Esto le pasa a tu corazón cuando abusas del refresco y las grasas: los principales responsables de la crisis de salud en México

Una comida alta en grasas puede deteriorar vasos sanguíneos pequeños apenas dos horas después, según estudios en Canadá y Montreal que explican por qué el riesgo cardiovascular empieza mucho antes de subir de peso

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Ilustración de un corazón humano rodeado por patatas fritas, hamburguesas, refrescos, snacks y dulces, sobre un fondo gris liso.
Lo que ocurre dentro del cuerpo tiene una explicación biológica precisa. La comida ultraprocesada —alta en grasas saturadas, grasas trans industriales, sodio y azúcares añadidos— no solo engorda: altera el sistema circulatorio por al menos tres vías simultáneas (Imagen Ilustrativa Infobae)

México consume 166 litros de refresco por persona al año —el registro más alto del mundo— y en 2024 registró 192,563 muertes por enfermedades cardiovasculares, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). La Secretaría de Salud advierte que esta crisis “no era inevitable”: es el resultado directo de cuatro décadas de expansión de la comida chatarra y las bebidas azucaradas en la dieta nacional.

Lo que ocurre dentro del cuerpo tiene una explicación biológica precisa. La comida ultraprocesada —alta en grasas saturadas, grasas trans industriales, sodio y azúcares añadidos— no solo engorda: altera el sistema circulatorio por al menos tres vías simultáneas que, con el tiempo, desembocan en infarto, derrame cerebral o insuficiencia cardíaca.

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Qué le pasa al corazón cuando comes chatarra

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Las grasas trans industriales —presentes en margarinas, frituras empacadas y productos de panadería industrial— son aún más dañinas. Un estudio publicado en PMC/NIH demostró que elevan el LDL y, al mismo tiempo, reducen el colesterol de alta densidad (HDL), el que protege las arterias (Imagen Ilustrativa Infobae)

El primer mecanismo es lipídico. Las grasas saturadas elevan el colesterol de baja densidad (LDL), la fracción que se deposita en las paredes arteriales y forma placas. La American Heart Association (AHA) publicó en su revista Circulation que reducir las grasas saturadas y reemplazarlas con grasas poliinsaturadas reduce el riesgo cardiovascular en aproximadamente 30%, un efecto comparable al de los medicamentos con estatinas.

Las grasas trans industriales —presentes en margarinas, frituras empacadas y productos de panadería industrial— son aún más dañinas. Un estudio publicado en PMC/NIH demostró que elevan el LDL y, al mismo tiempo, reducen el colesterol de alta densidad (HDL), el que protege las arterias. Esa combinación duplica el daño al perfil lipídico y eleva el riesgo de enfermedad coronaria entre 21% y 34%, según una revisión de metaanálisis.

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El segundo mecanismo es inflamatorio. Las grasas trans activan marcadores de inflamación como la proteína C reactiva (PCR), el factor de necrosis tumoral alfa (TNFα) y la interleucina-6. En un ensayo clínico controlado, una dieta con 8% de energía proveniente de grasas trans industriales produjo una elevación de 3.4 veces en los niveles de PCR en apenas cinco semanas, según investigadores del National Institutes of Health (NIH).

El tercer mecanismo es endotelial. El endotelio es la capa interna de los vasos sanguíneos; cuando se daña, las arterias pierden elasticidad y el flujo sanguíneo se deteriora. Ese deterioro es la antesala de la aterosclerosis, la acumulación progresiva de placas que estrecha las arterias hasta obstruirlas.

El daño empieza antes de lo que se cree

Mujer rubia de mediana edad con blusa azul se agarra el pecho y el abdomen con dolor. Hay comida rápida y una imagen de arteria con colesterol.
Investigadores de la Universidad de Calgary presentaron en el Congreso Cardiovascular Canadiense evidencia de que, apenas dos horas después de consumir una comida alta en grasas, los vasos sanguíneos pequeños ya muestran deterioro funcional medible. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una de las conclusiones más contundentes de la literatura científica reciente es que el daño no espera años: comienza en horas.

Investigadores de la Universidad de Calgary presentaron en el Congreso Cardiovascular Canadiense evidencia de que, apenas dos horas después de consumir una comida alta en grasas, los vasos sanguíneos pequeños ya muestran deterioro funcional medible. Sus cifras de velocidad-tiempo integral (VTI) —indicador de flujo sanguíneo— cayeron entre 15% y 20% respecto a los días en que los participantes no habían desayunado chatarra.

El Centro ÉPIC del Instituto de Cardiología de Montreal documentó, por su parte, que una sola comida chatarra basada en grasas saturadas reduce la dilatación arterial en un 24%. Ese efecto no ocurre tras una comida mediterránea con grasas poliinsaturadas.

A mediano plazo, el deterioro se acelera. Un estudio de la Universidad de Oxford publicado en septiembre de 2024 demostró que tres semanas y media de dieta alta en grasas saturadas elevan el colesterol total y el LDL en aproximadamente 10%, y aumentan la grasa acumulada en el hígado en cerca de 20%, sin que el peso corporal cambie de forma significativa. “Las grasas saturadas pueden comenzar a representar un riesgo para la salud cardíaca de forma silenciosa, muy rápidamente”, concluyó el equipo investigador.

A largo plazo —a lo largo de años o décadas— esas placas crecen, se endurecen y pueden romperse, desencadenando trombosis: el mecanismo directo del infarto de miocardio y el derrame cerebral.

