
El neurofisiólogo Víctor Manuel Molina, de la Universidad Nacional Autónoma de México, sostiene que ver un partido de fútbol provoca una reacción neurológica directa en el cerebro, el cuerpo y el comportamiento del ser humano.
Sin embargo, de acuerdo por lo mencionado por el científico, este signo se presenta desde antes del silbatazo inicial mediante un proceso de proyección anticipatoria, la cual genera emociones en el aficionado mientras espera el comienzo del juego.
El especialista explica que los niveles de cortisol y dopamina aumentan a medida que se acerca el evento, preparando al organismo para el gran evento.
El sistema de recompensa

El apoyo a tu propio equipo y la posibilidad de que anote un gol activan el sistema de recompensa cerebral. Molina precisa que esto genera una sensación clara de satisfacción y placer, ya que provoca una mayor liberación de dopamina como ocurre en distintas experiencias placenteras de nuestra vida.
Dicho mecanismo ayuda a entender el gusto por presenciar el fútbol y la euforia que producen las victorias. Cuando el hincha siente el triunfo del equipo, lo vive como un éxito personal, lo que refuerza la afición y el deseo de volver a vivir la experiencia.
Estrés y ansiedad ante jugadas clave

En situaciones como tarjetas, penales o faltas, de acuerdo al neurofisiólogo de la UNAM, el cerebro comienza a percibir el riesgo como propio, por lo que las alarmas de peligro se activan y los niveles de cortisol se elevan al máximo, provocando reacciones como palpitaciones, sudoración y ansiedad.
Identidad y cohesión al ver partidos en grupo

La experiencia compartida también incrementa los efectos emocionales. Victor Molina señala que ver los partidos acompañado ayuda a incrementar el sentido de pertenencia con tu país y una mayor cohesión social, pues a diferencia de los clubes, todos apoyan a una misma selección y más ahora que el mundial será en casa.
Dicha reacción neurológica ante el fútbol no se limita solo al momento del partido, sino que puede extenderse durante días.
Los recuerdos de una victoria importante o una derrota dolorosa permanecen en la memoria emocional, y pueden influir en el estado de ánimo y comportamiento del aficionado mucho tiempo después del silbatazo final.
Esto explica por qué algunos fanáticos continúan hablando de un partido durante semanas o incluso meses, reviviendo las emociones vividas.
Por otro lado, el consumo de alimentos y bebidas suele aumentar durante los partidos, lo que puede estar relacionado con la necesidad de liberar tensión o disfrutar aún más la experiencia. Este fenómeno, conocido como “comer emocional”, tiene bases neurológicas y se potencia en situaciones de alto estrés o felicidad colectiva.
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