
La Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) presentó el libro “Guerra, sacrificio y antropofagia en Mesoamérica”, el cual se adentra en temas como el conflicto bélico, la inmolación de seres humanos y animales, así como el canibalismo, que, bajo un modelo cosmogónico, constituían un proceso cíclico que permitía la reproducción social en las antiguas culturas.
La obra, coordinada por Stan Declercq y Gabriela Rivera Acosta, en colaboración con Gabriel K. Kruell, ofrece “Nuevas perspectivas teóricas y metodológicas” para comprender el estilo de vida de mayas, mexicas y otros grupos antes de la llegada de los conquistadores españoles.
Stan Declercq, profesor de la ENAH, indicó que este libro “invita a cuestionar las teorías y metodologías propuestas en la década de 1990″, pues según él, los estudios previos se centraron en la concepción de las sociedades indígenas exclusivamente como agrícolas, descuidando otras prácticas.
Declercq destaca que “en los últimos 30 años, diversos autores han evidenciado que la caza también es considerada un modo de producción en las ritualidades indígenas”.

Por su parte, Gabriela Rivera Acosta, académica de la ENAH, habla sobre la equidad entre guerra y caza en las sociedades antiguas.
“Si la guerra y el matar en el campo de batalla son una metáfora directa de la cacería, entonces la captura del enemigo en combate corresponde al acto de prendimiento de una presa”, afirmó en la presentación a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
La etnohistoriadora señaló que los k’ichee’s de Guatemala calificaban a sus cautivos de guerra como “botín de cacería”.
Este nuevo enfoque en el análisis de estas culturas permite reinterpretar la función de las prácticas bélicas y rituales.
Qué hacían los aztecas con los prisioneros de guerra
Declercq destacó que “el prisionero de guerra era mucho más que un sustituto sacrificial”, y agregó que este papel implicaba “una relación entre padre e hijo”, donde el captor y el prisionero desarrollaban un proceso de identificación mutua.
Según él, este vínculo se fortalecía con actividades rituales previas a la inmolación, según testimonios recogidos por INAH.

El trabajo de Declercq y Rivera Acosta refleja cómo, en la actualidad, aún se mantienen vestigios de estas prácticas en algunas comunidades indígenas, las cuales han transformado sus ceremonias bélicas-cinegéticas.
“La desaparición de la guerra en el mundo indígena ha llevado a que el sacrificio de animales cazados se convierta en un acto simbólico de cautivos de guerra”, indicó Rivera Acosta.
A medida que Declercq y Rivera Acosta desafían viejas presunciones, abren paso a “Nuevas perspectivas teóricas y metodológicas” que enriquecen la investigación académica en este campo. El INAH resalta la importancia de seguir explorando la complejidad de estas tradiciones, las cuales poseen todavía un eco significativo en la cultura contemporánea.
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