
La fachada oriente de la Torre de Rectoría en Ciudad Universitaria exhibe nuevamente en el mural de David Alfaro Siqueiros, tras la restauración minuciosa que permitió la conservación y recuperación integral de “Nuevo símbolo universitario”, una de las piezas emblemáticas del arte mural mexicano contemporáneo. La intervención, coordinada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), concluyó en noviembre de 2025 y devolvió el esplendor a una obra considerada patrimonio artístico nacional.
El mural se realizó entre 1952 y 1953 con la técnica de vinilita sobre una superficie de aproximadamente 150 metros cuadrados. Está ubicado en el exterior del salón del Consejo Universitario, en el edificio de Rectoría, y su conservación representa un desafío técnico debido a las condiciones ambientales y al paso del tiempo.

Durante la intervención, los especialistas del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM) y la Dirección de Patrimonio Universitario de la UNAM establecieron acciones orientadas a estabilizar los materiales originales y proteger la integridad de la obra. Las labores incluyeron limpieza superficial controlada, fijación y consolidación de la capa pictórica, así como una reintegración cromática puntual para restablecer la continuidad visual del mural. Se aplicó una protección final destinada a mejorar la resistencia frente a los agentes ambientales que afectan la superficie.
Dentro del proceso, se abrieron ocho ventanas de inspección, de las cuales cuatro ya existían, para revisar el sistema de anclaje que mantiene el plafón. El diagnóstico determinó que el estado de conservación era regular, por lo que los fragmentos retirados fueron protegidos con un velo especial antes de su desmontaje.

En la primera fase, se realizó un resane provisional en el anverso de cada fragmento para preservar su unidad durante la manipulación. Posteriormente, se llevó a cabo una consolidación estructural, que implicó el desbaste mecánico del anverso para liberar la malla metálica original, la cual presentaba corrosión. Esta malla fue sustituida por una nueva y se integró un colado compatible con los materiales originales.
Las etapas finales consistieron en el retiro de los resanes provisionales, la aplicación de resanes definitivos y la restitución cromática de las áreas faltantes. Estas acciones permitieron frenar el deterioro, mejorar la estabilidad física y devolver la lectura estética al mural, respetando en todo momento los valores históricos y artísticos que hacen de este trabajo una pieza fundamental del legado de Siqueiros y del muralismo mexicano.
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