El mal olor en las axilas que no desaparece con desodorante puede ser señal de una enfermedad

Detectar a tiempo la causa del mal olor corporal que no responde a la higiene facilita el diagnóstico de enfermedades o infecciones

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Un hombre con camiseta gris frunce el ceño y cierra los ojos mientras su mano izquierda está cerca de su axila levantada, sobre un fondo de taquillas.
Una evaluación médica oportuna ante mal olor corporal persistente ayuda a identificar enfermedades metabólicas, infecciosas o efectos de medicamentos antes de que avancen. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El mal olor axilar persistente que no responde a desodorantes puede ser un síntoma oculto de enfermedad.

Las recomendaciones de organismos de salud internacionales insisten en la importancia de una evaluación médica rigurosa cuando el olor corporal se vuelve refractario a los cuidados habituales.

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El diagnóstico adecuado permite detectar patologías metabólicas, infecciosas, farmacológicas o incluso psiquiátricas antes de que progresen.

Señales de alerta

Por recomendación de entidades oficiales de salud, los siguientes signos y síntomas deben considerarse señales de alarma cuando se presentan junto a mal olor axilar persistente:

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  • Aparición súbita de sudoración excesiva
  • Cambios repentinos en el olor axilar
  • Sudoración nocturna que afecta el sueño
  • Fiebre
  • Pérdida de peso inexplicable
  • Confusión

Las instituciones de salud recomiendan consultar a un profesional cuando el mal olor axilar no mejora con higiene adecuada y desodorantes.

La evaluación debe ser prioritaria si aparecen estas señales de alarma.

Infografía sobre el mal olor axilar que muestra a un hombre preocupado y una lista de seis síntomas de alarma y otros importantes, con íconos ilustrativos.
Infografía de Infobae detalla las señales de alarma y síntomas importantes asociados al mal olor axilar que requieren consulta médica, según recomendaciones de salud. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Enfermedades metabólicas y sistémicas asociadas

Distintos trastornos metabólicos pueden alterar la composición química del sudor y generar olores corporales inusuales.

La diabetes mellitus descompensada produce cuerpos cetónicos que otorgan al sudor un olor afrutado, considerado un síntoma de emergencia.

La insuficiencia renal avanzada provoca acumulación de urea, que, al ser degradada en la piel, produce un olor penetrante a amoníaco.

El fallo hepático causa la eliminación de compuestos azufrados responsables de un olor descrito como mohoso o a verduras cocidas.

Existen además enfermedades genéticas raras, como la trimetilaminuria, donde el olor a pescado podrido no responde a tratamientos cosméticos y requiere intervención especializada.

Cabe resaltar que en algunos pacientes, la bromhidrosis puede ser el primer y único síntoma visible de estos trastornos metabólicos o genéticos, por lo que una consulta temprana resulta esencial para el diagnóstico y el manejo oportuno.

Infecciones cutáneas, medicamentos y microbioma axilar

Las infecciones bacterianas en la axila, como el eritrasma producido por Corynebacterium minutissimum o la tricomicosis axilar, también son causas frecuentes de mal olor resistente a la higiene.

Estas condiciones suelen diagnosticarse con técnicas dermatológicas específicas y requieren tratamientos antibacterianos tópicos o sistémicos.

El uso prolongado de desodorantes y antitranspirantes puede modificar el equilibrio de bacterias en la piel, favoreciendo el crecimiento de microorganismos responsables de la bromhidrosis.

Además, ciertos medicamentos, como antidepresivos, hormonoterapia y algunos antibióticos, han sido identificados por organismos oficiales como inductores de hiperhidrosis y alteraciones en el olor corporal.

No debe pasarse por alto que, en ocasiones, el mal olor es atribuido erróneamente a causas externas, cuando en realidad es consecuencia directa de un efecto adverso de algún medicamento en curso.

Por ello, siempre es fundamental informar al médico sobre cualquier tratamiento farmacológico recibido.

Infografía con silueta humana y seis iconos de órganos y factores, explicando el olor corporal inusual como señal de diversas enfermedades y causas.
Cambios persistentes en el olor corporal pueden ser la primera alerta de trastornos metabólicos, infecciones cutáneas, o efectos adversos de medicamentos, requiriendo un diagnóstico oportuno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Abordaje diagnóstico y terapias especializadas

La evaluación médica frente a un mal olor axilar persistente comienza con una historia clínica detallada y una exploración física minuciosa.

Las guías clínicas internacionales recomiendan analizar el inicio, la duración y la evolución del síntoma, además de investigar el uso de medicamentos, antecedentes de enfermedades crónicas y factores psicológicos.

El diagnóstico puede requerir análisis de sangre, pruebas metabólicas, cultivos cutáneos, estudios genéticos y exámenes dermatológicos especializados, como el uso de lámpara de Wood para identificar infecciones bacterianas específicas.

En casos de sospecha de síndrome de referencia olfatoria, el enfoque debe ser multidisciplinario y considerar la derivación a salud mental.

El tratamiento depende de la causa identificada: puede incluir desde antibacterianos tópicos y antitranspirantes de prescripción, hasta procedimientos como la aplicación de toxina botulínica o intervenciones quirúrgicas.

La clave está en abordar el síntoma como un posible indicador de enfermedades subyacentes, siguiendo las recomendaciones de los organismos de salud para garantizar el bienestar integral del paciente.

El mal olor axilar persistente merece siempre una valoración médica cuidadosa. Detectar la causa a tiempo puede marcar la diferencia entre un problema limitado a la piel y una enfermedad que requiere tratamiento específico.

Consultar con profesionales y no subestimar las señales de alarma es fundamental para proteger la salud general.

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