
“Preparar una olla en altamar no es lo mismo que hacerlo en tierra firme”. Con estas palabras, Óscar Ibarra Salmerón, cocinero naval y tercer maestre de la Armada de México, resume el desafío diario al que se enfrenta en su peculiar labor: alimentar a una tripulación que navega en aguas internacionales a bordo del buque escuela Cuauhtémoc, que el próximo 6 de abril zarpará con alumnos de cuarto año que cursan la carrera de Ingeniería en Sistemas Navales de la Heroica Escuela Naval Militar.
Ibarra Salmerón, con seis años de experiencia como cocinero, comparte su visión sobre lo que implica preparar alimentos en medio del océano, donde las condiciones pueden ser extremas y cada maniobra exige el máximo cuidado.
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“No se puede dejar nada sobre las mesas sin que se tenga que sujetar a algo, porque todo se mueve aquí, todo se cae, todo va de un lugar a otro. Entonces no es lo mismo que poner una olla en una estufa en tierra a poner una olla en este velero”, relata a Infobae México el cocinero naval desde la costa de Oaxaca, mientras el buque se dirige al Puerto de Acapulco.

Ex cocinero en establecimientos como restaurantes brasileños y centros de readaptación social, Óscar Ibarra decidió unirse a la Marina motivado por la curiosidad de saber qué implica ser cocinero en un entorno tan inusual.
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El día a día en la cocina de un buque sigue una rutina tan estricta y sincronizada como la navegación misma. La jornada comienza temprano, a las 4:00 de la mañana para tener el desayuno listo a las 6:00.
Tras ello, empiezan los preparativos para la comida, seguido por la cena. Todo debe estar meticulosamente planificado. Si algo puede adelantarse, explica, se hace con antelación, siempre en función de las maniobras y el esfuerzo físico que realiza la tripulación.
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Además, la dieta a bordo está supervisada por el Hospital Naval, que asegura un consumo balanceado que compense las exigencias del trabajo marítimo.
Las diferencias entre cocinar en tierra y en altamar no se limitan al movimiento del barco. “Es un trabajo pesado y difícil, pero gratificante cuando la gente disfruta lo que preparamos”, agrega el cocinero.
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Sin embargo, enfrentarse a tormentas o climas adversos es un desafío que marca la labor culinaria diaria. Durante una travesía hacia Boston en 2024, donde el buque ganó el primer lugar al velero más rápido, todo a bordo se inclinaba hacia un lado:
“Participamos en lo que fue la carretera a Boston y en esos cinco días sí fue algo extremo, porque todo el tiempo íbamos hacia un lado navegando y entonces en ese momento es como que no puedes dejar nada mal puesto, porque sale volando. Tienes que caminar con cuidado. La cubierta no tiene que ser resbalosa ni nada porque te puedes caer”, rememora Ibarra.
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El equipo de cocina en el velero Cuauhtémoc está compuesto por 11 cocineros y dos panaderos durante los cruceros de instrucción, cada uno con responsabilidades acorde a su rango.

“Aquí hay grados específicos, y las promociones se obtienen mediante evaluaciones que ocurren cada tres años”, detalla. Una articulada estructura de rangos asegura que cada miembro sepa con claridad su papel, no solo en la cocina, sino también en las maniobras generales del buque.
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A esto se suman los retos emocionales del trabajo. “Lo más difícil es despedirse de la familia antes de zarpar. Siempre los extrañamos, tanto ellos como nosotros, pero saber que nos apoyan hace todo más llevadero”, confiesa Ibarra.
Para distraerse, los cocineros disponen de momentos de descanso después de las 16:00, donde pueden practicar deporte, ver una película o simplemente relajarse.
A pesar de las dificultades, Ibarra destaca las recompensas de visitar otros países y conocer culturas distintas. Ha navegado por América Latina, Asia, Europa y Oceanía, llevando el espíritu mexicano a cada lugar al que arriba. Aunque no se realizan competencias culinarias formales, sí ha participado en demostraciones donde la cocina mexicana brilla en contextos internacionales.
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Con admirable profesionalismo, Ibarra subraya la peculiaridad de su trabajo, donde la perseverancia y el trabajo en equipo son pilares fundamentales. “Es una experiencia única e inolvidable. Adonde sea que vayas, siempre encuentras mexicanos o latinos. Eso hace cada viaje especial”, concluyó el tercer maestre.
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