Un estudio reveló cómo el hambre puede alterar la detección de olores en perros y aumentar las falsas alertas

Un ensayo mostró que, antes de recibir alimento, los animales confundieron más muestras similares con la mezcla química objetivo, aunque conservaron cerca del 90% de aciertos al reconocerla

El hocico de un perro negro frente a una boquilla metálica dorada y plateada de un dispositivo científico.
El hambre hizo que los animales confundieran con más frecuencia otros aromas con la mezcla objetivo de 4 olores químicos (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un experimento con seis perros de compañía concluyó que no desayunar aumentó las falsas alertas: los animales confundieron con mayor frecuencia otros aromas con el olor específico que debían detectar. Sin embargo, su capacidad para identificar el correcto no se redujo.

La investigación publicada en la revista Learning and Motivation fue desarrollada durante 32 semanas mediante una máquina automatizada de aromas que comparó el desempeño de cada animal antes y después de recibir alimento.

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Según el artículo divulgado en Earth.com, el hallazgo puede ser relevante para tareas de detección en las que un animal debe diferenciar una sustancia específica de otros compuestos similares.

El hambre elevó las falsas alertas

Vista interior y exterior de un equipo con frascos de olor, tubos de extracción, un colector central, un puerto de muestra y un interruptor
Un experimento con 6 perros de compañía concluyó que no desayunar aumentó las falsas alertas en tareas de detección de olores (Gentileza, estudio El efecto del desayuno revisitado: el rendimiento de los perros en la detección de olores antes y después de comer, publicado en Learning and Motivation)

Los animales fueron entrenados para reconocer una mezcla objetivo compuesta por cuatro olores químicos. Para marcar que habían detectado el aroma buscado, debían mantener el hocico en un puerto de muestreo durante un tiempo establecido. Si rechazaban una muestra, presionaban un interruptor cercano.

Las respuestas correctas frente al olor objetivo eran premiadas con comida entregada por un dispensador automático. Algunas mañanas los ejemplares recibían su desayuno habitual alrededor de las 9, mientras que en otras oportunidades la comida se retrasaba hasta después de la última sesión, cerca de las 11:50.

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En ambos escenarios, los participantes identificaron el aroma correcto en torno al 90% de los casos. La diferencia surgió cuando la mezcla presentada no correspondía al objetivo: antes de desayunar, los perros señalaron con mayor frecuencia que un olor incorrecto era el que buscaban.

Tim Edwards, profesor asociado de la Universidad de Waikato, explicó que “el hambre parece modificar la probabilidad de que un perro detecte la presencia de un olor específico, en lugar de simplemente mejorar o empeorar su capacidad olfativa”. Según el investigador, el efecto se relacionaría con la respuesta de los animales y no con una pérdida directa de percepción olfativa.

Los olores similares provocaron más confusiones

Un perro pastor alemán inspecciona recipientes metálicos alineados en el suelo de concreto de un gran hangar industrial.
La investigación publicada en Learning and Motivation comparó durante 32 semanas el desempeño de los perros antes y después de recibir alimento (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las mezclas no objetivo se diseñaron para parecerse cada vez más a la combinación de cuatro sustancias que los perros debían hallar. El equipo utilizó 46 posibles combinaciones erróneas en distintas etapas del ensayo, desde aquellas que no compartían componentes con el elemento buscado hasta otras que incluían varios de ellos.

Los individuos completaron las dos primeras etapas: 3 llegaron al siguiente nivel de dificultad y solo uno alcanzó la instancia en la que el olor incorrecto contenía 3 de los 4 componentes buscados. Por esa razón, las condiciones más complejas fueron evaluadas con una cantidad reducida de animales.

Edwards comparó el resultado con la búsqueda urgente de unas llaves: “Cualquier objeto metálico pequeño se parece a tus llaves”. En esa línea, sostuvo que, cuando una persona o un animal tiene una motivación alta para encontrar algo, puede inclinarse a interpretar como señal aquello que se parece al objetivo.

La hipótesis de los autores es que la comida adquiere mayor valor como recompensa cuando el perro tiene hambre. Esa motivación podría hacer que una gama más amplia de olores active la conducta que antes había recibido alimento, incluso si la muestra no coincide con la mezcla requerida.

Los resultados requieren pruebas en contextos reales

Perro de pelaje marrón y beige con el hocico pegado a un puerto circular de acero inoxidable en un panel de laboratorio.
Los perros identificaron el olor objetivo en torno al 90% de los casos tanto antes como después del desayuno (Imagen Ilustrativa Infobae)

Jade Fountain, investigadora que participó en el trabajo durante su etapa en la Universidad de Adelaida, advirtió que “para los perros de trabajo, una falsa alarma puede ser tan importante como un objetivo no detectado, sobre todo cuando se utilizan en situaciones en las que la gente depende de ellos para distinguir un olor de otro”.

Sin embargo, el ensayo no recomienda ofrecer grandes comidas inmediatamente antes de una tarea. El experimento implicó poca actividad física y el artículo recuerda que una comida abundante previa a un ejercicio intenso puede provocar molestias abdominales o vómitos.

“Nuestros resultados sugieren que las estrategias de alimentación podrían ser un factor a tener en cuenta al planificar trabajos de detección de olores, aunque necesitamos más investigación para comprender cómo se traducen estos hallazgos a entornos operativos”, afirmó Edwards.

Las limitaciones del estudio exigen más investigaciones

Hocico de un perro labrador junto a una boquilla metálica de muestreo y frascos de cristal con sustancias en un laboratorio.
El estudio sugiere que el hambre modifica la respuesta de los perros ante un olor específico y no su capacidad olfativa (Imagen Ilustrativa Infobae)

La muestra fue limitada y no incluyó perros profesionales de detección en servicio. Los animales tenían distintas razas, edades, dietas y reacciones ante las recompensas. Además, no se midieron la glucosa en sangre, las hormonas vinculadas con el hambre ni los umbrales básicos de detección de fragancias.

El programa tampoco fue completamente ciego desde el comienzo. A partir de la semana 19, el investigador principal dejó de conocer cuál era la condición de alimentación de cada día, una medida destinada a reducir posibles señales involuntarias.

“Comprender cómo factores como el hambre y la motivación afectan a sus decisiones podría ayudarnos a obtener el mejor rendimiento posible de los perros que trabajan en tareas de detección de olores”, declaró el Dr. Fountain.

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