
En el último par de años, grupos criminales de los estados de Jalisco, Michoacán y Guanajuato han incrementado sus ataques con explosivos artesanales contra las Fuerzas Armadas, células rivales y población civil para infundir temor y mantener el control de los territorios.
Ante este contexto, la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) de Estados Unidos ofreció una capacitación a policías y miembros del Ejército Mexicano a la que tuvo acceso Milenio.
Para este entrenamiento, la ATF recrea minas y dispositivos detonantes reales con el objetivo de preparar a los oficiales y garantizar que sus investigaciones se realicen bajo los protocolos adecuados.
La información compartida por el reportero Ángel Hernández señala que para el más reciente curso —uno de los cuatro que se realizan cada año—, la agencia estadounidense replicó cuatro tipos de artefactos comunes en México, así como uno adicional que no se ha visto en las agresiones de los cárteles.

El primero fue una mina antipersonal, similar a la utilizada por el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) en junio para destrozar una camioneta del Ejército en Apatzingán, Michoacán.
El segundo artefacto que usó la ATF para instruir a los agentes fue uno principalmente utilizado en Guanajuato por el Cártel de Santa Rosa de Lima (CSRL). Se trata de una caja de herramientas con tornillos y otros objetos en su interior que funcionan como la metralla que sale disparada tras la explosión.
Otro tipo de explosivo usado en el entrenamiento fue uno que los cárteles mexicanos adoptaron de grupos terroristas centroamericanos. Consiste en un envase de plástico desechable —como un tubo de PVC— lleno de esquirlas de metal y envuelto en trozos de tela. Frecuentemente, estos objetos son detonados a distancia mediante la señal de un teléfono celular.

El cuarto escenario al que se enfrentaron los policías y castrenses mexicanos en el curso fue el uso de bombas lanzadas desde drones, una táctica que parece ser la preferida por grupos como la Familia Michoacana, el Cártel de Sinaloa o el CJNG en Jalisco y Michoacán.
Finalmente, para que los uniformados estuvieran preparados ante cualquier situación, se utilizó un dispositivo aún no registrado en México: una olla de presión con material explosivo en su interior.
Todos los objetos fueron usados en detonaciones contra vehículos proporcionados por el Gobierno de Yucatán. Después de cada simulación, los oficiales —adscritos a dependencias como la Secretaría de Marina y corporaciones de Quintana Roo, Tabasco, Michoacán y Durango— debían poner en práctica un protocolo para recabar evidencia y, de esta forma, crear una estrategia útil para hacerle frente a estas mortíferas tácticas del narco.
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