
En el marco convulso de la historia mexicana de principios del siglo XX, el entonces Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano carranza, hizo un intento por rescatar los vestigios del Segundo Imperio Mexicano, el cual terminó con su vida en mayo de 1920.
Esta etapa estuvo encabezada por Maximiliano de Habsburgo y su esposa, Carlota, personajes centrales en un breve pero significativo periodo que culminó con el fusilamiento del emperador en 1867.
De acuerdo con un boletín informativo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), al finalizar el régimen de Maximiliano de Habsburgo, los bienes materiales (joyas, ropa, documentos) asociados a su persona y a la emperatriz Carlota se dispersaron rápidamente.

Asimismo, otros objetos inusuales del archiduque austriaco y la princesa belga como mechones de la barba del emperador, cortados tras su fusilamiento, y pañuelos empapados con su sangre también fueron parte de los artículos altamente valorados por coleccionistas, vendedores e incluso saqueadores que se hicieron con ellos.
Muchos de estos artículos cambiaron de manos en un mercado activo e impetuoso, que surgió entre quienes custodiaban las memorias del imperio. Sin embargo, ciertos objetos lograron permanecer en custodia del Estado mexicano, por ejemplo, la vajilla de plata obsequiada por la esposa de Napoleón III. Otros tuvieron que pasar varios procesos para ser propiedad del gobierno mexicano.
El piano Collard & Collard que alguna vez fue propiedad de Maximiliano de Habsburgo como un regalo del emperador francés por su cumpleaños número 33, tiene una historia notable de recuperación. Este instrumento terminó en posesión del señor v Carlos Neumaier, quien lo había obtenido a través de la línea de sucesión de una dama de compañía de Carlota.

En 1938, el gobierno mexicano confiscó el instrumento musical, iniciando un prolongado proceso legal. Al final, un acuerdo financiero permitió que el piano pasara a formar parte del patrimonio del Estado mexicano.
En paralelo, el piano Herz Neven, otro artefacto histórico relacionado con la emperatriz Carlota, también enfrentó su propio conflicto. Este instrumento fue incautado en 1915 de la propiedad de Manuel L. Riveroll, que posteriormente luchó años por su devolución.
Aunque Riveroll había adquirido el piano por 3 mil 500 pesos oro, se tardó casi tres décadas en resolver la disputa legal (que terminó con un pago por la misma cantidad). Finalmente, en 1943, el instrumento musical fue declarado monumento de carácter nacional por un decreto.
La culminación de todas estas acciones se cristalizó en 1944 con la exhibición conjunta de ambos pianos en el Museo Nacional de Historia, actualmente se encuentran en exposición y pueden ser contemplados por todos los visitantes a las instalaciones.
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