
Tras el estreno y alfombra roja de la película Good Boy, el estudio IFC Films lanzó la petición a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas para que reconozca la actuación de Indy, el perro de raza nova scotia duck tolling retriever, o retriever de Nueva Escocia, que protagoniza esta cinta de terror.
Si bien las normas actuales de los Premios Oscar limitan las categorías de actuación a intérpretes humanos, detrás del carismático can existe una historia de dedicación, paciencia y vínculos familiares que fueron parte fundamental de su ejemplar desempeño frente a las cámaras.
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La historia de Indy comenzó como la de cualquier otro animal de compañía cuando Kari Fischer y Ben Leonberg, cineastas y pareja, lo adoptaron mientras residían en Nueva York sin el objetivo de que se convirtiera en una estrella a nivel mundial.
“Lo conseguimos de cachorro, y no con la intención de que fuera actor”, declaró Leonberg a The Dodo For Animal People, una plataforma con enfoque emocional hacia el cuidado y la defensa de los animales. “Ni siquiera había empezado a escribir la película… simplemente estaba destinado a ser nuestro amigo y familiar, y esa es su función principal”.
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Un proyecto íntimo, adaptado al protagonista
Pero ese vínculo se transformó en arte cuando la pareja comenzó a trabajar en lo que sería Good Boy, un largometraje de terror contado desde la perspectiva de un can. Así, ambos dedicaron más de 400 días durante tres años a filmar escenas a la altura del can, es decir, a unos 48 centímetros del suelo, adaptando toda la narrativa visual para mostrar el mundo tal como lo ve un ‘lomito’.
“Era un proyecto familiar realmente peculiar en el que nos embarcábamos”, explicó para The Dodo el director de ‘La esposa del pescador’ (The Fisherman’s Wife). Así, la cámara se convirtió en parte de la vida diaria de Indy: “Aprendió que ese dispositivo significaba que iba a hacer algo, igual que un perro que ve su correa y espera que salga a caminar”.
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Lejos de un set convencional, la filmación fue diseñada alrededor de las rutinas y necesidades de Indy. Si el animal no tenía energía o necesitaba una siesta, se detenía la producción. Incluso, según lo detallado por The Dodo, la mayoría de las escenas fueron filmadas solo con la pareja y su mascota, en un entorno íntimo y familiar.
“Creo que la razón por la que su actuación es tan especial es porque hicimos la película enteramente en torno a él, y esa no es la forma en que se hacen la mayoría de los metrajes”, añadió Leonberg.
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El inigualable vínculo emocional

A diferencia de otros cánidos actores que reciben un entrenamiento intensivo para aprender trucos complejos, Indy se destacó por su obediencia básica y su curiosidad natural.
“A algunos les sorprende saber que no sabe hacer un millón de trucos”, comentó Leonberg para The Dodo. “Sabe obediencia básica. Puede caminar con los talones. Se va a un sitio si le decimos que se suba. Puede sentarse, pararse, tumbarse y lo demás”.
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En realidad, la expresividad del perro en pantalla, que ha sido ampliamente elogiada por críticos de cine, no proviene de un adiestramiento dramático sino de recursos creativos del equipo detrás de cámara.
“En algunas de las partes más aterradoras de la película, somos nosotros los que estamos fuera del set, graznando o diciendo disparates”, dijo su propietario. “La magia del cine hace que parezca que está molesto, perplejo o asustado; el cine te da esa emoción. La realidad es mucho más absurda”.
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Además, la conexión emocional entre Indy y sus dueños fue fundamental para que su desempeño pareciera natural. “Confía plenamente en nosotros, y ese vínculo se refleja en la pantalla”, apuntó el director.
Una vez concluida la gira promocional de Good Boy, el canino regresará a su vida normal como cualquier otro perro de familia. “Le encanta hacer senderismo. Le encanta dormir la siesta”, compartió Leonberg para el medio citado. “Se vuelve un completo teleadicto cuando no está trabajando. Así que disfruta tanto de la aventura de una caminata como de explorar el bosque. Y luego, enseguida se derrite en una almohada cuando llega a casa”.
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Mientras tanto, Indy no parece preocupado por las estatuillas doradas. Su mayor recompensa, como siempre, será un paseo por la naturaleza, una plácida siesta… o simplemente una tarde con sus humanos.
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