La automedicación y el limitado acceso a la salud agravan la polifarmacia en adultos mayores: familias gastan hasta 60% en medicinas

Ante este fenómeno la prevención y la consulta periódica con un médico de cabecera se vuelven herramientas esenciales

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Una persona mayor con cabello gris y rostro arrugado está sentada frente a una mesa de madera. Sobre la mesa hay numerosos frascos y cajas de medicamentos de diferentes colores.
Una persona adulta mayor con cabello canoso y piel arrugada, sentada sola en una mesa, mira con preocupación una gran cantidad de frascos y cajas de medicamentos desparramados frente a ella. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El consumo de múltiples medicamentos entre la población de adultos mayores se ha convertido en una práctica frecuente en México. Esta tendencia responde a la presencia de enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión, que requieren tratamientos constantes.

La situación se agrava para quienes carecen de acceso a servicios de salud, ya que el gasto en fármacos puede representar hasta el 60% de los ingresos familiares.

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No todas las personas disponen de seguridad social. En estos hogares, la compra de medicinas se convierte en una carga económica considerable, especialmente cuando deben adquirirlos fuera del sistema público por desabasto. La polifarmacia, definido como el uso simultáneo de más de cinco medicamentos, no solo afecta a quienes tienen padecimientos graves, sino también a quienes se automedican ante síntomas leves.

La investigadora de la UNAM, Eufemia Basilio Morales, advirtió que este fenómeno puede ser adecuado si existe supervisión médica, pero resulta riesgosa cuando las personas recurren al tratamiento por cuenta propia

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“Siempre que sea posible, el consumo de medicamentos debe realizarse bajo receta médica. No deberíamos automedicarnos”, recomendó.

Polifarmacia y sus repercusiones en adultos mayores

El grupo más afectado por la polifarmacia son las personas de la tercera edad, quienes suelen enfrentar diversas condiciones de salud asociadas a esta etapa de la vida. Sin embargo, el uso frecuente de medicamentos también se observa entre jóvenes, sobre todo por problemas mentales como ansiedad e insomnio, y en mujeres, afectadas por cuestiones hormonales o sobrecarga de responsabilidades.

La comunidad femenina se ve particularmente afectada, ya que la combinación de trabajo, hogar y otras actividades genera un desgaste emocional que puede desembocar en enfermedades como colitis, gastritis o depresión. Muchas veces, los síntomas se ocultan o se minimizan por la automedicación, lo que puede llevar a que los padecimientos se vuelvan crónicos.

El acceso irregular, provocado por desabasto o largas esperas en sistemas públicos como el IMSS o el ISSSTE, obliga a muchas familias a acudir a servicios privados, elevando todavía más los costos.

Ilustración de un adulto mayor con cabello gris sentada en una mesa, organizando pastillas en un pastillero semanal y anotando en una libreta junto a cajas de medicamentos.
Una persona adulta mayor de piel clara y cabello gris organiza cuidadosamente sus medicamentos en un pastillero semanal mientras anota en una libreta, rodeada de cajas de medicinas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ante este panorama, la prevención y la consulta periódica con un médico de cabecera se vuelven herramientas esenciales. Adoptar hábitos saludables, controlar el peso y cumplir con los esquemas de vacunación son prácticas recomendadas para evitar complicaciones y reducir la dependencia de fármacos.

La académica de la UNAM manifestó que la polifarmacia no es solo un reto individual, sino un fenómeno social vinculado al envejecimiento poblacional y a la desigualdad en el acceso a las instituciones sanitarias.

Para enfrentar este desafío, se considera indispensable mejorar la prescripción médica y fortalecer el sistema de atención primaria, garantizando así que todas las personas puedan acceder a los tratamientos necesarios sin comprometer su bienestar económico.

Dietas recomendadas para adultos mayores: claves para cuidar el corazón y la mente

La alimentación de los adultos mayores requiere un enfoque integral que considere tanto la variedad de comida como la frecuencia y la combinación en que se consume.

Todas las dietas recomendadas para este grupo deben alejarse de esquemas restrictivos que prometen resultados rápidos, ya que estos pueden ocasionar carencias nutricionales, desequilibrios hormonales y problemas digestivos, según el Instituto Nacional de Geriatría (INGER).

Propuestas respaldadas por la investigación científica, como la dieta mediterránea, la DASH y la dieta MIND, fomentan la salud cardiovascular y cerebral al priorizar el consumo de verduras, frutas, legumbres, pescado, cereales integrales y grasas saludables como el aceite de oliva. En el caso específico de México, la dieta de la milpa rescata ingredientes tradicionales como el maíz, el frijol y la calabaza, integrando alimentos frescos y variados.

Por el contrario, los regímenes de moda, suelen eliminar grupos alimenticios esenciales, lo que puede derivar en déficits de vitaminas, pérdida de masa muscular y un efecto rebote tras la suspensión.

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