
Aunque el rosa mexicano es el color más emblemático asociado a la identidad visual del país, México alberga una rica paleta de tonalidades que también han dejado una huella histórica.
Como parte de su riqueza cultural, los colores en el país han definido épocas y tradiciones de las diversas civilizaciones que existieron en el territorio. Estos pigmentos, algunos elaborados con técnicas innovadoras para su tiempo, se emplearon en murales, textiles, ceremonias religiosas y objetos cotidianos que reflejan la cosmovisión de cada región.
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Hoy en día, estos colores que México compartió con el mundo se han integrado en múltiples ámbitos creativos, como colecciones de diseñadores internacionales, en el arte, e incluso en la gastronomía a nivel mundial, como es el caso de rojo achiote, una tonalidad que tiñe los platos con un tinte similar al barro rojo.
Azul maya

Este pigmento desarrollado por los mayas en el siglo VIII ha perdurado durante siglos en el legado de la civilización maya y fue objeto de estudio para los arqueólogos durante décadas, dado que antes de su creación el color azul era prácticamente inexistente en las pinturas de las culturas precolombinas.
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Según un artículo publicado por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, los mayas emplearon su pigmento azul en murales, como por ejemplo, los que se encuentran en el Templo de los Guerreros en Chichén Itzá, los frescos de Bonampak y las pinturas de la zona arqueológica de Cacaxtla.
En un principio, los científicos asumieron que el pigmento tenía un origen mineral, ya que los tintes orgánicos suelen desvanecerse rápidamente bajo ciertas condiciones ambientales, sin embargo, investigaciones realizadas a finales de la década de 1960, facilitadas por avances tecnológicos, revelaron que el método de fabricación fue lo que preservó el color.
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De acuerdo con información de la Universidad, el descubrimiento arrojó que el azul maya es el resultado de una mezcla entre el tinte índigo, extraído de la planta de añil (Indigofera suffruticosa), y una arcilla mineral conocida como palygorskita, aleación que le permitió resistir la humedad, el calor y la luz solar.
Rosa mexicano

El rosa mexicano, un color vibrante que hoy forma parte de la identidad visual del país, tiene una historia que también se remonta a tiempos prehispánicos. En esa época, la tonalidad se obtenía a través de la mezcla de dos pigmentos naturales emblemáticos: la grana cochinilla y la piedra de alumbre.
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Estefanía Juárez, historiadora y colaboradora en la revista Muy Interesante, explicó que este tono, conocido originalmente como “chichiltic”, abarcaba una amplia gama cromática que incluía desde el anaranjado hasta el morado, pasando por el rojo intenso, el magenta y el rosa.
A lo largo de los siglos, el color estuvo presente en la cultura mexicana, aunque no bajo el nombre que hoy lo conocemos, pues fue hasta mediados del siglo XX cuando adquirió su denominación actual gracias al trabajo del diseñador y artista veracruzano Ramón Valdiosera, detalló la especialista.
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Valdiosera, conocido como el padre de la moda mexicana, fue quien bautizó al color como “rosa mexicano”. Según una anécdota relatada por el propio diseñador, recuperada en el medio ya citado, el término surgió en 1949 durante la Primera Semana de México en Nueva York, evento en el que presentó una colección de 20 vestidos bordados y estampados que incluían este tono rosado con matices rojos y púrpuras. Al ser cuestionado por un entrevistador sobre la elección de este color, Valdiosera respondió que en México “todo es de ese color”, declaración que llevó al entrevistador a asumir que el tono debía llamarse “rosa mexicano”, consolidando así su identidad como un símbolo cultural.
Rojo achiote u onoto

Entre los pueblos indígenas de Centroamérica y Sudamérica, el uso del achiote ha trascendido generaciones como un elemento esencial en rituales religiosos y prácticas culturales. Esta planta, conocida científicamente como Bixa orellana, destaca por sus propiedades que van desde la coloración de alimentos hasta la pintura corporal.
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Según informó la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural del Gobierno de México, el término “achiote” proviene del náhuatl “achiotl”, que significa “tintura roja”, en referencia al pigmento que se encuentra en la cubierta de sus semillas.
Las semillas, también conocidas como urucú, annatto, bija, bijol, rocú, roncón y onoto, han sido utilizadas históricamente por los pueblos originarios para teñir telas, decorar el cuerpo y dar color a los alimentos. Este uso ancestral se remonta a las civilizaciones precolombinas, como los mayas, quienes descubrieron las propiedades colorantes de este recurso natural.
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Rojo mexicano

En el México prehispánico, el color rojo tenía un significado profundo y simbólico. Según el Harvard Museums of Science & Culture (HMSC), este tono representaba a los dioses, el sol y la sangre, y era empleado en rituales por civilizaciones como los mayas y los aztecas.
Este pigmento, conocido como grana cochinilla, no solo fue un elemento central en las prácticas culturales de estas sociedades, sino que también se convirtió en uno de los productos más valiosos de exportación durante la época colonial, alcanzando un estatus internacional comparable al del oro y la plata.
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De acuerdo con la información publicada por Naix’ieli Castillo, de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, la grana cochinilla era un colorante natural obtenido de un insecto llamado científicamente Dactylopius coccus. Este insecto era conocido en náhuatl como nocheztli, que significa “sangre de nopal”, y en mixteco como ndukun, que se traduce como “insecto sangre”.
La producción de este pigmento alcanzó su auge en las regiones de Tlaxcala y Puebla durante el siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII. Los pueblos indígenas de estas zonas, así como los de Oaxaca, desarrollaron sistemas de cría e ingeniería para producir este colorante que se utilizaba para teñir telas, plumas y para crear pigmentos de pintura roja empleados en manuscritos y murales.
Con la llegada de los españoles, la grana cochinilla se introdujo en los mercados europeos y asiáticos, que por su intenso color rojo y su capacidad para teñir de manera, la convirtieron en un producto codiciado en todo el mundo.
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