
En la lucha por el poder dentro del Cártel de la Unión Tepito, Francisco Javier Hernández Gómez, conocido como ‘Pancho Cayagua’, y Roberto Moyado Esparza, apodado ‘El Betito’, representaban dos facciones rivales, quienes no tenían un conflicto abierto entre ellos, solo se trataba de quien hacía más.
La disputa interna que se gestaba no era de dominio público, sino más bien una competición encubierta donde tanto ‘Cayagua’ como ‘El Betito’ alternaban en avances y retrocesos en sus aspiraciones por obtener el control total de la organización.
A diferencia de ‘El Betito’, que priorizaba el uso de la fuerza y la intimidación, apegándose al mantra de “si quieres respeto, mata”, ‘Pancho Cayagua’ no tenía un brazo armado directo, optando en su lugar por financiar a los sicarios más eficaces de cualquier rincón de Tepito.

“Francisco Javier Hernández Gómez, ‘Pancho Cayagua’ y Roberto Moyado Esparza, ‘El Betito’, pujaban para hacerse del liderazgo absoluto del Cártel de la Unión Tepito, la contienda no era abierta, sino especie de round de sombra, en el que cada cual fue ganando o perdiendo terreno, pese a haber sido sicario y que su figura pesaba más allá de los linderos tepiteños, ‘Pancho Cayagua’ no contaba con un brazo armado propio, sino que entregaba dinero a diestra y siniestra, al gatillero más eficiente de cualquiera de los sicarios de Tepito, que le jalara. En cambio, ‘El Betito’, se abría paso con las armas por delante, lo oían repetir un dicho, el detrimento de la tranquilidad chilanga, materializado con las manos y no con la lengua, ‘si quieres respeto, mata’, se lee en libro ‘Cártel Chilango’, de Antonio Nieto.
La estrategia de ‘Pancho Cayagua’ era eminentemente financiera, dispersando recursos entre los gatilleros sin distinción, confiando en el poder del dinero para asegurar lealtades y ejecutar sus órdenes.
Por otro lado, ‘El Betito’ avanzaba mediante actos de violencia, dejando en claro que su abordaje para ganar respeto y autoridad dentro de la organización estaba directamente ligado con demostrar poderío físico y temeridad.

Este contraste en métodos de liderazgo marcó un periodo de tensión y dinámicas fluctuantes de poder dentro del Cártel de la Unión Tepito, afectando no solo a los integrantes de la organización sino también al bienestar y la tranquilidad de la población civil en las áreas bajo su influencia.
El contexto de esta confrontación entre ‘Pancho Cayagua’ y ‘El Betito’ ilustra la complejidad de las estructuras de poder dentro de las organizaciones criminales y cómo las disputas internas pueden tener repercusiones significativas tanto dentro del grupo como en la sociedad en general, aunque cabe mencionar que la confrontación fue civilizada, sin que se cobraran vidas entre el confrontamiento.
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