Rubén Albarrán pide detener el fracking en México: “no lo queremos ni aquí, ni allá ni en ningún lado”

Organizaciones ambientales se han declarado completamente en contra de esta práctica

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Rubén Albarrán frente a un pozo petrolero en un desierto árido al atardecer, con un cielo naranja rojizo. Él levanta su mano derecha.
Imagen realizada con IA

En los últimos años, el tema del fracking ha regresado al centro del debate energético y ambiental en México, más recientemente porque la presidenta Claudia Shienbaum anunció que su gobierno buscaría volver a esta práctica luego de que su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, la prohibiera.

Actualmente, el país importa entre el 70 y 75 por ciento del gas natural que consume principalmente desde Texas, extraído precisamente mediante fracking. Sin embargo, eso no es soberanía, a consideración de la mandataria, por lo que lo ideal sería, dentro de su planteamiento, que México deje de importar sino que ahora lo produzca. ¿Cómo? Mediante fracking.

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Pero esta práctica se detuvo por una razón: el daño inminente que ocasiona en el medio ambiente. En principio, por eso habría dejado de realizarse, porque más que ayudar, perjudicaba de manera increíble al suelo y a los mantos acuíferos.

Organizaciones ambientales del todo el mundo se han declarado completamente en contra de esta práctica y han defendido que México no la realice, sin mebargo, eso podría cambiar.

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No obstante, en abril, la presidenta Claudia Sheinbaum dio una sorpresiva noticia: México le abre la puerta al fracking, pero no el convencional, sino uno sustentable, según sus promesas. Para ello, convocó a un grupo de expertos de distintas universidades mexicanas, entre ellas la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) para que realicen la investigación que permita determinar si en México se puede o no hacer fracking sustentable.

(Captura de pantalla)
(Captura de pantalla)

Respuesta de organizaciones ambientalistas y Rubén Albarrán

Desde la perspectiva de la Alianza Mexicana Contra el Fracking, “el fracking debe prohibirse, no regularse o gestionarse”. Su postura es tajante frente a la narrativa oficial que busca enmarcar el tema como una cuestión técnica sobre soberanía energética y producción de gas.

La organización sostiene que “no hay ‘fracking sustentable’, ni ‘fracking responsable’, ni maquillaje tecnológico” capaz de revertir la evidencia científica acumulada sobre los impactos negativos de esta técnica.

En ese contexto surgió el reciente posicionamiento de Rubén Albarrán, vocalista de Café Tacvba, en donde rechaza el uso del fracking en México. A través de un video difundido por la organización Alianza Mexicana Contra el Fracking el músico sostuvo que esta técnica representa un ecocidio y reitera su oposición de manera categórica: “No queremos fracking ni aquí, ni allá, ni en ningún lugar, ni hoy, ni mañana, nunca”.

Albarrán advierte que la humanidad atraviesa un momento crítico y que todos los esfuerzos deben dirigirse a cuidar al mundo. “Todos nuestros esfuerzos se deberían de encaminar a cuidar nuestra casa, nuestro planeta”, subrayó el autor de “Las Flores”.

El músico expresó su apoyo a las comunidades que se oponen al fracking en la Huasteca Potosina, Veracruz y Coahuila y subrayó que estas luchas no están solas y reconoce la resistencia de quienes buscan defender su territorio.

Rubén Albarrán pide detener el fracking

Rechazo total al fracking

El fondo de la disputa sobre si México debe practicar fracking, aseguran los ambientalistas, radica en si realmente existe un interés gubernamental por deliberar el futuro energético del país, o si solo se intenta legitimar “una decisión fósil ya encaminada” mediante un proceso que aparenta ser científico.

Alertan que “presentarlo como una discusión de especialistas, aislada de sus consecuencias sociales y ambientales, es una forma de despolitizar una decisión que jamás ha sido neutral”.

La discusión pública no puede, según Alianza Mexicana Contra el Fracking, partir de la premisa de que México necesita más gas y que solo resta decidir cómo producirlo. Cuestionan abiertamente el supuesto de que ampliar la infraestructura gasífera representa soberanía energética. Por el contrario, advierten que profundizar la extracción fósil “ha contaminado territorios, comprometido fuentes de agua, impuesto riesgos a comunidades enteras y retrasado una transición energética real y justa”.

En resumen, la respuesta ambientalista es clara: el verdadero debate no es técnico ni se agota en promesas tecnológicas de la industria. La reapertura del fracking, subrayan, contradice los compromisos constitucionales e internacionales de México en materia de derechos humanos y protección ambiental. El país, afirman, necesita una ruta para dejar atrás la dependencia a los combustibles fósiles, no una nueva justificación para profundizarla.

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