
Cada otoño, cuando los árboles se desprenden de sus hojas, muchas personas consideran estas caídas como un estorbo. Las hojas secas, esparcidas por el suelo, terminan generalmente en bolsas de plástico o en vertederos. Sin embargo, un estudio citado National Geographic pone de manifiesto los beneficios sorprendentes de dejar las hojas en el suelo de los jardines.
Estos restos vegetales, conocidos como hojarasca, no solo ofrecen un refugio vital para insectos y pequeños animales, sino que también favorecen la creación de un suelo más fértil para las plantas.
En lugar de ser un obstáculo, las hojas secas son una fuente de vida para el ecosistema de los jardines. Dejar que se descompongan naturalmente en el suelo genera una serie de beneficios medioambientales y agronómicos, que van desde la mejora de la biodiversidad hasta el aumento de la fertilidad del suelo.
Un microcosmos de biodiversidad
La hojarasca se trata de un microhábitat de alta biodiversidad. Bajo los montones de hojas, ramas y cortezas, crecen diversas formas de vida, desde pequeños reptiles como salamandras y ranas, hasta una gran cantidad de invertebrados. Caracoles, lombrices de tierra y arañas encuentran en las hojas caídas un refugio ideal, especialmente durante los meses más fríos.
La científica especializada en plantas y suelos Sue Barton, le explicó a National Geographic que “el sistema del suelo contiene componentes minerales como arena, limo y arcilla, y una parte orgánica, que incluye lombrices, hongos y bacterias”.
Este entorno favorece la descomposición de la hojarasca y la liberación de nutrientes esenciales como nitrógeno, calcio y azufre, que son cruciales para el crecimiento de las plantas.
Además agregó que “es bueno referirse al suelo como un sistema complejo”. Esto significa que las hojas caídas contribuyen significativamente a la salud del ecosistema del jardín, ya que promueven un ciclo natural de nutrientes.
Un proceso vital para el suelo
Las hojas caídas, al descomponerse, pasan por tres etapas distintas que enriquecen el suelo. Primero, en la capa visible de hojarasca comienza la descomposición inicial. A medida que las hojas se descomponen, se forman capas de fermentación donde se desintegran aún más, liberando nutrientes que alimentan tanto a las plantas como a las pequeñas criaturas que habitan el suelo.

Finalmente, la última capa, el humus, es un suelo oscuro y espeso que proporciona el entorno ideal para el crecimiento de las raíces de las plantas. Este proceso de descomposición natural no solo mejora la estructura del suelo, sino que también reduce la presencia de patógenos.
Los árboles y las plantas capturan dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera a través de la fotosíntesis, transformándolo en biomasa que, al morir, se convierte en hojarasca o madera muerta. Este proceso contribuye a la reducción de gases de efecto invernadero, un aspecto fundamental en la lucha contra el cambio climático.
Refugio para la fauna en invierno
La hojarasca también cumple una función esencial para los animales durante los meses más fríos. Las hojas caídas sirven de refugio para una gran variedad de especies que se protegen del frío y los depredadores. Durante el invierno, insectos como las polillas, las mariposas y pequeños mamíferos utilizan las hojas caídas para hibernar y resguardarse de los elementos.

La naturaleza del refugio varía según el tipo de hoja y la zona geográfica. “La mayoría de las mariposas y polillas pasan el invierno bajo la intemperie, ya sea como huevos, orugas, crisálidas o adultos”, explica Barton. Así, las hojas secas no solo benefician a las plantas, sino que también sostienen la vida animal en un ecosistema interdependiente.
Gestionar las hojas de manera responsable
Aunque la acumulación de hojas en el jardín puede ser beneficiosa, gestionar adecuadamente este recurso es fundamental. Dejar las hojas sobre el césped puede impedir que la luz llegue al suelo y dificultar la fotosíntesis.
La opción más recomendable es triturar las hojas y esparcirlas en los parterres, favoreciendo la penetración de luz y ayudando a mejorar la estructura del suelo. Este proceso no solo beneficia la salud de las plantas, sino que también permite reciclar las hojas de manera efectiva.

Por otro lado, el compostaje de la hojarasca es una excelente forma de reutilizar las hojas secas. Al descomponerlas de forma controlada, se transforma en abono natural que se puede devolver al jardín para enriquecer el suelo.
Sue Barton recomienda no enviar las hojas al vertedero, ya que de esta manera se pierde un recurso valioso. “Si las envías a un vertedero, ese recurso no podrá reutilizarse en el paisaje de alguien”, explicó la experta.
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