
Los cuervos son aves sorprendentemente inteligentes, capaces de recordar rostros humanos durante años, revela un estudio realizado por John Marzluff, profesor de ciencias en la Universidad de Washington, quien descubrió que estos animales no solo pueden reconocer a las personas que consideran un peligro para su integridad, sino que también se alertan entre ellos sobre el peligro que representan.
Este comportamiento revela la complejidad de sus interacciones sociales y su capacidad para adaptarse a su entorno de manera asombrosa.
Este experimento comenzó en 2006, donde él y su equipo capturaron siete pájaros negros norteamericanos con una red mientras usaban una máscara de ogro. Según información del propio John, aunque las aves fueron liberadas poco después, el incidente las traumatizó, afectando también a los miembros de su grupo que lo presenciaron.
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Marzluff y su equipo usaron la careta en varias ocasiones y recorrieron
el campus de la universidad durante siete años para observar la duración del rencor de los cuervos. Durante la investigación, registraron cuántos de esos pájaros reaccionaron con graznidos agresivos, mejor conocidos como ‘regaños’.
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El número de aves agresivas aumentó con el paso del tiempo durante los siete años de estudio, donde aproximadamente la mitad de ellos comenzaron a atacar a quienes portaban la careta, demostrando su capacidad para reconocer y reaccionar ante la amenaza de manera persistente. Este comportamiento evidenció su impresionante memoria a largo plazo y su habilidad para transmitir el conocimiento de peligros pasados a otros miembros de su grupo.
¿Qué ocurrió en los años siguientes?

Christian Blum, científico cognitivo especializado en comportamiento animal de la Universidad de Viena, llevó a cabo un experimento similar con cuervos comunes de la familia de los córvidos. Entre 2011 y 2015, Blum y su equipo se colocaron una máscara y se acercaron a una pajarera llena de estas aves, llevando consigo un pájaro negro muerto.
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Posteriormente, cambiaron de careta por una de control y volvieron a acercarse a la zona pero sin el cuervo fallecido.
Los resultados de la investigación fueron sorprendentes, ya que las aves comunes reaccionaron de manera más agresiva hacia la máscara de ogro que hacia la de control. Este comportamiento se mantuvo a lo largo del experimento, incluso sin la presencia del pájaro muerto, lo que sugiere que el rencor de estas criaturas es duradero. “Si realmente los haces enojar, pueden guardar rencor durante mucho tiempo”, señaló Blum.
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Testimonios que han sido víctimas de ataques de los cuervos

Angela Crampton, especialista en medio ambiente del gobierno municipal de Vancouver, destaca que la abundante presencia de estas especies en la ciudad canadiense constituye un componente clave de su ecosistema.
Según Crampton, el mensaje principal de las autoridades locales es promover la “coexistencia” con estas aves. Por esta razón, no se retiran los nidos ni se podan los árboles para mitigar los ataques, ya que la presencia de los córvidos es vista como parte integral de la biodiversidad urbana.
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Ruben Jiménez, residente de Vancouver, compartió su experiencia en una entrevista para el The New York Times, tras sufrir varios ataques en su balcón. Cada vez que el muchacho plantaba albahaca, lavanda y salía a cuidar sus plantas, los cuervos lo atacaban.
“Se lanzaban sobre mí”, explicó . “Era tan grave que no podía dormir, siempre pensaba en ello”. Su esposa solía burlarse de él por sentirse amenazado por unos pájaros, destacando lo irónico de la situación dado su tamaño, con una estatura de 1,82 metros y un peso de 100 kilogramos.
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Jiménez probó diversas soluciones, desde colocar cinta reflectante en las ventanas hasta poner un búho de mentira en el balcón, cuya cabeza se movía con el viento, pero nada funcionó.
“Llamaba a mi padre mientras me atacaban, y le explicaba que en Canadá no se puede disparar a los pájaros negros, contó Jiménez para el The New York Times. “Él se reía y me decía: ‘¿Y si los cuervos entran volando en tu casa? ¿Tendrás que mudarte entonces?’”.
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Sin embargo, éste no ha sido el único testimonio de residentes canadienses que se han quejado por los ataques de estos pájaros. Hace una década, la locutora de radio, Jill Bennett, declaró haber sido atacada por un grupo de pájaros negros mientras paseaba a su perro sin haber hecho nada violento en su contra.
Cuando los ataques continuaron, comenzó a llevar croquetas y maní en su bolso, y les ofrecía golosinas durante sus caminatas. Con el tiempo, un par de cuervos empezaron a seguirla, casi como un séquito que la protegía.
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El verano pasado, un tercer córvido con un plumaje distintivo se lanzó en picada hacia Bennett, pero el grupo de aves que la seguía no tardó en defenderla, ahuyentando al intruso. Tras este episodio, la locutora llegó a la conclusión de que la forma más efectiva de lidiar con los ataques es, en realidad, sobornar a los cuervos.
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