
Durante décadas, Roberto Gómez Bolaños fue acreditado como autor de varias canciones que se volvieron emblemáticas en sus programas. Sin embargo, la historia real es mucho más compleja y terminó por llevarlo a perder una demanda por derechos de autor.
Cuando pensamos en ‘Chespirito’, lo primero que se nos viene a la mente son personajes entrañables como El Chavo del 8 y El Chapulín Colorado, pero pocos saben que su carrera también abarcó la música.

No es secreto que Gómez Bolaños incursionó en varias ramas del entretenimiento: fue actor, escritor, productor y también compuso varias canciones, principalmente de corte infantil y algunas de estilo folclórico. Melodías como Joven aún, Óyelo, escúchalo y La bonita vecindad quedaron grabadas en la memoria de sus seguidores, pero no todo lo que sonaba en sus programas era creación suya.
En realidad, las canciones más icónicas de sus shows no las compuso él, a pesar de que durante décadas se explotaron comercialmente como si fueran parte de su obra original.

La demanda que destapó la verdad
En 2009, un grupo de compositores liderado por Jean-Jacques Perrey, Gershon Kingsley, Robert Breuer, Anthony Breuer, Frances Breuer y Sylvain Meunier demandaron a Televisa y a Roberto Gómez Bolaños por el uso no autorizado de tres canciones:
- The Elephant Never Forgets (una adaptación moderna de la Marcha Turca de Beethoven)
- Country Rock Polka
- Baroque Hoedown

Estas piezas musicales aparecieron por años en El Chavo del 8, El Chapulín Colorado y Chespirito, como parte fundamental de su ambiente sonoro. De hecho, The Elephant Never Forgets se convirtió prácticamente en un himno para los fans del Chavo.
El problema es que estas melodías nunca fueron autorizadas para su uso en televisión mexicana y Televisa no pagó derechos de autor por ellas durante décadas.
Las dos primeras canciones forman parte del álbum Moog Indigo (1970) de Jean-Jacques Perrey, mientras que Baroque Hoedown es del disco The In Sound From Way Out, del dúo Perrey and Kingsley. Esta última, curiosamente, también es famosa por ser la canción de fondo en el desfile “Main Street Electrical Parade” de Disney.

Tras un año de litigio, la corte desechó los argumentos de defensa de Televisa. La resolución fue clara: la televisora y Roberto Gómez Bolaños debían pagar una indemnización de un millón de dólares a los autores originales por el uso indebido y prolongado de las canciones sin los permisos correspondientes.
Aunque este episodio no es muy conocido por el público general, representa uno de los momentos más polémicos en la trayectoria de Chespirito y forma parte de los claroscuros de una figura que siempre fue vista con simpatía, pero que, como cualquier otra, tuvo áreas grises.
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