
La presencia de pollitos teñidos de colores en ferias y celebraciones populares ha generado preocupación por los riesgos que implica tanto para los animales como para las personas, especialmente los niños. Aunque su aspecto resulta atractivo, la realidad detrás de esta práctica revela un panorama de maltrato y peligros sanitarios.
El proceso de teñido de estos pollitos comienza mucho antes de que lleguen a manos de los compradores. Existen dos métodos principales: la inyección de colorantes en el cascarón durante el desarrollo embrionario y la aplicación directa de tintes artificiales sobre los animales recién nacidos, ya sea por rociado o inmersión. Estos productos, en su mayoría industriales o sintéticos, no están diseñados para su uso en seres vivos y pueden contener sustancias tóxicas o irritantes.
El contacto con estos químicos provoca irritación en la piel, los ojos y las vías respiratorias de los pollitos, lo que se traduce en dolor, dificultad para respirar y picazón constante.

La vulnerabilidad de los pollitos recién nacidos se agrava por la forma en que se realiza el teñido. Al ser sumergidos en líquidos o expuestos a aerosoles, sufren frío, desorientación y traumas que afectan su sistema nervioso y su capacidad para regular la temperatura corporal.
La producción en masa, sin supervisión veterinaria, incrementa la probabilidad de errores, lesiones, intoxicaciones e incluso la muerte inmediata. El tinte no solo modifica su apariencia, sino que los enferma, los estresa y, en muchos casos, los mata.
Las causas de mortalidad de los pollitos de colores no se limitan al proceso de teñido. Una vez vendidos, enfrentan condiciones de vida inadecuadas y abandono. El estrés por manipulación excesiva, especialmente por parte de niños, puede causarles fracturas o colapsos.
Además, la falta de alimentación adecuada, agua y calor constante compromete su supervivencia en los primeros días. El estrés, la manipulación con manos sucias y la exposición a tintes reducen sus defensas, haciéndolos susceptibles a enfermedades respiratorias e infecciones.

El riesgo no recae únicamente en los animales. Los pollitos pueden portar salmonela, una bacteria peligrosa para los humanos, en particular para niños, personas mayores o con sistemas inmunológicos debilitados. La manipulación sin las medidas de higiene adecuadas facilita el contagio, y la presencia de animales muertos en el hogar representa un riesgo sanitario adicional si no se gestionan correctamente.
En respuesta a estos problemas, en varios países y estados se ha prohibido la venta de pollitos teñidos, considerándola una forma de maltrato animal. Sin embargo, la práctica persiste en regiones donde la regulación es insuficiente o la educación sobre bienestar animal es limitada.
La realidad es que, tras su apariencia colorida, estos animales son víctimas de negligencia y uso irresponsable. Sufren bastante y, en la mayoría de los casos, mueren poco después de ser adquiridos. La entrega de pollitos teñidos a niños como si fueran juguetes desechables fomenta una cultura de escaso respeto hacia los animales.
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