
Eran las 15:40 horas de un 24 de mayo de 1993 en Guadalajara, Jalisco cuando una ráfaga de disparos generó caos y pánico en el Aeropuerto Internacional Miguel Hidalgo y Costilla.
Aunque años previos la capital jalisciense había visto surgir a la organización criminal que fundaron Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, tras el asesinato del agente especial de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), Enrique “Kiki” Camarena, el declive del Cártel de Guadalajara dio pie a que, a poco más de 700 kilómetros al norte de Jalisco, en el estado de Sinaloa algunos antiguos trabajadores de Félix Gallardo comenzaron a formar su propia organización criminal: Joaquín “El Chapo” Guzmán y Héctor “El Güero” Palma.
Se presume que aquella tarde en Guadalajara no fue casualidad que al menos 14 casquillos provocaran la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en el estacionamiento del reconocido puerto aéreo y, aunque diversas versiones y especulaciones han surgido a lo largo de 30 años, aquella que ha sido más socialmente aceptada es la que apunta a una confusión que pistoleros del Cártel de los hermanos Arellano Félix tuvieron con el sacerdote, a quien acribillaron pensando que se trataba de El Chapo Guzmán.
El día que marcó la historia del narcotráfico en México

“Ahí es cuando el capo se convirtió en ‘El Chapo’ Guzmán. Ese es el momento que lo catapultó hacia la fama”, dijo en 2019 Alejandro Almazán, coautor del guion de la serie que narra la vida del cofundador del Cártel de Sinaloa en entrevista con Infobae México.
Y es que, la intención de Joaquín Guzmán Loera de abrirse su propio camino en el tráfico de drogas a Estados Unidos no fue del todo bien recibida por grupos criminales que ya tenían territorios bajo su dominio y que no estaban dispuestos a cederle al sinaloense el millonario negocio que apenas comenzaba a gestarse para convertirse en lo que es actualmente.
Una sangrienta guerra se desató y cobró la vida de miles de civiles, no obstante, fue el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo el que puso en la mira internacional a Joaquín Guzmán Loera y su naciente organización criminal.
Aquel 24 de mayo de 1993 el cardenal había acudido a una terminal aérea del Aeropuerto Internacional de Guadalajara para recoger al nuncio apostólico Gerónimo Prigione. El sacerdote esperaba pacientemente en un vehículo que, para su trágica fortuna, contaba con las mismas características del que supuestamente conducía El Chapo Guzmán.
Confundidos por el parecido entre los vehículos, pistoleros de hermanos Benjamín y Ramón Arellano Félix desataron una lluvia de balas directa, de la cual al menos 14 impactaron al cardenal provocándole una muerte inmediata.

En 1996 en el libro Una Historia Sencilla: la muerte accidental de un cardenal, el autor Fernando Manuel González relató que tras el ataque armado en contra del cardenal, los homicidas huyeron tranquilamente abordando un vuelo con destino a Tijuana.
La indignación y el dolor se hizo presente entre la población tapatía que vio morir al sacerdote, motivo por el cual se inició una investigación que contempló arrestos y una versión oficial del Gobierno de México que sostuvo que Juan Jesús Posadas Ocampo murió de manera accidental en un cruce de balas entre narcotraficantes, según expuso en 2002 Charles Bodwen en Down by the River: Drugs, Money, Murder, and Family.
En 1998 se integró un Grupo Interinstitucional conformado por personal de la Procuraduría General de la República (PGR), del Gobierno de Jalisco, del Episcopado Mexicano y el cardenal Juan Sandoval Iñiguez, la cual tuvo como objetivo darle seguimiento al caso del asesinato del cardenal. No obstante, no lograron llegar a una conclusión conjunta debido a que algunos sostuvieron la hipótesis de que el crimen se había tratado de un homicidio doloso, mientas que otros apuntaron a la confusión entre las bandas de narcotraficantes.
Del mismo modo, durante el juicio que Joaquín “El Chapo” Guzmán enfrentó en un tribunal de Nueva York se hizo alusión al asesinato del cardenal Posadas Ocampo como consecuencia de un conflicto entre El Chapo Guzmán y El Mayo Zambada contra los hermanos Arellano Félix por el control de Tijuana.
Pese a los esfuerzos realizados para esclarecer el crimen, a 30 años del amargo episodio la única protagonista de la historia ha sido la impunidad, al no existir ningún responsable procesado por la muerte del sacerdote.
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