
Un estudio publicado en la revista Current Biology, y difundido por la plataforma EurekAlert! de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), reveló un hallazgo sorprendente sobre la capacidad cognitiva de algunos perros.
De acuerdo con la información proporcionada, investigadores del Departamento de Etología de la Universidad Eötvös Loránd, en Hungría, descubrieron que algunos canes con un vocabulario amplio pueden extender etiquetas verbales, como los nombres de juguetes, a objetos nuevos no por su apariencia, sino por su función.
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En los humanos, este tipo de generalización, conocida como “extensión de etiquetas”, es una parte esencial del desarrollo temprano del lenguaje. Por ejemplo, un niño pequeño aprende que la palabra “cuchara” puede referirse tanto a una sopera como a una para té, pese a sus diferencias visuales, porque ambas se utilizan de manera similar.
Hasta el momento, esta capacidad solo se había observado en algunos animales entrenados intensamente en cautiverio para comprender el lenguaje, como simios y delfines, sin embargo, la investigación con perros dotados para el aprendizaje de palabras (sin el uso de entrenamiento formal, solo mediante juego cotidiano) demostró que esta habilidad cognitiva avanzada también puede surgir en condiciones naturales.
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“La sorpresa fue encontrar que estos perros no solo memorizan palabras, sino que comprenden su significado funcional”, señaló la Dra. Claudia Fugazza, autora principal del estudio, citada por EurekAlert!. “Nuestros resultados muestran que estos animales comprenden suficientemente bien las etiquetas como para aplicarlas a nuevos juguetes con diferente aspecto, reconociendo su propósito en el juego”, añadió.
¿En qué consistió el experimento?

El equipo húngaro llevó a cabo una prueba cuidadosamente diseñada con siete perros considerados “aprendices de palabras dotados”, es decir, seis border collies y un blue heeler, conocidos por su capacidad excepcional para aprender los nombres de decenas de juguetes simplemente a través del juego con sus familias humanas.
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Dicho experimento constó de cuatro fases, todas realizadas en el hogar de cada cánido, en un entorno natural y a través del juego.
- Fase de aprendizaje: Los perros aprendieron dos nuevas etiquetas, “tirar” y “traer”. Cada una correspondía no a un solo objeto, sino a un conjunto de juguetes físicamente distintos pero que compartían una función durante el juego. Por ejemplo, todos los juguetes etiquetados como “traer” eran utilizados para ser lanzados y recuperados.
- Evaluación formal: En esta etapa, se comprobó que los perros habían aprendido las etiquetas funcionales, seleccionando correctamente los juguetes asociados a “tirar” y “traer” cuando se les pedía.
- Fase de generalización: Los investigadores introdujeron juguetes completamente nuevos, visualmente diferentes a los anteriores. El dueño jugó con el perro usando esos objetos de las mismas dos maneras (“tirar” o “traer”) pero sin nombrarlos.
- Prueba final: Al evaluar si los perros podían identificar cuál de los nuevos juguetes correspondía a cada función cuando se les daba la orden, se comprobó que los animales fueron capaces de elegir el juguete correcto significativamente por encima del azar, lo que indica que habían comprendido la función y no solo memorizado palabras o formas.
“Nunca habían oído el nombre de estos juguetes nuevos, pero habían jugado a tirar o a buscar, así que el perro tenía que elegir qué juguete usar para cada juego”, dijo Fugazza, citada en la revista especializada Popular Science.
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Implicaciones para el entendimiento del lenguaje animal

Este estudio representa un avance notable en la investigación sobre cognición no humana, pues se trata de la primera evidencia científica de que perros sin entrenamiento especializado y en un entorno familiar tienen la capacidad de generalizar etiquetas verbales a categorías funcionales.
En palabras de la Dra. Fugazza, este hallazgo refleja un paralelismo funcional con el desarrollo natural del lenguaje en humanos, algo que hasta ahora solo se había observado tras años de entrenamiento en muy pocos animales.
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Además, el estudio publicado en Current Biology destacó la importancia de realizar investigaciones en contextos naturales. “Los perros con talento para el aprendizaje de palabras ofrecen una oportunidad única para estudiar este fenómeno, ya que aprenden rápidamente durante interacciones cotidianas con sus familias humanas”, señaló Fugazza.
No obstante, además de la comprensión del lenguaje en perros, esta investigación plantea nuevas preguntas sobre las bases evolutivas del lenguaje y la cognición, pues el hecho de que una especie no humana tenga el potencial de comprender y aplicar etiquetas verbales basadas en la función de los objetos sugiere que algunas habilidades lingüísticas pueden estar más desarrolladas entre los animales de lo que se pensaba.
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