
El Buen Fin de 2014 quedó marcado por una tragedia que sacudió a la Ciudad de México: el feminicidio de Angélica Trinidad Romero Severiano, una joven madre de 24 años que trabajaba en el área de limpieza de la tienda departamental Liverpool Perisur.
Su muerte, ocurrida el 15 de noviembre de aquel año, destapó una serie de irregularidades que involucraron a directivos de la empresa y derivó en una sentencia por feminicidio contra su agresor, además de inspirar la canción “El Buen Fin” de la cantante mexicana Amandititita.
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La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) confirmó que Angélica fue asfixiada por estrangulamiento, y no víctima de un infarto, como se informó inicialmente a sus familiares.
De acuerdo con las investigaciones, la joven fue asesinada dentro de la tienda por Marco Antonio Ochoa, su compañero de trabajo y pareja sentimental, quien laboraba como auxiliar de mantenimiento.

Los reportes ministeriales establecieron que el 15 de noviembre, Angélica ingresó a laborar a las 15:03 horas y su agresor a las 14:28. Testigos indicaron que alrededor de las 22:15 horas, la víctima entró al cuarto de limpieza, seguida diez minutos después por Ochoa.
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Cuarenta minutos más tarde, él salió apresurado y visiblemente nervioso. A las 23:50 fue visto en el área de perfumería, rociándose muestras de perfume antes de abandonar el lugar. Horas después, el cuerpo de Angélica fue hallado sin vida en el baño de empleados.
Lo que siguió indignó a la opinión pública. Según denunció Omar Robles, primo de la víctima, personal de la tienda departamental contrató a un médico particular —Mariano Espinosa Morales— para certificar la muerte, quien expidió un documento que atribuía el deceso a un “infarto agudo al miocardio”.
Posteriormente, se contrató a una funeraria privada, Funerales Grisi, para retirar el cuerpo sin notificar a las autoridades. Los empleados informaron a la familia que la tienda cubriría los gastos, incluidos los de cremación.
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Cuando los familiares acudieron a la funeraria, descubrieron que el cuerpo ya había sido embalsamado, aunque presentaba golpes en la cabeza y el torso, además de moretones y heridas defensivas. Ante las sospechas, familiares exigieron la intervención del Ministerio Público de Tlalpan, que ordenó el traslado del cuerpo al Servicio Médico Forense. Ahí se confirmó que la joven murió por asfixia mecánica por estrangulamiento y presentaba lesiones de defensa en el pecho y abdomen.
La PGJDF detuvo el 22 de diciembre de 2014 a Marco Antonio Ochoa, quien fue acusado formalmente de feminicidio agravado. En 2015, un juez del Reclusorio Preventivo Oriente lo sentenció a 45 años de prisión y al pago de 372 mil pesos por gastos funerarios, daño moral y perjuicios.
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Sin embargo, el caso no terminó ahí. Las investigaciones revelaron que directivos y personal médico habían intentado encubrir el crimen. En enero de 2015, el Juzgado 19° Penal dictó auto de formal prisión contra Jorge Álvarez Montaño (apoderado legal de la tienda), Gustavo Humberto Godínez Cardoso (director de la tienda) y Alejandra Olga Reyes Santos (gerente), acusados de encubrimiento por favorecimiento, al ocultar evidencias y permitir el retiro del cuerpo sin dar aviso al Ministerio Público. Aunque enfrentaron el proceso en libertad, el juez consideró que actuaron dolosamente para ocultar el asesinato.
También fue procesado el médico Mariano Espinosa Morales, quien emitió el certificado falso. Al no tratarse de un delito grave, pudo continuar su proceso fuera de prisión, pero su participación fue clave para documentar la cadena de omisiones y la negligencia institucional que rodeó el caso.
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Angélica Trinidad Romero era madre de una niña de entonces dos años. Llevaba siete meses trabajando en el lugar y soñaba con ascender dentro de la empresa. Su muerte evidenció la falta de protocolos ante hechos de violencia de género en espacios laborales y desató protestas de organizaciones feministas que exigieron justicia y responsabilización empresarial.
Años después, el caso inspiró la canción “El Buen Fin”, compuesta por Amandititita, quien dedicó el tema a la memoria de Angélica. En la letra, la artista denuncia la indiferencia social hacia las mujeres trabajadoras y la impunidad que suele acompañar los casos de feminicidio en México.
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Más de una década después, su historia sigue siendo recordada como una herida abierta en la memoria colectiva de la Ciudad de México y una advertencia sobre los riesgos de la impunidad.
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