
En San Francisco Pichátaro, un una comunidad purépecha de Michoacán donde el aguacate es eje de la economía local, un problema ambiental se ha convertido en punto de partida para la innovación. Cada año, este poblado genera alrededor de 42 mil toneladas del fruto; sin embargo, entre 5 y 7 mil toneladas terminan como residuos, principalmente cáscaras y huesos.
Fue en 2023 cuando el doctor Michel Rivero, del Instituto de Investigaciones en Materiales de la UNAM, llegó a la comunidad y detectó una situación crítica: la planta de tratamiento de aguas residuales no operaba correctamente. Esto impedía reutilizar el agua sin riesgos para la salud de la población y sus cultivos.
A partir de ese diagnóstico, Rivero, junto con la doctora Sayra Orozco, actualmente se se encuentran desarrollando el proyecto “Desarrollo de materiales funcionales para el tratamienTo de agua residuales para un desarrollo justo y asequible de comunidades rurales Purépechas” con el financiamiento de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti).
Tras analizar la calidad del agua mediante el índice de calidad de agua (ICA), el equipo identificó los contaminantes presentes y apostó por transformar cáscaras y huesos en biomateriales capaces de removerlos.
¿Cómo la cáscara y hueso de aguacate permiten reutilizar agua contaminada?
El proceso inicia con la recolección de los residuos de aguacate, que posteriormente se lavan, cortan, secan y muelen hasta obtener un polvo fino. Este material, observado a nivel microscópico, presenta estructuras capaces de funcionar como bioadsorbentes, es decir, partículas que atrapan contaminantes.
Para mejorar su desempeño, el biomaterial es sometido a procesos de activación física, química o térmica, lo que incrementa su porosidad y lo convierte en carbón activado.

Durante la bioadsorción, este material se encarga de adherir las sustancias contaminantes, reduciendo su concentración en el agua.
Las pruebas en laboratorio han mostrado resultados positivos. A través de columnas de adsorción con estos biomateriales, el índice de calidad del agua pasó de 30 a 71, un nivel que permite su uso en riego agrícola.
Actualmente, el proyecto avanza hacia la implementación de prototipos a escala piloto en la comunidad, con la intención de que los propios habitantes puedan producir y utilizar estos materiales, fortaleciendo la gestión local del agua.
Además, el equipo analiza alternativas para el manejo seguro de los contaminantes capturados, como la incineración controlada o procesos de desorción, con el fin de evitar nuevos impactos ambientales.

Este método, destacan los investigadores, también podría adaptarse a otros residuos orgánicos disponibles en la región, como las cáscaras de mango, ampliando su potencial de aplicación.
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