Hígado graso: estos son los factores de riesgo que aumentan la enfermedad más allá de la obesidad y la diabetes

El hígado graso es una de las enfermedades hepáticas más frecuentes en México y puede avanzar sin síntomas evidentes hasta etapas tardías.

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Un collage muestra a un hombre tocándose el hígado, un hígado graso contrastado con uno sano, una persona obesa comiendo comida chatarra y otra joggeando con comida saludable.
Existen diversos factores de riesgo que incrementan la probabilidad de desarrollar esta condición. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El hígado graso es una de las enfermedades hepáticas más frecuentes en México y suele avanzar sin síntomas evidentes hasta etapas tardías.

Aunque la obesidad y la diabetes son causas conocidas, existen otros factores que también incrementan la posibilidad de desarrollar esta afección.

Hábitos alimenticios, sedentarismo, predisposición genética y hasta ciertos medicamentos pueden incidir en la salud del hígado. Identificar estos riesgos es clave para prevenir complicaciones y atender el problema a tiempo.

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Ilustración 3D de un hígado graso dañado con depósitos amarillos y naranjas e inflamación. Líneas azules transparentes lo rodean sobre fondo negro.
Este padecimiento puede desarrollarse en silencio y descubrirse en análisis o estudios de imagen; por eso conviene atender malestares persistentes y revisar antecedentes familiares, medicamentos y cambios bruscos de peso. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuáles son otros factores de riesgo que incrementan el riesgo de tener hígado graso

Además de la diabetes y la obesidad, existen otros factores que incrementan el riesgo de desarrollar hígado graso (esteatosis hepática), tal como señala información de la Clínica Universidad de Navarra:

  • Resistencia a la insulina: Aun sin diabetes diagnosticada, la resistencia a la insulina favorece la acumulación de grasa en el hígado.
  • Síndrome metabólico: Incluye presión arterial alta, niveles elevados de triglicéridos y bajo colesterol HDL.
  • Sedentarismo: La falta de actividad física regular contribuye a la acumulación de grasa en el hígado.
  • Dieta alta en azúcares y grasas saturadas: El consumo frecuente de refrescos, pan dulce, comida ultraprocesada y grasas animales está vinculado al hígado graso.
  • Consumo excesivo de alcohol: Aunque el hígado graso no alcohólico se distingue precisamente por la ausencia de consumo excesivo, el alcohol sigue siendo un factor de riesgo relevante.
  • Pérdida rápida de peso: Bajadas bruscas de peso pueden alterar el metabolismo y favorecer el depósito de grasa en el hígado.
  • Genética y antecedentes familiares: Tener familiares con hígado graso o enfermedades hepáticas aumenta el riesgo.
  • Trastornos hormonales: Como el hipotiroidismo, síndrome de ovario poliquístico y apnea del sueño.
  • Uso de ciertos medicamentos: Algunos fármacos, como los corticosteroides, tamoxifeno o algunos antirretrovirales, pueden favorecer el desarrollo de hígado graso.
Infografía sobre hígado graso en México. Muestra un hígado resaltado en un torso, un mapa de México y paneles con datos de prevalencia, vínculo con diabetes y obesidad.
Un gráfico informativo ilustra que el 64% de los adultos mexicanos padece hígado graso, destacando su preocupante relación con la obesidad y la diabetes tipo 2 como un grave problema de salud pública. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los síntomas que pueden alertar sobre la presencia de hígado graso

El hígado graso suele avanzar de manera silenciosa, pero algunos síntomas pueden alertar sobre su presencia, especialmente cuando la enfermedad progresa:

  • Cansancio o fatiga persistente: Sensación constante de falta de energía sin causa aparente.
  • Molestias o dolor en la parte superior derecha del abdomen: Puede ser una molestia leve o sensación de pesadez bajo las costillas.
  • Pérdida de apetito: Disminución del interés por comer o sensación de saciedad rápida.
  • Náuseas: Malestar estomacal frecuente, a veces acompañado de vómito.
  • Pérdida de peso involuntaria: Adelgazamiento sin cambios en la dieta o el ejercicio.
  • Inflamación abdominal: Hinchazón o aumento de volumen en el abdomen.
  • Coloración amarilla en piel y ojos (ictericia): Aparece en etapas avanzadas si hay daño hepático importante.

En muchos casos, el hígado graso no provoca síntomas al inicio y solo se detecta mediante análisis de sangre o estudios de imagen. Por eso, es importante acudir al médico ante cualquier malestar persistente y, sobre todo, si existen factores de riesgo.

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