
Al comenzar la temporada de caída de hojas, la imagen de calles, jardines y parques cubiertos de mantos secos se vuelve habitual. Frecuentemente, la hojarasca es tratada como un desecho; sin embargo, su valor ecológico es mucho mayor. Lejos de ser basura, cumple funciones clave para la salud del suelo, el crecimiento de las plantas y la vida de numerosos organismos.
De acuerdo con la información proporcionada por Divulgación de la Ciencia de la UNAM, las hojas secas que caen al suelo contribuyen materia orgánica valiosa. Esta materia se integra al sustrato natural y promueve la humedad, facilitando que nuevas plantas puedan crecer. Además, las capas de hojarasca evitan la compactación del suelo, lo que permite una mejor infiltración del agua, evita el escurrimiento y la contaminación, y previene su desecho en el drenaje urbano.
La UNAM también destaca el papel de la hojarasca en la regulación ambiental. Su presencia protege el suelo frente a temperaturas extremas al actuar como aislante frente al frío. Además, esta cobertura natural se convierte en refugio para pequeños animales y contribuye a frenar el avance de la maleza, permitiendo un desarrollo vegetal más equilibrado y contribuyendo al bienestar de las áreas verdes.

Otro aspecto relevante es su potencial para la producción de composta. Conforme indica la información de la UNAM, las hojas secas pueden aprovecharse mediante el compostaje, enriqueciendo aún más los suelos urbanos y agrícolas. Asimismo, se recomienda regar la hojarasca para evitar que se disperse con el viento y retirarla únicamente cuando obstruya los desagües.
Complementando esta visión, el Instituto de Ecología profundiza en la importancia de la hojarasca específicamente en los ecosistemas de bosque. La acumulación de hojas caídas sobre el suelo es vital para la fertilidad, ya que aporta nutrientes y protege contra la erosión. Esta capa, conocida como mantillo cuando se descompone, constituye un microclima fundamental al regular la temperatura y la humedad a nivel superficial, lo que resulta crucial para muchos seres vivos.

Dentro del mantillo descrito por el Instituto de Ecología existe una gran diversidad de organismos. Insectos, artrópodos, lombrices y pequeños mamíferos encuentran alimento y refugio entre las hojas en descomposición. Además, una multitud de bacterias, hongos y virus trabaja en la transformación de la materia orgánica, colaborando en la formación del suelo fértil que sostiene al bosque.
El papel de la hojarasca se extiende también a la supervivencia de los anfibios terrestres. El Instituto de Ecología explica que ciertas especies de salamandras, ranas y sapos dependen de la humedad y temperatura estable que mantiene la hojarasca. Al ofrecerles refugio y alimento, este manto natural contribuye a la conservación de la biodiversidad. Los anfibios, a su vez, controlan poblaciones de invertebrados y ayudan a mantener en equilibrio el ecosistema forestal.
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