Los refrescos: el producto más peligroso en el contexto mexicano

Primer plano de un hombre con camiseta azul sosteniendo una hamburguesa y una lata de refresco, rodeado de pizza, papas fritas, snacks y dulces
Un metaanálisis de 22 estudios prospectivos publicado en PMC/NIH en 2024, con datos de más de 1.2 millones de personas, confirmó que el consumo elevado de bebidas azucaradas se asocia con un 17% mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y un 23% mayor riesgo de cardiopatía coronaria (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dentro de los ultraprocesados, las bebidas azucaradas —refrescos, jugos industriales, bebidas energéticas— concentran la mayor evidencia de daño cardiovascular directo.

Un metaanálisis de 22 estudios prospectivos publicado en PMC/NIH en 2024, con datos de más de 1.2 millones de personas, confirmó que el consumo elevado de bebidas azucaradas se asocia con un 17% mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y un 23% mayor riesgo de cardiopatía coronaria. Ese mismo estudio, liderado por investigadores de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, identificó a los refrescos como el subgrupo de ultraprocesados con mayor riesgo cardíaco.

Cada porción diaria adicional de bebida azucarada eleva el riesgo cardiovascular entre 8% y 19%, dependiendo del estudio. Quienes consumen dos o más porciones al día tienen un 31% mayor riesgo de morir por enfermedad cardiovascular en comparación con quienes los consumen menos de una vez al mes, según un análisis de más de 100,000 participantes publicado en la misma base de datos.

El mecanismo es metabólico: el azúcar de alta fructosa —principal endulzante de los refrescos industriales— dispara la producción de grasa en el hígado, eleva los triglicéridos, promueve la resistencia a la insulina e inflama las arterias. Un estudio de Harvard publicado en febrero de 2024 añadió un dato que desmonta una creencia popular: el ejercicio no neutraliza el riesgo. Personas con niveles de actividad física superiores al promedio que consumían dos o más refrescos al día seguían teniendo un 21% mayor riesgo de enfermedad cardiovascular que quienes no los bebían.

México: 40 años de transformación alimentaria y sus consecuencias

Los alimentos ultraprocesados y su relación con prediabetes en jóvenes preocupa a investigadores estadounidenses
El subsecretario de Integración Sectorial de la Secretaría de Salud, Eduardo Clark, lo sintetizó en septiembre de 2025: “Esta crisis no era inevitable, es una crisis asociada a la epidemia del consumo de refrescos y comida chatarra en nuestro país”. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la década de 1980, menos del 10% de los adultos mexicanos padecía obesidad. Hoy, casi tres de cada cuatro adultos tienen sobrepeso u obesidad, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) Continua 2020-2023, publicada por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).

El subsecretario de Integración Sectorial de la Secretaría de Salud, Eduardo Clark, lo sintetizó en septiembre de 2025: “Esta crisis no era inevitable, es una crisis asociada a la epidemia del consumo de refrescos y comida chatarra en nuestro país”.

La ENSANUT 2020-2023 —encabezada por Simón Barquera, director del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del INSP— señala que en los últimos 40 años la dieta mexicana pasó de alimentos frescos y no procesados a productos ultraprocesados con alto contenido de azúcar, sal y grasa. Para 2016, el 23.1% de la energía total en la dieta de los mexicanos ya provenía de ultraprocesados, y las bebidas azucaradas eran la principal fuente de azúcares añadidos.

El consumo de 166 litros de refresco anuales por persona equivale a beber diariamente una botella de 600 mililitros con 15 cucharadas de azúcar, según la Secretaría de Salud. Siete de cada diez niños y adolescentes consumen refresco a diario, incluso en el desayuno, lo que contribuye a que cuatro de cada diez menores presenten sobrepeso u obesidad.

Las cifras del daño acumulado

El cuadro clínico nacional es grave. Según la ENSANUT Continua 2023 y el libro institucional del INSP Hacia entornos y sistemas alimentarios saludables y sustentables (2026):

74.5% de los adultos mexicanos tiene sobrepeso u obesidad

11% tiene diabetes (27.6% en adultos de 60 años o más)

17.4% padece hipertensión arterial

26.1% registra colesterol total elevado

49% presenta triglicéridos elevados

4.4% ya tiene enfermedad cardiovascular diagnosticada

Tener obesidad multiplica por 2.8 la probabilidad de desarrollar hipertensión y por 2.2 la de tener dislipidemia, según los datos ajustados de la ENSANUT.

De acuerdo con datos del INEGI y la ENSANUT citados por la Secretaría de Salud, uno de cada tres nuevos casos de diabetes y uno de cada siete nuevos casos de enfermedades cardiovasculares en México se atribuyen directamente al consumo de bebidas azucaradas.

El costo que paga el sistema de salud

Las consecuencias económicas son proporcionales a las clínicas. El subsecretario Clark precisó que los sistemas de salud mexicanos destinan cerca de 180,000 millones de pesos —aproximadamente USD 9,000 millones— al año para atender las consecuencias del sobrepeso, la obesidad, la diabetes y la hipertensión. El 40% de las consultas en unidades de medicina familiar del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) están vinculadas a estos padecimientos.

Quienes desarrollan estas enfermedades no solo enfrentan mayor mortalidad: pierden aproximadamente 10 años de vida saludable por complicaciones como hemodiálisis por insuficiencia renal, amputaciones o infartos, según la Secretaría de Salud. En 2024, las complicaciones diabéticas provocaron 27,000 amputaciones en el país.

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