Pagos digitales en México rompen récord: ya representan 3 de cada 10 transacciones con tarjeta

Tras el anuncio de Sheinbaum de eliminar el efectivo en gasolineras y casetas, los pagos sin contacto escalan al 30% de las transacciones con tarjeta en México

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La implementación de cobros exclusivamente digitales responde a una tendencia creciente en México hacia los pagos sin efectivo, impulsada por la expansión de herramientas tecnológicas y cambios en los hábitos de consumo de la población. (Infobae-Itzallana)
La implementación de cobros exclusivamente digitales responde a una tendencia creciente en México hacia los pagos sin efectivo, impulsada por la expansión de herramientas tecnológicas y cambios en los hábitos de consumo de la población. (Infobae-Itzallana)

La confirmación de la presidenta Claudia Sheinbaum de que el efectivo dejará de aceptarse en gasolineras y casetas de cobro no cayó en terreno vacío: llegó justo cuando los pagos digitales ya muestran su mayor avance histórico en México. Hoy, 3 de cada 10 transacciones con tarjeta en comercios se realizan sin contacto, una cifra que apenas hace dos años rondaba el 20%, según declaraciones de Francisco Valdivia, director general de Visa México.

El “tap” —acercar la tarjeta o el celular a una terminal— dejó de ser una novedad para convertirse en rutina, especialmente entre quienes valoran la rapidez de pagar en segundos.

Primer plano de una mano sosteniendo una tarjeta de crédito blanca junto a un terminal POS que muestra "APPROVED" y "$39.00", con víveres en un cinturón transportador al fondo.
Una mano paga con una tarjeta de crédito en un supermercado, mientras la pantalla del terminal de punto de venta muestra la transacción aprobada por $39.00. (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿Qué hay detrás del salto digital?

El crecimiento no se explica por un solo factor. La combinación de más smartphones, más terminales y más aplicaciones financieras creó las condiciones para que los pagos sin efectivo escalaran con fuerza. Herramientas como CoDi, DiMo y las billeteras digitales se expandieron incluso hacia pequeños negocios que antes solo operaban con billetes.

Durante la 89 Convención Bancaria, autoridades y representantes del sector financiero coincidieron en que la digitalización ya no es opcional: es el camino que el sistema financiero mexicano tomó de forma definitiva.

El plan de Sheinbaum: gradual, pero sin marcha atrás

El 19 de marzo, durante la Convención Bancaria, Sheinbaum anunció que los pagos en gasolineras y casetas serán obligatoriamente digitales a lo largo de 2026. La medida forma parte de una estrategia más amplia que incluye la apertura de cuentas bancarias sin necesidad de RFC y mayor acceso al crédito para micro y pequeñas empresas.

El modelo de referencia es India, donde en menos de una década la economía pasó del efectivo dominante a miles de millones de transacciones digitales mensuales.

Una estrategia respaldada por varias dependencias busca fortalecer la economía formal, promoviendo instrumentos de pago digitales y apoyos para emprendedores mediante esquemas diseñados para llegar a sectores tradicionalmente excluidos. (Infobae-Itzallana)
Una estrategia respaldada por varias dependencias busca fortalecer la economía formal, promoviendo instrumentos de pago digitales y apoyos para emprendedores mediante esquemas diseñados para llegar a sectores tradicionalmente excluidos. (Infobae-Itzallana)

El dato que pone los pies en la tierra

A pesar del avance, el 80% de las transacciones en México todavía se hacen en efectivo. Eso significa que la transformación es real, pero también que millones de personas aún dependen del billete para su vida diaria. Sin acceso a smartphone, cuenta bancaria o conectividad, la obligatoriedad del pago digital puede convertirse en un muro, no en una puerta.

A eso se suma el riesgo de fraude: en los primeros nueve meses de 2025 se registraron más de 3.82 millones de reclamaciones por fraudes financieros, según la CONDUSEF.

El rumbo ya está marcado

México avanza hacia una economía con menos efectivo, empujado tanto por la política pública como por el propio comportamiento de los consumidores. El reto no es tecnológico: es garantizar que nadie quede fuera del cambio.