
Su caldo de cocción, sin sal, tomado en ayunas es el mejor diurético y antiséptico, muy recomendado en enfermedades del riñón, cálculos, albuminuria, uremia y artritis.
Esta afirmación, que resalta el uso tradicional del poro como remedio natural, ilustra la amplitud de beneficios que esta hortaliza ofrece para la salud.
Más allá de su papel en la cocina, el poro se ha consolidado como un aliado en la prevención y el tratamiento complementario de diversas afecciones, gracias a su composición nutricional y sus propiedades bioactivas.
El poro también conocido como puerro, ajoporro, porro o cebolla larga pertenece al género Allium, compartiendo familia con el ajo y la cebolla.
Su sabor suave y dulce lo convierte en un ingrediente versátil en la gastronomía, especialmente en la cocina mexicana, donde se utiliza para realzar sopas y guisos. Sin embargo, su valor va mucho más allá del paladar: casi el 90% de su contenido es agua, lo que lo hace ideal para quienes buscan perder peso o combatir la retención de líquidos.

Entre los nutrientes que aporta el poro destacan la fibra, hidratos de carbono, vitaminas A, C, E, B1 (tiamina), B2 (riboflavina), B3 (niacina), B6 (piridoxina), folatos (ácido fólico) y carotenos. Además, contiene minerales como potasio, calcio, fósforo, sodio, hierro y selenio.
Esta combinación le confiere propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, fundamentales para fortalecer el sistema inmunológico y proteger el organismo frente a enfermedades.
El consumo habitual de poro se asocia con la prevención del envejecimiento prematuro, gracias a su contenido de betacarotenos y vitamina C, que combaten los radicales libres y protegen las células de la piel.
También contribuye a la salud cardiovascular, ya que los carotenoides, el kaempferol y la alicina presentes en el poro ayudan a reducir la inflamación y los niveles de colesterol, disminuyendo el riesgo de aterosclerosis, infarto o accidente cerebrovascular.
La fibra y la inulina que contiene el poro favorecen la salud intestinal y el control de la glucosa, lo que resulta útil para prevenir el estreñimiento y la diabetes. Además, la vitamina K que aporta es esencial para la fijación del calcio en los huesos, ayudando a prevenir la osteoporosis.

Tan solo 31 kcal cada 100 gramos convierten al poro en un alimento bajo en calorías, ideal para dietas de adelgazamiento.
El poro también se recomienda en casos de hipertensión, ya que su riqueza en potasio y magnesio contribuye a regular la presión arterial y a eliminar el exceso de sodio.
Entre las afecciones en las que se aconseja su consumo figuran el acné, asma, bronquitis, cálculos biliares y renales, catarros, fiebre, problemas digestivos y hepáticos, reumatismo, úlceras estomacales y uremia.
El efecto mucilaginoso de sus fibras y su ligero efecto laxante, debido al magnesio, hacen del poro un recurso natural para combatir el estreñimiento. Además, su acción prebiótica promueve el crecimiento de bacterias beneficiosas en el intestino, fortaleciendo el sistema inmunitario y reduciendo la inflamación intestinal.
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