
En la década de los setenta, Charles Mingus, considerado como uno de los músicos más importantes y creativos en la historia del jazz, enfrentó uno de los desafíos más difíciles de su vida al ser diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), enfermedad degenerativa que limitó su capacidad para tocar el contrabajo y gradualmente mermó su salud.
A medida que las opciones médicas convencionales se agotaban, Mingus, movido por la esperanza de encontrar una cura, se aventuró más allá de los límites de la medicina tradicional.
En 1978, influenciado por las recomendaciones de conocidos y la desesperación ante una enfermedad sin cura, Mingus decidió buscar el tratamiento de Pachita, una curandera mexicana.

Pachita, cuyo nombre real era Bárbara Guerrero, nació en el estado de Chihuahua y adquirió notoriedad por su habilidad para realizar supuestas operaciones quirúrgicas sin el uso de anestesia convencional, utilizando solo cuchillos de cocina y otros objetos no quirúrgicos. Afirmaba poder canalizar a diferentes entidades espirituales que le otorgaban el poder de curar una amplia gama de enfermedades físicas y mentales.
Pachita atendió a personas de diversos estratos sociales, incluidos políticos, artistas y personas comunes de varias partes del mundo, quienes acudieron a ella en busca de curación para sus dolencias, cuando la medicina tradicional no ofrecía respuestas.
Por ello, el músico se mudó a Cuernavaca y buscó en las prácticas de Pachita alivio a su condición. A través de ceremonias y “operaciones” espirituales que incluían la dolorosa inserción de huesos de animales, Mingus buscó recuperar su salud.

Sin embargo, a pesar de un breve período de esperanza, su salud no mejoró significativamente, y eventualmente falleció el 5 de enero de 1979.
Este viaje en busca de curación no solo marcó los últimos días del músico sino que Pachita también influenció su obra musical. Joni Mitchell, colaboradora cercana, incluyó referencias a estas experiencias en el álbum Mingus, creando un testamento artístico que captura esta búsqueda de esperanza más allá de la adversidad.
A raíz de este caso, algunos críticos y escépticos cuestionan la legitimidad de las intervenciones realizadas por Pachita, calificándolas de pseudociencia y señalando la falta de evidencia médica que respalde sus métodos de curación.
Estas críticas argumentan que las “operaciones” de Pachita y su enfoque de sanación podrían haber explotado la vulnerabilidad y la esperanza de personas gravemente enfermas en busca de cura, como fue el caso de Mingus, quien enfrentaba una enfermedad degenerativa incurable.
Por otro lado, hay quienes interpretan la relación entre Mingus y Pachita desde una perspectiva más comprensiva, enfocándose en el deseo humano inherente de buscar alivio y esperanza frente a enfermedades terminales. Desde esta visión, la elección de Mingus de explorar alternativas de sanación espiritual refleja su búsqueda personal de consuelo, alivio y, posiblemente, de un milagro, en momentos de desesperanza frente a la medicina convencional.
¿Cómo eran las cirugías de Pachita?

Las cirugías realizadas por Pachita eran prácticas de sanación que se desarrollaban en un contexto marcado por el misticismo y la espiritualidad, lejos de los protocolos y ambientes clínicos de la medicina convencional. Estas intervenciones se llevaban a cabo en un entorno que algunos describirían como rudimentario y otros como cargado de energía espiritual. Pachita afirmaba que, durante las cirugías, era capaz de canalizar a diferentes entidades espirituales, a quienes atribuía la verdadera autoría de las curaciones.
Las personas que acudían en busca de su ayuda eran tratadas en una habitación que servía como sala de operaciones. Esta no contaba con el equipo estéril o las herramientas quirúrgicas que uno esperaría en un hospital o clínica. En su lugar, se utilizaban instrumentos no convencionales, como cuchillos de cocina, machetes y tijeras, y se prescindía de la anestesia tradicional. A pesar de la aparente falta de higiene y protocolo médico, se reportan pocas o ninguna infección posterior a las intervenciones, algo que tanto seguidores como detractores de Pachita han señalado.
Durante la operación, los testigos y pacientes describen una atmósfera única, cargada de concentración y a menudo acompañada de invocaciones o plegarias por parte de Pachita y sus asistentes. Los pacientes, plenamente conscientes, eran sujetos a procedimientos que, según relatos, podían incluir desde incisiones para extraer “objetos” supuestamente dañinos del cuerpo hasta “trasplantes energéticos” sin bases en la práctica médica conocida.
Uno de los aspectos más misteriosos de sus cirugías era la aparente ausencia de dolor significativo durante y después de las operaciones, junto con una rápida recuperación. Seguidores y algunos pacientes atribuían estas características a la habilidad de Pachita para manipular energías curativas y su conexión con lo divino.
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