¿Por qué votar?

A pesar de la desazón generalizada de la mayoría de la población, o precisamente por ello, vale la pena pensar y reflexionar sobre la importancia del voto en las democracias actuales y en porqué sí acudir a votar

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José Juan Anzures Profesor Investigador
José Juan Anzures Profesor Investigador Universidad Panamericana Foto: (cortesía del autor)

Ante las próximas elecciones que se celebrarán en México el domingo 2 de junio, surge la inevitable pregunta de si vale la pena acudir o no a las urnas.

Descontentos con la gestión del gobierno actual y con el argumento de que las cosas nunca cambian, varias personas se ven tentadas a quedarse en su casa ese domingo sin ejercer su derecho al voto. En el fondo puede ocurrir lo que muchos analistas advierten desde hace meses, que las personas no van a votar porque entienden que las elecciones ya están ganadas. Si esto es así, la narrativa del presidente ha calado en el ideario de la ciudadanía haciéndole pensar que de nada sirve ejercer su derecho al sufragio.

A pesar de la desazón generalizada de la mayoría de la población, o precisamente por ello, vale la pena pensar y reflexionar sobre la importancia del voto en las democracias actuales y en porqué sí acudir a votar.

Si en sus términos más llanos, la democracia es entendida como la participación del pueblo en las decisiones del poder, en las democracias representativas de hoy en día, el voto se convierte en el instrumento indispensable y consustancial de todo régimen democrático.

ARCHIVO - Urnas de votación
ARCHIVO - Urnas de votación en un centro electoral para los comicios generales en Iztapalapa, Ciudad de México, el 1 de julio de 2018. Audios generados con inteligencia artificial, que suplantan voces de candidatos o líderes, se han colado en la política mexicana, a medio año de las elecciones generales del junio de 2024. (AP Foto/Ramón Espinosa, Archivo)

El voto es, además de un derecho político, manifestación de la liberta individual de cada persona. Votar es elegir, y la elección solo puede darse en un ámbito de libertad y respeto que el mismo modelo democrático garantiza. El argumento es circular, se vota porque se tiene libertad y se tiene en libertad porque se vive en democracia, en la medida en que las personas votan, la democracia se alimenta y se sostiene, si las personas no votan la democracia se pone en riesgo.

Se puede argumentar que, al no ejercer el derecho al voto se está ejerciendo el derecho al voto, o sea que no votar es una forma de votar. Aunque teóricamente el argumento es correcto, en la práctica no ejercer el derecho al voto constituye una renuncia a los derechos de participación política y a la libertad misma. Al votar, el ciudadano ejerce el libre desarrollo de su personalidad y la libertad de expresión, pues está manifestando sus intereses, sus deseos, sus anhelos, su agrado e incluso su descontento con el gobierno.

El voto es también manifestación de la igualdad. En tanto que todos los ciudadanos son iguales en un Estado democrático, cada ciudadano tiene el derecho a un voto. Esto constituye una conquista de los Estados actuales, pues hasta hace relativamente poco solo podían votar aquellos que supieran leer y escribir, los que fueran varones, o en algunos países incluso, el padre de familia votaba por su cónyuge y descendientes.

06-06-2021 Elecciones en México.

El consejero
06-06-2021 Elecciones en México. El consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, ha anunciado que a las 12.00 horas ya se había instalado el 81,3 por ciento de las 162.570 casillas (urnas) previstas para las elecciones legislativas, estatales y municipales de este domingo y ha asegurado que la cifra aumentará durante el día. POLITICA CENTROAMÉRICA MÉXICO MANUEL VELASQUEZ

El voto es importante por la diversidad de los cargos que se eligen. Cada cargo constituye cada una de las funciones del poder que la Constitución distribuye en los distintos niveles y órganos de gobierno. En las próximas elecciones se votará por el ejecutivo federal, ejecutivos locales, diputados federales y locales, senadores, y presidente municipales o alcaldes. Cada una de las personas que resulten electas tomarán decisiones a distintos niveles, desde las más inmediatas para un ciudadano de a pie, como la seguridad en su colonia, el alumbrado o la recogida de basura, hasta las más estratégicas, como el combate al narcotráfico, la política energética o las relaciones internacionales del país. O sea que el voto de cada individuo sí tiene una repercusión (directa o indirecta) en su entorno y desarrollo.

El voto es un instrumento de equilibrio del poder. Si la presidencia de la república está en manos de un partido, corresponde al ciudadano no entregarle todo el poder a ese partido en el Congreso de la Unión, en los Congresos locales, ni en las gobernaturas de los Estados. No se trata de una cuestión revanchista o de llevar la contraria, sino de asumir que cada ciudadano tiene la capacidad de distribuir los pesos y contrapesos entre los órganos del Estado.

Por último, vale la pena recordar que cuando se ejerce el derecho al voto, no solo se vota por una persona, la más simpática, la más carismática o la más elocuente al hablar. Cuando se vota por alguien, se vota (en principio) por los intereses que esa persona representa y enarbola. Si se vota por alguien es porque se comulga con sus propuestas, con su política social o su visión económica. En la medida en que se vota por una u otra opción, es la medida en que esos intereses tendrán peso en las decisiones del gobierno.

Imagen de archivo. Mujeres preparan
Imagen de archivo. Mujeres preparan urnas en un colegio electoral para las elecciones presidenciales, en San Bartolomé Quialana, en el estado de Oaxaca, México. 1 de julio de 2018. REUTERS / Jorge Luis Plata

No obstante lo anterior, cada persona puede decidir no votar. La Constitución reconoce que el voto es una obligación, pero se trata de una norma imperfecta cuyo incumplimiento no genera sanción alguna y se queda en un mero deber moral. No obstante también, un voto no ejercido equivale a una voluntad con valor cero; un ciudadano que no vota es una voluntad no tomada en cuenta en la construcción del Estado; y lo que es más, el que se abstiene de votar, cede su capacidad decisoria a otras personas. Mientras menos personas voten, más decisivo se vuelve el voto de los que sí lo hacen construyendo una voluntad colectiva de la que se es ajeno.

José Juan Anzures Gurría Profesor Investigador Universidad Panamericana, Doctor en Derecho por la Universidad de Navarra, Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

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