500 años de antigüedad, un cenote y un museo comunitario con piezas del sitio. (Visit Yucatán)

Cenotes, ruinas mayas y una hacienda con agua subterránea

Un hombre y una mujer con vestimenta ceremonial posan en una cueva con agua. El hombre sostiene una antorcha encendida. La mujer lleva un vestido estampado
El cenote Dzonotoch es semiabierto y alberga formaciones de estalactitas y estalagmitas en sus grutas interiores. (Visit Yucatán)

El municipio de Espita registra 13 cenotes. El cenote Dzonotoch es semiabierto y alberga formaciones de estalactitas y estalagmitas en sus grutas interiores. El K’ankabá, ubicado dentro de una gruta, tiene aguas azules aptas para buceo y baño.

La Hacienda Kankabá, antigua finca henequenera, fue restaurada como parador turístico y hotel. Incluye una casona colonial y acceso al cenote que abastecía la hacienda original.

A 25 km del pueblo, las ruinas de Tahcabo presentan un montículo maya sin restaurar con más de 2.500 años de antigüedad, un cenote y un museo comunitario con piezas del sitio. Para quienes buscan arqueología a mayor escala, la zona de Ek Balam —con su pirámide Acrópolis escalable y selva circundante— se encuentra a entre 35 y 45 minutos en auto.

Una gastronomía que no viaja a otros menús

Sendero de grava con rocas en los bordes. Dos personas caminan, una mujer con sombrero y vestido largo, un hombre con camisa blanca, pantalones cortos y bolso. Vegetación densa
Una pareja camina de la mano por un sendero de grava en medio de una densa vegetación tropical. (Visit Yucatán)

La cocina de Espita comparte con el resto de Yucatán sus panuchos, salbutes y cochinita pibil, pero tiene platos que no se consiguen fuera del municipio.

El Kots’ob es un tamal elaborado en hoja de xmakulán —conocida también como hoja santa— relleno de ibes y pepita molida, preparación de origen hacendado que las familias tradicionales siguen haciendo. El Xupik es un mole a base de chiles y tomates, y el mondongo a la Cornelia se diferencia del resto por llevar tomates y cebollas asadas que le dan un perfil de sabor propio.

El mercado Juan José Méndez es el punto de partida para probarlos todos.

Manos sujetan cubiertos sobre un plato de Gulai. Al lado hay arroz amarillo, rebanadas de pan, un vaso de jugo, tomate, ajo, hojas verdes y chiles
La cocina de Espita comparte con el resto de Yucatán sus panuchos, salbutes y cochinita pibil, pero tiene platos que no se consiguen fuera del municipio. (Visit Yucatán/Fomento turistico de Yucatán)

Cómo llegar y cuándo ir

Desde Valladolid, el trayecto en auto es de aproximadamente una hora por la carretera MEX-180 en dirección a Tizimín, con conexión norte hacia Calotmul y luego a Espita. Desde Tizimín, la distancia se reduce a unos 28 km por la MEX-295, con un recorrido de unos 35 minutos.

Quienes viajan en transporte público pueden tomar colectivos desde Valladolid o Tizimín hasta Calotmul y completar el tramo final en taxi o colectivo local. Desde Mérida, el viaje en auto toma entre 2,5 y 3 horas.

La mejor época para visitar es de noviembre a marzo, cuando las temperaturas son más frescas. La celebración más convocante del año es la Fiesta del Niño Dios, del 19 al 26 de diciembre, con vaquerías, jarana yucateca y corridas de toros con la tradición de la vaquería local. El acceso al pueblo es gratuito; la mayoría de los comercios opera de 9:00 a 20:00 horas y se recomienda llevar efectivo en billetes pequeños.

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